La viga maestra: Conversaciones con poetas chilenos 1973 – 1989 (José Tomás Labarthe y Cristian Rau)

poesía antología UDP EdicionesLa viga maestra (2019)

José Tomás Labarthe (1984) y Cristian Rau (1982)

Ediciones UDP

ISBN 978-956-314-455-0

227 páginas

Es interesante revisar la cantidad de libros de entrevistas que se han editado durante los últimos años a partir de poetas de los ochenta. De forma individual varias editoriales han rescatado registros de conversaciones con los autores más célebres de aquella generación: Zurita, Bertoni, Maquieira, Cociña, Elvira Hernández, aunque estos últimos como sección final en las antologías respectivas que publicó Alquimia hace un par de años.

 

La viga maestra llega como una especie de antología que recopila las voces de los poetas más reconocidos de esta generación. Un registro similar había sido realizado de forma audiovisual por un equipo en Concepción encabezado por Juan Herrera, en una serie de cortos documentales llamado Poetas al cierre, que se puede encontrar en YouTube, cuya intención era abrir el diálogo sobre el panorama de la poesía de los 80 y las condiciones de producción postdictadura. Algo interesante que rescatar de este ciclo de cortos, donde aparece la mayoría de los poetas entrevistados en el libro compilado por José Tomás Labarthe y Cristian Rau, es la certeza que antes del Golpe la relación entre las generaciones de creadores era más fraterna y cercana. Yanko González en una parte sitúa a la generación de los 80 hasta el 93, 94, entre “El boinazo” y “Los ejercicios de enlace”.

Lo cierto es que La viga maestra, metáfora que resume gran parte de la poesía chilena de esa época, refiere al sostén que ayuda a los sujetos a mantenerse, a resistir, pese a la debacle que los circunda. El libro pretende aliviar la asfixia a la que hacen alusión los autores en el breve prólogo, la dificultad para establecer diálogo y conexiones, para la colectividad necesaria para la labor creativa. Cada poeta entrevistada, cada persona detrás del seudónimo o de la publicación logró, pese al estado de excepción, construir puentes a partir de la poesía, intentar dar con alguna luz que iluminase parte de la extensa noche en la que el país estaba sumido.

La serie comienza con Diego Maquieira, poeta que con apenas dos libros logró un sitial importante dentro de la generación. Retirado de la llamada escena, viviendo ermitañamente (rasgo que comparte con Bertoni), llega a conclusiones que son dignas de un monje penitente, sumido en la reflexión sobre la vida y el arte, en parte consciente de lo que fue publicar en un periodo crítico. Cecilia Vicuña, por otro lado, sorprende por la lucidez y precocidad creativa. Con un discurso activista, explica cómo su labor fue coherente con su discurso político desde un comienzo. Poco leída y comentada en Chile, la obra de Vicuña se materializó principalmente en el extranjero. La invisibilización es una constante que sufren la mayoría de las autoras de la época, algo que también tratan en sus entrevistas.

Raúl Zurita y Bruno Vidal marcan otra nota en la antología. Son los que se interpelan de forma más violenta, desafiándose y cuestionando sus respectivos trabajos. El primero, casi un rockstar, referente ineludible y con un cerro de bibliografía tanto en Chile como en el extranjero. El otro, más problemático y under, tratando de contraponer visiones, explicar la otra parte de la historia, aunque parezca ignominioso.

Sorprende enormemente no solo en estos poetas sino en la totalidad de los entrevistados la radicalidad, la entrega, desparpajo y sinceridad no solo en su obra, sino en la forma de pararse frente a esta como enfrentando el mundo, dando a entender que una situación como tal requería una respuesta igual de radical. La clandestinidad y lucha aparecen con Carmen Berenguer, Elvira Hernández, Mauricio Redolés, Pepe Cuevas. Carmen y Elvira, rompiendo estereotipos, poniendo el cuerpo, construyendo una obra potente que se ha mantenido vigente. Los otros dos, con historias similares, más vinculados al clamor popular, a la lengua de la tribu, al exilio externo e interno.

Soledad Fariña y Rosabetty Muñoz refrescan enormemente el panorama, otorgando otros matices indispensables. La primera con dos publicaciones que le cambian el tono oscuro a la poesía de la época; Rosabetty, por su parte, aparece en el mapa con una doble sombra: mujer y de provincia. El imaginario sureño, la provincia, la labor docente y la comunidad logran enriquecer las voces concentradas geográficamente en Santiago. Gonzalo Muñoz cierra, desde un lejano México, en una conversación vía mail, dando cuenta de visión del arte, la poesía de los 80 y las razones de su posterior silencio.

Bien podría hacerse un libro de experiencias, procedimientos y pareceres de época de todos y cada uno de las y los poetas presentes. Cada uno posee una obra robusta, la mayoría ya cuentan con antologías y siguen publicando con regularidad, manteniendo la vigencia y vigorosidad de una vida de poetas. Evitando la simplificación, encontrando el tono de diálogo para cada autor para que exprese de mejor forma sus inquietudes, La viga maestra: conversaciones con poetas chilenos 1973 – 1989, sin duda, es una gran muestra de la vida, obra y pensamiento de autores fundamentales.

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