Islas de calor (Malu Furche R.)

Islas de calor (2022)

Malu Furche R. (1988)

La Pollera

ISBN: 978-956-6087-57-1

137 páginas

 

Islas de calor es el primer volumen de relatos publicado por la escritora, guionista, directora audiovisual Malu Furche y no lo parece. Por el contrario, se trata de una obra madura, de alguien que se nota que, más allá de que se trata de una primera publicación, hace ya mucho rato viene puliendo una escritura, una manera de hacer literatura y de afrontar los relatos, de construir sus estructuras, así como de exponer sus temáticas, miedos y preocupaciones.

En Islas de calor nos enfrentamos a cuatro relatos que transcurren en una suerte de Chile posapocalíptico: la crisis climática ha llgado tan lejos que afecta a toda nuestra vida, impidiendo incluso salir a la calle durante las horas del día, enfrentándonos a temperaturas que fluctúan entre los 46 grados en el día y, cuando a veces refresca, desciende hasta casi los cuarenta grados Celsius en las noches.

“Lo que más preocupa a Pastora es lo que pasa en las calles. Sigue escuchando que hay cientos de edificios abandonados, que más personas dejaron sus hogares y vagan por ahí, que hay cientos de muertos y que su cuadra es una «isla de calor», zona crítica dentro de la gran catástrofe que habitan.” (página 38)

En ese contexto de abandono, en el que por cierto ya no parece haber un futuro viable, es que Malu Furche construye sus personajes desamparados, que como islas en la ciudad intentan hacer una vida más o menos normal, sabiendo que ni siquiera pueden salir de Santiago —donde la oleada de calor arrecia—, que los traslados ya están prohibidos, que no hay escapatoria posible. Y, sin embargo, en ese contexto también ocurre una vida pequeña, casi ridícula en su cotidianeidad, en la que se desenvuelven estos cuatro cuentos unidos por su escenario, tono y algo más, hasta el punto de parecer una novela conformada únicamente de personajes secundarios, o en el que la ciudad devastada por el calor se convierte en la protagonista.

En “Vivir así” nos encontramos con Pastora, una mujer grande, empleada puertas adentro de toda la vida, que ahora, bajo la catástrofe climática, sigue asistiendo a su jefa, en su ancianidad postrada, mientras en ella oscilan las ganas de ayudar en esa casa enorme a cuánta persona ve desamparada en la calle y mantener una retorcida fidelidad con su empleadora, a la que —ella misma lo sabe— ya ha traicionado.

Este primer relato, junto con “La Atacama (o los que no vuelven)” sirven muy bien para construir el contexto en que se desarrollarán estos cuentos, plagados de militares que se aprovechan de su pequeña cuota de poder, ahítos de una brutalidad de la que ni aun hoy resultan ajenos y donde Islas de calor tiende hilos con nuestra historia bajo dictadura, como si quisiera decirnos que la historia del país también es cíclica.

“Enciende la radio. Solo funciona la señal donde militares, políticos, científicos, curas y periodistas se turnan la transmisión. Hoy celebran que durante la noche las temperaturas descenderán sutilmente, aunque sutilmente signifique 42 grados. Llaman a ser cuidadosos y salir de casa solo si es necesario. «El toque de queda diurno se ha extendido una hora, hoy se inicia a las seis de la mañana (…)»” (página 92)

El volumen concluye con “La viuda y la virgen”, un relato que no pretende clausurar el libro sino que construye una visión tal vez miserable de cómo las personas continúan confiando en los milagros y cómo aquellos que pueden sacan provecho de la miseria y hambre ajenos, todo ello siempre bajo la mirada de la virgen del San Cristóbal, rodeada de un incendio que parece permanente y que es perfecto encuadre para esta ciudad abrasada.

Islas de calor es un conjunto inquietante, cuya temática —el fin de una forma de vida a causa de la catástrofe climática, mientras tantos persisten tozudamente en mantener su cotidianidad— resuena, lamentablemente, más como una posibilidad cierta de un futuro cercano y real que como una distopía. Y que, por demás, no parece ser una preocupación exclusiva de esta autora, sino una temática que empieza a resonar de maneras análogas, conversando con alguna otra obra también de reciente circulación como La oficina del agua de Simón Ergas (que además tuvo el rol de editor de Islas de calor).

Malu Furche es una escritora novel, pero en ningún caso Islas de calor es la obra de una autora primeriza. Habrá que tenerla muy en cuenta.

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