ROLANDO MARTÍNEZ: “Buscamos contribuir a la conformación de un panorama poético que incluya voces de regiones”

Profesor de educación Básica y coordinador del programa Tránsito de escritores de la ciudad de Arica. El poeta Rolando Martínez (1979) comenzó a publicar hace cinco años y desde ahí no ha parado: primero Yeguas del Kilimanjaro (La Liga de la Justicia, 2015), reeditado el 2017 por Pez Espiral, misma editorial que en 2018 publicó su Cuaderno de croquis, ambos libros caracterizados por un diseño que dialoga con la temática de sus poemas. En 2017 apareció Ciudad bárbara (Das Kapital), y este año vio la luz Teoría del ojo (Alquimia), título con el cual ganó los Juegos Poéticos Florales de Viña del Mar; poema de diversos registros que cruza la obsesión por las palomas y una larga lista de efemérides que comienza con la Primera Guerra Mundial. Fundador de Editorial Aparte, sello con residencia en la ciudad trifronteriza. Desde allá Martínez y el equipo editorial levanta libros, diálogos y propuestas que la convierten en una de los proyectos más prolíficos y diversos en el panorama literario chileno.

De la pandemia, de la colombofilia, de duelo y de Editorial Aparte hablamos con él en esta entrevista.

 

– ¿Cuál es la rutina de Rolando Martínez?, ¿qué peso tiene en ella la escritura?

Escribir en mi caso es una actividad que hago con relativa frecuencia. Quizás años atrás podría haberte dicho que escribía todos los días, que llevaba dos o tres proyectos simultáneamente, sin embargo, hoy aprendí a conservar mucho más tiempo en mi cabeza la idea de un texto. Me gusta ejercitar el acto de la escritura. Prefiero leer, deambular en torno a lo que quiero decir. Ver películas, conversar con amigos. Una vez, hace muchos años atrás, durante el tiempo en que viví en Valdivia, escuché decir al poeta Omar Lara que, la última etapa de un poema justamente era su escritura. Hoy más que nunca me aferro a esas palabras. He perdido el hábito de la escritura espontánea, de abrir el Word y esbozar, dibujar algo. Si bien no he dejado de escribir, reemplacé lo que se podría simbolizar una rutina diaria, por la posibilidad de engordar ese deseo previo al acto mismo de escribir. Escribir me parece una actividad escencial en mi vida aunque admito que el formato o la manera de llevarlo a cabo ha cambiado sustancialmente. Siento que no tengo ya ninguna prisa, y que antes escribía pensando en publicar, dejando de lado lo verdaderamente valioso, que es, necesariamente, disfrutar el proceso en que un libro se construye.

– Estamos sumidos en una pandemia mundial con consecuencias todavía incalculables. ¿Cómo te sientes frente a esta contingencia? ¿Qué lugar le das al libro y a la literatura en este contexto de reclusión?

Intento ser responsable. Trato de no salir, de no sentirme un eslabón en la cadena de contagios. Menos en Arica, que está casi en la cumbre de casos activos. Por otro lado, he buscado llevar una vida sin apremios. Estar más tiempo con mis hijas. Aprovechar el tiempo libre para indagar en el tema de las ciencias, que desde hace un tiempo había despertado harto interés en mi. Hoy veo a mucha gente desafiándose a usar el confinamiento para aprender cosas, tomar cursos, retomar proyectos, y por otro lado, a muchos otros que se han propuesto leer pendientes. Creo que la gente que lee constantemente sigue haciéndolo. Valorando la posiblidad de ponerse al día con la lectura y contribuir a que su lista de espera se acorte. Pero por otro lado tampoco creo que sea el momento del libro. Lo que pasa es que la situación dejó al descubierto la enorme necesidad de lectura que siempre ha existido, opacada por ciertas políticas en torno a la industria y la pobreza en la calidad de vida. La actualidad no hizo sino enarbolar la idea del libro como un bien más que necesario. Además la gente que lee siempre lo ha hecho, y probablemente lo seguirá haciendo en cualquier otro escenario. Pero si te fijas, quienes suelen jugar en línea, hoy también están dedicándole más horas a eso. Lo mismo quienes cocinan. Tampoco es una época de oro para el desarrollo del ocio. Mucha gente está pasando momentos terribles, los que no solo se materializan, por ejemplo, en el desempleo, sino en el nivel de ansiedad que significa estar encerrado. Entonces el panorama del libro sigue siendo complejo. Comprar un libro desde Arica, ponte tú, es caro. En realidad comprar cualquier cosa desde acá lo es. En mi caso se percibe la misma distancia. Lo que sí me parece maravilloso es el despertar del uso de las redes y las plataformas para acceder al conocimiento, o a un panorama literario actual, muy difícil de seguir desde estos lares. El aflorar de la tecnología para que se validen las audiencias que asisten a un lanzamiento de manera remota. Eso me parece le hizo un beneficio a la oferta cultural, porque la descentralizó. Tecnología que por cierto desde hace mucho tiempo venía transitando a un costado de nosotros y nosotras, y que ojalá luego del Coronavirus siga usándose.

