Medianera (Leandro Ávalos Blacha)

Medianera (2023)

Leandro Ávalos Blacha (1980)

La pollera

ISBN: 978-956-6087-98-4

98 páginas

 

Medianera es un conjunto de cuentos que ocurren todos en un mismo universo: en un momento distópico en el que el mundo que conocemos está tiranizado por una especie de empresa de telefonía o seguridad, todopoderosa, que regula casi todas las funciones públicas: desde los teléfonos, los planes de seguridad, pasando por lo que se transmite por televisión, y hasta cómo se ejecutan las penas de los delincuentes. Esta empresa, omnipresente en la vida de los personajes que transitan por estos cinco relatos, intermedia prácticamente todas las relaciones humanas que Leandro Ávalos Blacha pone en movimiento en esta Medianera.

En el primero de ellos, Fany, su protagonista, se enamora del delincuente que tiene preso en el patio trasero de su casa. Y no se trata de un secuestro, por el contrario: en el mundo regido por la empresa Phonemark, las personas pueden tener a presos en sus casas, encerrados en sus celdas, cumpliendo sus penas, obligándose a alimentarlos y a mantenerlos con vida a cambio de una remuneración que resulta tentadora y al parecer indispensable en este mundo utópico, en la vida aparentemente normal de barrios y suburbios. Fany se enamorará de él, y tendrá que pelear su amor con la esposa del reo, que un buen día llegará a instalarse a su casa.

En el segundo relato, Magda nos muestra cómo las cosas han sido llevadas bastante más lejos en el cuidado y mantenimiento de los presos domiciliarios de Phonemark. Ella, junto a su marido, tienen una lucrativa empresa de lucha. Los luchadores son, por un lado, el preso escogido de turno. y por otro lado, la bestia animal —una de ellas, o una jauría si se da el caso que así lo requiera el espectáculo— que haya sido entrenada para enfrentarse a un humano. Las pelas son a muerte. Phonemark no solo está al tanto, sino que además cuando estos eventos se vuelven masivos, interviene rápidamente: y los transmite por su señal televisiva.

“Al principio, el matrimonio se concentró en entrenar perros, pronto entablaron contacto con personas que criaban otras especies. Fue el gran acierto de Magda. El público aumentó a medida que en las celdas se enfrentaban los humanos con felinos salvajes y yacarés. Debieron conseguir un recinto de mayor tamaño. Los apostadores descubieron un nuevo nicho en el que saciar su vicio” página 24)

En los siguientes relatos, todos en el mundo distópico ya mencionado, vemos a un científico que jibariza cabezas y trata con humanos mordidos por murciélagos, víctimas de una enfermedad que los convierte en algo muy similar a un zombie; a una niña pequeña que pierde a su muñeca en un terreno baldío que luego de ser “higienizado” por Phonemark adquiere características fantásticas que harán del lugar un disfrute horripilante de los vecinos del barrio; y veremos, finalmente, a una familia obligada a desplazarse de hogar, escondidos, por no ser capaces de pagar la suscripción mensual a Phonemark, viviendo de allegados donde la abuela del protagonista, barrio donde llegarán presos famosos, que alterarán la vida completa del barrio.

Y es que justamente en esto radica la mayor virtud de estos cuentos: en la extrañeza que producen estos relatos, en el ligero desacomodo de la realidad conocida, en lo ominoso —aunando lo extraño con lo familiar—, incluyendo a esta empresa omnipresente, que hace parecer a estos relatos como algo bastante posible en una realidad no tan lejana, donde la principal transgresión no es tanto el choque moral que produce el statu quo fijado sino que en la pérdida absoluta de aquella distancia existente entre lo privado y lo público, lo íntimo como oposición a aquello que puede ser comerciado y puesto a disposición de todos, por mero sentido del espectáculo, incluso la vida.

«Lidia había escuchado sobre la pulverización que hacía Phonemark en los terrenos donde se daba de baja un plano. Nunca había presenciado una. Si se trataba de baldíos le parecía lo mejor, hasta se libraban de los vagos que se instalaban sin permiso. Pero con las casa de familia debía ser distinto. Ella misma tenía dificultades económicas para mantener su celular activo y cumplir con el consuymo reglamentario. “¿Puedo rezar por Clarita, abuela?”» (página 56)

Medianera es un libro que hermana bastante bien con otro de una autora de argentina que es Cadáver exquisito de Agustina Bazterrica (que se sitúa también en un espacio distópico en que buena parte del mundo ingiere carne humana, donde lo “caníbal” ha sido naturalizado y organizado eficientemente). En ambos relatos se ha corrido el límite de lo humano, se ha dejado de dar por hecho que ciertos mínimos civilizatorios sean propios de nuestra naturaleza, empresas han conseguido organizar el mundo de una manera diversa a la que nos parecería correcto y, finalmente, no hay reproche moral posible, puesto que no parece haber un “afuera” del mundo del libro.

Medianera es un conjunto de relatos escritos con agilidad, entretenidos, efectivos, en los que prima el ritmo del relato. Como antología transmite la sensación de haber sido construido a la manera de las series distópicas de los servicios actuales de streaming, con capítulos autoconclusivos que comparten un mundo común entre sí, muy al estilo Black Mirror, en  los que se privilegia la acción y la construcción del mundo por sobre la construcción de los personajes, puesto que lo importante es producir la sensación de extrañamiento en ese espejo-otro en el que nos miramos a nosotros mismos, más que las posibilidades de desarrollo de esos personajes que, de todas maneras, no continuarán al siguiente capítulo o, en este caso, cuento.

 

G. Soto A.

Cofundador y administrador de Loqueleímos.com. Autor de "Liquidar al adversario" (2019, Libros de Mentira).

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