Mauro Gatica Salamanca “La comarca pone muchísimo énfasis en los testimonios, en esas voces, en esa humanidad, en esa pluralidad de lecturas”

 

Autor de más de cinco títulos, todos de poesía. Mauro Gatica Salamanca (San Marco de Arica, 1974), ahora se dedica a publicar y difundir la obra de poetas chilenos en Bolivia con la editorial Electrodependiente, que codirige hace cuatro años junto a la narradora boliviana Patricia Requiz Castro. Este último año publicó La comarca: ensayo sobre el desarraigo (Editorial Aparte), un libro que lleva escribiendo muchos años y terminó convirtiéndose en un híbrido que reúne documento, testimonios, y fragmentos de voces que hacen de coro o polifonía que habla y retrata la violencia que Chile ha ejercido históricamente contra las minorías y los que considera extranjeros en una tierra robada en la trifrontera.

Hablamos con él sobre su último libro, escribir contra Chile y su proyecto editorial.

 

La comarca está dividido en tres segmentos. Todos reflejan una violencia brutal hacia los esclavos, los peruanos, bolivianos y no-chilenos situada en la trifrontera del norte del país. ¿Cómo fue el proceso de escritura de La comarca?

La comarca: ensayo sobre el desarraigo no nació como una idea predefinida de libro. De eso se encargó el tiempo y sus circunstancias. Fui recopilando un sinfín de materiales y texturas que se me aparecieron a medida que me internaba en el proyecto. Documentos, audios, entrevistas, noticias, reportajes, memorándum, fojas judiciales, libros de historia, artículos académicos, periódicos de época, etc. El aspecto histórico que adquirió el libro se fue definiendo de a poco. En un principio estaba más inclinado a hablar de la actualidad. Pero poco a poco fue deviniendo lo histórico. El proyecto tiene una primera publicación el 2015 (Fugitiva cartonera). Esa edición incluía imágenes, mapas, documentos, narraciones, dibujos, citas, etc. La investigación tuvo mucho de detective privado y poco de académico. Apelé a la memoria emotiva, a mi experiencia con la problemática del racismo, del nacionalismo enfermizo, de la xenofobia, del narcotráfico, de la violencia estatal, del abandono que se vivía. En definitiva, pienso que este libro es un libro colectivo, un libro que está escrito por muchas voces, la mayoría muertas. El libro pone muchísimo énfasis en los testimonios, en esas voces, en esa humanidad, en esa pluralidad de lecturas, la mayoría surgidas desde el prisma de la derrota, desde el ángulo de lo que no se ve.

 – Ir contra la historia oficial a partir de muchas voces. La comarca pareciera decir que la verdad oficial está llena de agujeros donde se filtran testimonios y documentos que registraron la barbarie. ¿Por qué elegir un coro de voces y archivos?

Me gusta la idea del escritor como un dj. En La Comarca hubo una necesidad dictada por el texto mismo, por su naturaleza, digamos, de pluralidad discursiva y textual. Por otra parte, la empresa de hablar por los muertos no es una tarea que me adjudicaría, por eso me pareció más honesto ser un vehículo para estas voces. Estoy presente en cada uno de esos textos, pero no soy yo el que habla. ¿Cómo hablar de este lugar y su historia? De la única forma posible: apelando a los escombros. Una ciudad habitada por la catástrofe, sin vestigio alguno de su edad primera más que los restos de una historia desperdigados en libros que nadie lee, en el recuerdo de gente muerta, en restos óseos de más de cinco mil años aplastados por los cimientos de los nuevos edificios. Estos escombros son la única evidencia de lo que —en apariencia— no existe.

– Por ahí le leí a un poeta calificar La comarca como un panfleto contra Chile y lo relacionó con el plebiscito del Apruebo. No obstante, se ve con malos ojos hablar de “panfleto” en la poesía. ¿Qué te parece esa lectura de La comarca? ¿Por qué escribir contra Chile?

Ya mencioné que este libro lo comencé a trabajar el 2010, con una primera edición el 2015. Es un libro claramente político. Un libro situado que habla de una geografía asolada por todas estas identidades que la han constituido a lo largo de sus más de 400 años de historia. Pienso que leer La Comarca como un libro que habla exclusivamente de Chile es, a mi juicio, una mirada reduccionista. Respecto a por qué escribir contra Chile, yo me pregunto ¿Por qué no hacerlo?

 –  Las últimas imágenes del libro son explícitamente de asco hacia la política nacional de la represión y la exclusión hacia el otro. ¿Cómo sitúas aquella problemática en la actualidad chilena?

Ya comentaba que este libro es un libro viejo. Yo llevo cinco años viviendo fuera del país, es evidente que las cosas no han mejorado ni un centímetro. Chile es el paraíso de la exclusión, la desigualdad y la injusticia. Si me preguntas, este libro le calza como ese zapato de cristal a la Cenicienta, pero este sería un zapato hostil, una bota de milico perversamente manchado con la sangre de su gente.

– Has publicado más de siete títulos a la fecha. ¿Cuál es la diferencia de tus publicaciones anteriores con La comarca? ¿Crees que hay un diálogo o una línea de continuidad?

Si bien siempre estoy huyendo lo más que puedo de los lugares de confort a la hora de enfrentar un proceso de escritura, creo que hay una línea comunicante plausible entre todos mis proyectos publicados. Comencé con un libro de poesía concreta: Shhh… (Ed. Cinosargo, 2010). Un libro que reflexiona, —al menos eso pienso— sobre la incomunicación. Algo que continúo indagando en Escupe (Ed. Korekhenke, 2013), pero esta vez desde los vestigios de la red, en una suerte de itinerario grotesco de personajes insertos en hechos de sangre y violencia sexual, víctimas y victimarios de esta forma de comunicación de la que formamos parte. Ese es un tema que creo atraviesa estos libros, ella y todas sus implicaciones en la vida cotidiana, materializadas cada una de ellas —simbólicamente— a través de la violencia. Family values (La Liga de la Justicia Ediciones, 2011) por ejemplo, se sumerge en el tema de la violencia intrafamiliar, en su desenfreno total, en donde la violencia física y sexual se presentan como lenguaje.  Y mi impresión es que en La Comarca están presentes todos estos elementos.

 – Por último, cuéntanos del proyecto editorial Electrodependiente.

Electrodependiente es un proyecto editorial que formamos junto a mi compañera, la narradora boliviana Patricia Requiz Castro hace ya cuatro años, con el fin único de promover voces del panorama latinoamericano en Bolivia. Hasta la fecha llevamos publicados 40 títulos en los géneros de Narrativa, poesía y traducción, con autores de México, Ecuador, Colombia, Argentina, Perú, Bolivia y Chile. Este proyecto nos ha permitido generar una suerte de diálogo entre los lectores y el trabajo de muchos autores chilenos que forman parte de nuestro catálogo. Autores como Gladys González, Markos Quisbert, Jaime Pinos, Fanny Campos, Rodrigo Ramos Bañados, Tamyn Maulen, Conny Tapia Monrroy, Rolo Martínez, Camilo Brodsky y Pablo Lacroix, entre otros.  Operamos desde Cochabamba, en donde tenemos nuestra librería desde enero de este año, espacio que funciona como centro de operaciones, aunque solemos intervenir espacios como ferias de verduras o la cuneta misma si es preciso. 

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