Los chilenos somos malos pa la cama, dice uno de los versos famosos de Maquiera. Yeguas del Kilimanjaro, tu primer libro, se puede leer como un homenaje a las actrices que sucumbieron en una industria trágica. Por otro lado, también devela un contexto represivo, el de los 80’, donde el sexo era un tema tabú y nunca, nada y poco se hablaba de placer. ¿Seguimos siendo una cultura cartucha, moralista y poco dada al placer sexual?

Como autor te puedo decir que ese libro para mí es un concilio justamente con la forma de mirar el pasado. Desde luego una de las lecturas más frecuentes que se le atribuye es la nostalgia. El libro nace en el momento en que descubrí un videoclub, en un centro comercial ariqueño, de nombre “Kilimanjaro”. Revisando las carátulas llegué a un espacio dedicado a las peliculas pornográficas, que entonces, a finales de los noventa, recién comenzaban a llegar a estos lugares. Probablemente mi interés nace, en un primer momento, de la curiosidad adolescente. Habían ciertas energías que despertaban de la estética. Desde luego en esos años se hablaba muy poco de sexo. La televisión era regida por un filtro que no daba pie a la expresividad del cuerpo. Recuerdo lo mediático que fue en Chile el show de Madonna en Argentina. Desde acá se miraba de manera escandalizada. Recelosa tal vez por la cercanía con nuestro país. Creo que ese mismo ojo decidor, sigue de alguna manera vigilándonos, rigiéndonos. Estamos circundados por una especie de moralina añeja. En blanco y negro y en cierta medida obsoleta. Por supuesto, cada vez más inofensiva porque el mundo despertó. Ahora si tengo que hablar del espacio en el que me muevo, que es la educación pública y desde donde quisiera opinar, te diría que hay mucho interés por aproximarse al tema de lo sexual, pero sin impostaciones. Los estudiantes en clases se atreven a opinar y hay profesores que validan esa necesidad. Esto demuestra que quizás no somos tan cartuchos. Tal vez lo que nos oprime es el remanente de las décadas pasadas. Ahora bien, esa espontaneidad con la que se relacionan las nuevas generaciones es bastante esperanzadora. Y no me refiero a la notoria exhibición en redes sociales, que es una especie de cátedra del narcisismo y un claro ejemplo de la dependencia a la mirada del otro, donde la propia vida termina volviéndose un espectáculo, ni a la irrupción de géneros musicales que están explícitamente asociados con el tema de la sexualidad, sino que a la posibilidad de romper los arquetipos, a la forma de relacionarse, a los temas que están cayendo y los espacios que se abren para la diversidad sexual, que me parece mucho más potente como idea fuerza que el verso de Maqueira, poeta que me gusta muchísimo, por cierto.

Ciudad bárbara mira un espacio urbano en conformación, donde la migración campo-ciudad es protagónica. Es interesante como el hacinamiento que provocó aquel fenómeno aparece en tu libro, el cual logra conjugar sensaciones, imágenes y recuerdos, como si todos estuvieran apretados en la misma habitación-espacio. La realidad constreñida aparece en la forma y fondo mismo de tus poemas. ¿Crees que la ciudad que pensaste en tu libro ha mutado al día de hoy? ¿Para bien o para mal?

La segregación residencial es una especie de patrón, de trabajo en serie. Sin lugar a dudas el resabio de los paisajes y situaciones históricas que inspiraron ese libro están más vivas que nunca. Sobretodo aquellos pasajes que se refieren al tiempo de la “Cuestión social”. La diferencia puede significar algo tan simple como agregar a un rancho, a un cuarto redondo un televisor veinte pulgadas, unas cuantas literas, digamos que, acceso a agua potable y unas ventanas que dan a un paisaje de concreto y en donde las escenas se repiten. Antiguamente, por ahí en el año 1850, existía ya una mirada que dividía en dos a la ciudad. La primera de ellas que hacía alusión a la situada en el centro y caracterizada por la opulencia, y la ciudad bárbara, ubicada en la periferia y asociada a la pobreza, al vicio, a las enfermedades. Creo que esa línea sigue enquistada. Prolifera un orden en el que se tiende a sectorizar, y en el que se distinguen ambas aristas: por un lado la clase alta escapando del suburbio para erguir sus mansiones. Espacios enormes en donde es posible estacionar no dos ni tres, sino que los diez autos que componen la colección personal del dueño o dueña de casa. Espacios de esparcimiento, habitaciones con baño privado, salón para las visitas, mientras que, en el otro extremo, las constructoras que se ganan las licitaciones son aquellas que en sus propuestas priorizan la construcción de mayor cantidad de casas por hectárea. Es decir, en otras palabras, las constructoras que pueden levantar una viviensa sobre una baldosa. Esa desigualdad, no dista de la que se vivía años atrás.

