El compadre (Carlos Droguett)

Carlos Droguett (1912-1996)

El compadre (2018)

La Pollera Ediciones

192 páginas

ISBN 978-956-9203-77-0

 

Publicada originalmente en 1967 por la editorial mexicana Joaquín Mortiz, El compadre está dentro de las novelas más importantes de Carlos Droguett, a la que pareciera no se la ha puesto tanta atención como a Patas de perro (1965) o Eloy (1960). Centrada en la vida del albañil Ramón Neira y sus vicisitudes con el trago, nos embarcamos al recorrido de la vida obrera en los tiempos de Pedro Aguirre Cerca, con todos los condimentos y aliños de una novela del Premio Nacional chileno.

Viaje por los infiernos del alcohol, al igual que el excónsul Geoffrey Firmin de Malcolm Lowry, Ramón signa de tragedia su adultez culpa del vicio irrefrenable hacia el vino y una sociedad violenta que lo empuja a esta para soportar las extenuantes jornadas de trabajo. Tremendamente apegado a su madre, enamorado de Yolanda, con quien tiene un hijo, el narrador de El compadre escapa a la realidad a través del emborrachamiento, encaramado en lo más alto del andamio en el cual trabaja. Su discurso torrencial, intempestivo, va de una preocupación a otra, cuestionándose el orden social, desesperanzado de encontrar salida a su desdicha, reflexionando sobre Dios, Jesús, María Magdalena y las historias de la biblia que parecen ser su gran fuente de cuestionamientos.

Es la religión y el relato del Jesús carpintero, obrador de milagros en el que el vino es uno de sus protagonistas, lo que el narrador de El compadre utiliza como especie de contrapunto para esta historia: el hijo de Dios condenado al celibato y la austeridad, santo, pero que humano, es capaz de caer en la tentación del placer. Y Ramón intenta justificarse y aferrarse a él, a ellos, prometiéndose dejar el trago cual manda, o acusando su condición de hombre vencido y dominado por el vicio. Intentando apoyarse en la fe y también presionado por su madre, decide bautizar a su hijo, creyendo que a través de esa gracia se rompa algo del sino fatal que lo persigue y libre al menos al primogénito.

El alcoholismo de Ramón es condenatorio, determinista: lo posee como el diablo al hombre débil, lo impulsa a la mezquindad, la violencia y los excesos. Es un vicio triste, que degrada y reduce su alma proletaria. Esta idea recuerda al cortometraje de Héctor Ríos, Entre ponerle y no ponerle (1971), donde, a partir del relato de un exalcohólico, se retrata parte del dolor y sufrimiento con el que carga no solo el borracho, sino que también su familia. Una tara que le impide a la clase obrera tomar conciencia de su situación. El documental está situado en la época de la Unidad Popular y en su producción participó otro de los escritores que tiene como centro a personajes alcohólicos, Alfonso Alcalde. Sin embargo, los borrachos de Alcalde se distinguen por su sorna, su absurdo, su comicidad, su inventiva. No están libres de la tragedia, pero se ríen grotescamente de esta, de la sociedad, de sus aspiraciones.

En El compadre la derrota de Ramón tiene múltiples dimensiones: la política se centra en la muerte de Pedro Aguirre Cerca, el primer presidente que el protagonista asume como cercano a las clases bajas, impulsor de un programa y una mirada pro trabajadores. La derrota familiar y amorosa que es la pérdida del padre y la separación con Yolanda. El único sostén que afirma a medias el edificio en ruinas que es Ramón es su madre, “la mama”, la persona con quien vive y cuida de su hijo Pedro. La otra es su derrota laboral, la caída que sufre en el andamio, la que provoca un efecto inesperado en Yolanda: “La mirada y los movimientos de la Yola eran de disgusto, de asco, de aburrimiento, de cansancio. Cuándo te caes, cuándo te caes por último del andamio, los andamios son siempre endebles y mal ensamblados y el desgraciado que se cae de él no sólo le ocurre eso, enseguida descienden, para taparlo y borrarlo, los escombros. Una se casa siempre para enviudar, todo hombre debe comprenderlo, si quieres que tu mujer no se aburra, tienes que cumplir lo pactado, tú que te mueres accidentado y ella llora, ese es el pacto y hay que cumplirlo si eres hombre o si lo fuiste” (pág. 114).

Novela sobre la tragedia de un trabajador, de una clase y de una familia. Contundente muestra de vitalidad, de escritura, pese al drama con que carga, El compadre es otra de las novelas de Droguett a las que hay que prenderle velas y rezarle: son un milagro de la narrativa chilena.

 

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