Texto de presentación para “Bitácora del desamparo” de Cristina Larraín, por Ana María del Río.

Una muerte en carne viva: Presentación de Bitácora del desamparo de Cristina Larraín

Por Ana María del Río, escritora

 

El título de este libro está muy bien puesto. Bitácora. La narradora se plantea y se planta como capitán de un navío incierto viajando por uno de los terrenos más desconocidos, inquietantes y peligrosos de explorar: el viaje a otro mundo, a otro sistema, a otra mente.

Pero este no es sólo un viaje de exploración, a la manera de Darwin y Fitz-Roy, en siglos pasados, tomando notas desapasionadas, desde la baranda de su barco, acerca de la curiosa presencia, indumentaria y costumbres de los indígenas.

Este viaje se sumerge adentro de este otro mundo: el mundo de un sistema lógico-afectivo-relacional distinto. No estamos hablando aquí de seres normales y anormales, de bien y de mal, de cuerdos y locos. Estamos hablando de la relación con un mundo entero distinto, una mente funcionando plenamente fuera de los parámetros, de los márgenes, de las normas y por supuesto, de la rutina. El día a día que se plantea en este viaje, en esta narración, es sobrecogedor: nada hay ni habrá en él de esperable, de predecible. Se trata de un viaje por un camino que se va construyendo a medida que se avanza, como el explorador con un machete abriéndose paso por una vía impenetrable.

Tuve el honor de acompañar a Cristina, la autora en una parte, tal vez la parte final, de este viaje que no ha terminado ni terminará nunca. Una trayectoria que, además de perenne, es súbita. Un día cualquiera, en medio de una rutina familiar con hijos brillantes, hermosos, crecidos, recién salidos del colegio, listos para comenzar una vida plena, la bomba. Un veredicto. Un término médico de más de cuatro sílabas. Un letrero discriminante plantado al medio de un hijo lleno de cualidades y promesas. Fármacos. Hospitalizaciones. Exámenes. Infinitud de exámenes y tratamientos. Peregrinaje por distintos médicos, opiniones, diagnósticos, chamanes con y sin olor. Al mismo tiempo, quiebre familiar, por una convivencia erizada de imprevistos y reacciones no esperadas.

En medio de todo este resquebrajamiento de la superficie terrestre, la sociedad, la costumbre, la norma, la vida le pide a la figura de la madre de este hijo convertido de la noche a la mañana en un paria, en un elemento discordante con el mundo que lo rodea, le pide, le exige serenidad, asumir los hechos tal como son, mantener su buen ánimo de siempre, seguir adelante con los tratamientos, medicamentaciones, le exige todo su tiempo de manera total y jamás remunerada, indemnizada o agradecida. Y por último le impone una aceptación de los hechos, de los sucesos imposibles de tragar. Enfrentar este estado de dislocación permanente se convierte en el día a día de esta madre, que, por supuesto no es sólo la autora y este es uno de los grandes méritos de este libro. Esta madre somos o podríamos ser todas, todos, todxs. Nadie está libre de la irrupción de un universo caleidoscópico y fracturado en la rutina propia.

Además de una trayectoria, este libro da cuenta de emociones profundas, de dudas feroces, de escepticismos, de la angustia extrema que significa el vivir perennemente una situación de excepción, un estado de emergencia, un mundo fuera de sus órbitas. Este es el paisaje de este libro, donde, por momentos, la distopía alcanza el límite máximo.

Y como vemos en él, el mundo que nos rodea, la sociedad contemporánea, la sociedad chilena específicamente, no conforma el mejor receptor de esta angustia, de este cataclismo que de pronto, como en el capítulo del derrumbe en la montaña –magnífica metáfora de otro derrumbe, mucho más extenso, mucho más duradero–, deja paso a un intenso desamparo rodeado del barro del desastre.

No tenemos ni de lejos un sistema de salud en el que eventos de esta categoría de disrupción puedan ser recibidos, acogidos o, por último, escuchados. No tenemos un paraguas protector para estos fines de mundo. Porque el desamparo del título es precisamente la consecuencia que produce darse cuenta de que tu propio hijo que hasta una edad fue perfectamente normal, creativo, artista, sensible y brillante, ha pasado a formar parte de otro universo del que te separa una barrera dura, inexpugnable y… eterna.

