Comité de allegados (Melisa Hernández Hinojosa)

Comité de allegados

Melisa Hernández Hinojosa (1991)

Provincianos Editores

ISBN: 9789566127000

60 páginas

Por @perspectivataller

Soñar y esperar son acciones que mantienen en pie a las distintas voces que habitan Comité de allegados, poemario escrito por Melisa Hernández Hinojosa y publicado por Provincianos Editores, sello que ha desarrollado un catálogo muy interesante en este año de vida cumplido recientemente.

La obra de Hernández nos sitúa en un territorio común —el de los allegados, tal como los categoriza el Estado chileno— pero compuesto por una multiplicidad de sujetos que en la escritura encuentran un lugar para expresar su sentir, reclamar ante las injusticias, protestar para doblarle la mano, aunque sea un poco, como gesto, al poder. Son personas desconocidas que pasan a ser un «problema país», así las distinguen los medios de comunicación. Muchas de ellas quedan registradas en una ficha social, convertidas en un número vacío que se suma a otros cientos de miles de nombres y apellidos archivados en alguna carpeta.

En la extensa cola que conforma el mundo de los allegados ubicamos a Norma González, “Mujer mayor de sesenta años, vive sola, no tiene familia, recibe pensión solidaria de vejez. Tiene la capacidad de arrendar”. Con esta información se inaugura, página en blanco y negro, Comité de allegados. No obstante, ¿esta es Norma González, una ficha social? En los poemas hay una transgresión de los límites que impone la institucionalidad al buscar la subjetividad de quienes son considerados un dato, identificados también en su capacidad de producción, por el número de integrantes de la familia, el tipo de ingresos que perciben y el seguimiento de postulaciones a la Oficina Municipal de Intermediación Laboral. Estadística toda que acontece en la comuna de La Pintana.

La forma de abordar dicha realidad en el transcurso del libro permite que las palabras ocupen el espacio que les corresponde para testimoniar luchas colectivas —y de supervivencia, más bien— deslegitimadas por el mismo sistema que dice entregarles un mínimo de dignidad. El block, la sede, la completada, la toma, la mediagua, los escombros y el cachureo dibujan un mapa de la clase baja perfectamente localizable, trazado por la hediondez de los varones gaseados por fuerzas especiales a las afueras del SERVIU o por el temor infatigable de las mujeres a perder su única oportunidad de acceder a llaves propias. Asimismo, la pobreza, lejos de concebirse como una batalla deseada, recobra su complejidad en la experiencia inclasificable de quienes padecen la vulnerabilidad del presente: hay cahuines, disputas vecinales, racismo, miseria. Estamos lejos del lugar común y la contemplación acrítica: “suda la gota gorda/ los pelos la rasmillan/ las zapatillas de plástico/ le sacan ampollas/ afuera esperan turno/ las señoras moradas/ las tetas de sobra/ las que no saben leer ni escribir/ haciendo la cola”.

El imaginario desplegado por la poeta dota de un sentido afilado ese deseo de la casa propia desde el sueño y la espera de no ver concretado un derecho social que apenas se piensa como tal, invisibilizando con ello la causa política de cada allegadx: “soñamos/ que en los kioscos/ vendían álbumes/ que contaban nuestra historia”. En Chile se sueña con la vivienda, se sueña con la salud, se sueña con la educación, se sueña con el trabajo. A punta de interrupciones y trabas, la «historia desde abajo» se vuelve un poco más verdad, rozando cada vez con mayor fuerza la Historia, sin perder en el proceso el amargo significado de pertenecer a ella y reparando así en la humanidad de las voces arraigadas en este libro. Pese a todo, “piensan/ que no son tan pobres/ para esperar tanto”.

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