– Tu libro más emotivo hasta el momento es Cuaderno de croquis. Allí metes una infinidad de registros y materiales. El centro es la muerte del padre. ¿Qué relación ves tú entre la escritura y el duelo? ¿Cuaderno de croquis fue parte de ese proceso?

Para serte franco Cuaderno de croquis nunca fue pensado como un libro. Al menos mientras lo escribí. Se compone de anotaciones dispersas en cuadernos, ejercicios que ahora no suelo poner en práctica, pues escribo directamente en el computador, y muy rara vez esbozo algo sobre una libreta. Quizás lo que persiste de ese tiempo es que todavía suelo escribir en un diario y el libro es básicamente tomar prestado parte del diario que escribía cuando viví en el valle de Longotoma, desconectado de lo urbano, buscando oportunidades que no se dieron.  De ese compendio tomé algunos textos para conectarlos con otros formatos de escritura y dar forma luego al libro que publiqué en Pez Espiral. En síntesis, es el registro que nació del descubrimiento de un mundo nuevo: el de las cantinas rurales, los nombres de ciertos árboles, las formas de vida asociadas a la agricultura, y por otro lado, el deterioro gradual de mi papá hasta el día en que se murió. Creo que la escritura y el duelo van de la mano. Hay una función que cumple la escritura en este sentido, que puede ser conectar la muerte con la memoria fúnebre, o el gesto de representar una experiencia: la del duelo, la pérdida, la proyección de la ausencia. Cuaderno de croquis para mí se planteó como una especie de revelación. Lo único que hay ahí posterior a la muerte de mi papá es una crónica, que se divide y distribuye a lo largo del libro. El resto es la inserción de los poemas o anotaciones que yo había escrito durante mi paso por el campo. A lo mejor la relación de Cuaderno de croquis con el duelo fue el proceso que devino luego, cuando tuve que revisar esos textos, editarlos y reafirmar que ante un vínculo tan importante como el que sostuve con mi papá, es que luego de la separación es posible comunicarse por medio de las cosas. Las cosas adoptan otros signos lingüisticos. Significados y significantes se construyen para conectar.

– Tu último libro, Teoría del ojo, tiene dos grandes virtudes: una diversidad de registros y una búsqueda distinta a las de tus libros anteriores. Lo primero que asoma es esta obsesión por las palomas. ¿Por qué la colombofilia como eje articulador?   

Siempre quise saber cómo operaba una paloma mensajera. Me era difícil abordar desde la lógica enviar una carta a través de un pájaro. Pero resulta que el hecho puntual es muy sencillo. Las palomas son unidireccionales, regresan a su palomar. Si yo crío una paloma en Arica, y viajo con ella hasta Iquique, al momento de soltarla, ella instintivamente comenzará a volar de regreso hasta llegar al punto exacto de partida, es decir, el tejado donde reside. Poseen un sentido de orientación fascinante, además de otras cualidades muy lejanas a las atribuidas en las ciudades, como plagas o guarenes con alas. Las palomas han sido (y en muchos países son) parte de brigadas militares. Ante un eventual colapso de las comunicaciones ahí están ellas. Entonces, la metáfora de la crianza de palomas mensajeras, o colombofilia, la utilizo para regresar a hitos que me parecen interesantes. Hitos que forman parte de la historia reciente de la humanidad, aunque también la personal, emplazada en algunas experiencias que suelo recordar con mayor frecuencia. Por eso los poemas tienen como títulos los años en los que están situados. Por ejemplo, el año de la muerte de Kurt Cobain, la masacre de My Lai, en Vietnam, la última nevada en Ciudad de México, o el paso del cometa Halley. Es una especie de regresión. Mirar atrás. Volar de regreso. Con respecto a los registros, puede ser que los poemas nacen en periodos muy distantes entre ellos. Me demoré mucho tiempo en terminar el libro. Avancé lento. De hecho creo que una vez lo borré y volví a escribir.

