Debimos ser felices (Rafaela Lahore)

Debimos ser felices (2020)

Rafaela Lahore (1985)

Editorial Montacerdos

ISBN: 978 – 956 – 9398 – 42 – 1

154 páginas

 

Por: Sandra Rojas

Debimos ser felices, la primera novela de la periodista uruguaya Rafaela Lahore, es un libro azul cielo. No solo por su portada, que transita por distintas tonalidades de celeste, sino también por su contenido: el río que se observa desde la rambla en Montevideo, el océano desde un avión a Grecia, el cielo que se ensancha en la pieza de un puzzle, las nubes como algodones sucios, y la melancolía que trasciende a cada uno de sus personajes.

Publicada por Editorial Montacerdos, —y ganadora del premio Mejor Novela Inédita otorgado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en 2019—Debimos ser felices es un álbum de fotos, una historia que se arma con fragmentos anacrónicos, colmados de colores, texturas y aromas. Lahore utiliza las sensaciones para contar la historia de una familia a través de sus mujeres: la abuela, la madre y la hija desordenan un árbol genealógico que parte con una nota de suicidio; un mensaje encontrado al azar y garabateado casi por inercia, como si se tratara de un poema perdido que reaparece para recordar que siempre ha estado allí, punzante.

Con una prosa sutil que recorre Uruguay, Chile y a ratos limita con Brasil y vuela hasta Grecia, Lahore utiliza la autoficción para contar una historia familiar que puede ser la suya, pero también la de cualquier lector: recuerdos de la niñez, paseos al campo, a la playa, la separación de los padres, la enfermedad de una madre, un abuelo dominante, y los hijos no reconocidos o, mejor dicho, los hermanos o tíos que nunca se llegan a conocer. Experiencias que, más que destacar por su excepcionalidad, lo hacen por su simpleza, que representa a la vida misma, con sus altos y bajos.

La muerte marca gran parte del relato: un caballo que se desangra, un bienteveo derribado por un disparo, la pérdida de los tíos y los abuelos. Sin embargo, para sus personajes, la muerte no es una tragedia limitante, sino un paso más: “saben que cuando cada cosa vuelva a su lugar, empezará para ellas una vida peor y nueva” (pág. 107). Pese a esas sombras, no se trata de una novela oscura; al contrario, abundan las escenas luminosas, la naturaleza y los rayos de sol que se cuelan por ventanales y celosías.

La narración de Lahore también se construye como el retrato de una madre, el recuerdo de sus peores y mejores momentos, desde sus gestos, hasta la forma de sentarse, de preparar dulces y postres, de dormir, de leer, de mirar televisión, de comprar antigüedades en la feria de Tristán Narvaja o de compartir un viaje a la tierra de Príamo y de Tánatos. De esa manera, Debimos ser felices puede leerse como un llamado a empatizar con nuestras madres y abuelas; a comprender sus contextos para acercarnos con generosidad y sin rencores: aprender a perdonar. De paso, Lahore también logra incentivar las ganas de averiguar sobre nuestra propia historia familiar. O de arrepentirse si ya es muy tarde para eso.

El título, una frase mencionada por uno de los personajes de forma casi instintiva, representa esa sensación de arrepentimiento por no haber disfrutado lo suficiente, por haber envejecido entre negatividades o fantasías de suicidio, con la constante sospecha de que las cosas pudieron haber sido mejores, quizás al tomar otras decisiones o actitudes. Y que, en definitiva, pudimos —debimos— ser felices.

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