– Por otra parte, el libro parece una secuencia de efemérides. Los poemas se basan en años e hitos ocurridos. Lo grandioso y lo común suceden en paralelo en distintas partes del mundo. ¿Cuál fue tu criterio para elegir los hechos y las historias que aparecen en los poemas de Teoría del ojo? ¿Fue azaroso o un ejercicio más consciente y trabajado?

Partí en la Primera Guerra Mundial por dos razones. Era un ejercicio muy extenso intentar viajar mas atrás. Además, en este periodo surge la. imagen de Arthur Bricoux, uno de los criadores de palomas más importantes en la historia de este deporte (que a mi juicio es más cercano a un arte). Por otro lado, la importancia de las palomas en las dos primeras guerras mundiales es protagónico. Por eso quise comenzar ahí. La selección que hice luego, en el fondo, forma parte de los hechos históricos que conocía y que recordaba, muchos de ellos producto del trabajo de una maravillosa profesora que tuve en enseñanza media. En un comienzo el libro eran solo acontecimientos históricos de la humanidad. Por ejemplo, Chernóbil. La guerra del Golfo Pérsico. Sin embargo, luego fui relacionando algunos hechos con mi propia experiencia. Quise que mis hijas estuvieran de alguna forma presente. Hechos trágicos como la muerte de mi mamá luego darían pie a momentos felices junto a Elena o Amanda. Sumado a eso debo decir que atravesé por una enorme oportunidad de aprendizaje durante el periodo de edición.

– Editorial Aparte surgió con fuerza como uno de los sellos de regiones más auspiciosos. El catálogo resalta por sus autores y autoras de diversas generaciones y lugares, traducciones de autores de primer nivel (Oppen, Heijinian) y pronto se vienen reediciones de poetas peruanos, lo que es muy coherente con que sea una editorial fronteriza. ¿Qué proyecciones tienes con Aparte y cómo ha sido el trabajo que han desarrollado hasta ahora? ¿Cómo ven la recepción de sus libros en Santiago y otras regiones?

El trabajo que hemos desarrollado hasta ahora ha sido totalmente significativo. El círculo de trabajo de la editorial en su mayoría lo componen grandes amigos. Disfrutamos mucho cada proceso. Hablamos casi todos los días. Somos un grupo de trabajo que siempre está haciendo planes. Por otro lado, nos interesa desentrañar poéticas. En Chile, la situación geográfica no ha favorecido el tránsito de autores interesantes como Ricardo Herrera o Jorge Velásquez o Antonia Torres. Por medio de la editorial buscamos contribuir a la conformación de un panorama poético que incluya voces de regiones, tanto del norte como del sur. Ha sido muy grato recibir una respuesta favorable por parte de los lectores y no solo traducida en ventas o la circulación de los libros, sino que también, en el interés y confianza por parte de muchos autores y autoras. Con relación a las proyecciones, queremos fortalecer el equipo de trabajo. En lo personal y después de dos años encabezando este proyecto, tomé la determinación de soltar el timón. Una editorial es un espacio que implica grandes despliegues de tiempo y esfuerzo que la mayoría de las veces no se bonifica. Además, es ir tomando prestado espacio a la familia o a mi trabajo como escritor y a la larga ese desgaste se manifiesta. De ahí el deseo de profesionalizar la cadena. Buscar la forma de abaratar costos sin arriesgar calidad, de modo de poder invertir en la inserción de nuevos roles que se integren a la producción de los libros que publicamos. Se viene una temporada de cambios para nosotros. Aunque las metas son más menos las mismas: producir libros de bajo costo, y poder llegar a mas librerías, sobretodo en regiones. Creo que para ser una editorial que opera desde Arica (de hecho, el nombre de la editorial obedece a lo apartado que es geográficamente residir en el extremo norte), hemos podido hacernos de un espacio que no solo es reconocido en la zona centro, sino que también en el sur. Incluso nos han escrito desde España para comprar libros, lo mismo desde Perú, México y EEUU. Eso nos ha permitido que podamos incluir publicaciones que no dependen de los fondos del Estado. De hecho, recuerdo, el primer año recibimos financiamiento para seis libros, y terminamos publicando trece. Pero estas cosas no surgen de otras circunstancias que no sean, por ejemplo, el trabajo dedicado y constante, que implica dialogar en torno a lo que hacemos, tener autocrítica, y visualizar con claridad lo que queremos construir. Vivimos alerta a lo que se escribe, procuramos mantener las mejores relaciones con los autores y autoras que publicamos, y desde luego, disfrutamos lo que hacemos.

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