Tuve la suerte de acompañar a Cristina en una bitácora distinta a la que se plantea en el libro, que fue la bitácora de la creación, de la escritura. Hubo momentos increíbles, como por ejemplo, cuando dio por por fin con el narrador. Que –como todos los que nos hemos metido a escribir sabemos–, es la parte más peluda de un texto: quién cuenta, quién mira el mundo y desde dónde lo hace. La autora de Bitácora se dio cuenta de pronto –en eso que los gringos llaman una epifanía– que el texto estaba en una primera persona un poco autorreferente, y que no lograba acercarse plenamente a lo que quería mostrar. Entonces, saltó el modo del tú. Porque Bitácora, en realidad, es una larga carta, tanto al lector como a sí misma, como al mundo. Una carta en la que comparte este cataclismo que le tocó vivir y que sigue viviendo con todos. Sin autolástima, sin eufemismos, sin sensiblerías. Una carta acerca de esta terrible navegación por un mar de tormentas explosivas e implosivas que no se pueden augurar ni menos capear.

Luego fue el tono del libro lo que estuvo en discusión. Y creo que fue un hallazgo el aire que se impone –por el espacio tipográfico– entre frase y frase, que logra dar esa potente prosa suya –la que yo llamo prosa profunda de alto vuelo– en la que se convoca al mismo tiempo el ritmo cercanísimo de una conversación. Como si fuera un largo mensaje de WhatsApp y estuviera junto a nosotros, contándonos cómo ha sido esto, lo de tener un hijo que de repente es arrebatado por un diagnóstico de enfermedad y se lo encierra en un diagnóstico, en una tipología, introduciéndole toda clase de sustancias químicas en su cuerpo con el objeto de volverlo a una normalidad, que está hoy, reconozcámoslo, cada vez más difusa y cuestionada. Todo esto conviviendo con un estilo preciso, depurado, no lastimero, a veces seco, otras veces dejando entrar el humor, aunque parezca increíble. Estos opuestos son los que ponen al libro de pie y lo presentan como una ficción que se acerca a la carne de la realidad en forma exacta, casi despiadada, a la manera de la carne examinada en una autopsia, envolviendo también lo narrado en emoción amorosa, porque el amor está ferozmente campeando en todo el libro.

¿Qué hace una mamá cuando ve que su hijo, con un futuro abierto, es introducido de pronto en una marmita y se lo empieza a invadir con distintos fármacos que le producen diversos y feroces efectos secundarios? ¿Qué hace una mamá cuando de pronto, un día cualquiera de la semana ve que su hijo creativo y mágico parece hallarse en un mundo otro, en un sistema, en un universo hermético, cerrado, sin traducción posible?

¿Qué hace una mamá cuando ve que a su hijo le cuelgan distintos carteles de diagnósticos y lo expulsan de todos los ambientes de estudio, de convivencia, o de distracción a los que él intenta acercarse?

Este libro narra eso. Esa muerte en carne viva. Da respuesta a estas preguntas.

Y lo primero que sobresale, es que esta mamá ESTÁ. Está presente siempre. Lo más extraordinario es que nadie se da cuenta de ello. Se CUENTA CON que ella esté siempre, ahí, serena, lista para asumir cualquier evento, cualquier imprevisto, cualquier catástrofe, cualquier tragedia. Es una actividad, no sólo permanente, sino también eterna. Y sin remuneración alguna. Y sin reconocimiento alguno. La mamá ESTÁ ahí, porque es mamá. Se da por descontado. No aparecerá nunca en la lista de ninguna de las acciones, o de los tratamientos, o de los momentos o de las proezas.

Entonces, la narración de esta navegación interna, de qué es lo que pasa cuando uno es mamá en un caso así, es lo que le da el título a esta Bitácora del Desamparo. Porque es una trayectoria en la que no hay ni habrá descanso. No hay ni habrá vacaciones. No hay ni habrá cese…hasta cesar. Y es un viaje universal. Porque 2 coma 9 mil millones de mujeres de este planeta Tierra son mamás. Y esta Bitácora es para todas.

Ana Del Río

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Publicado por el equipo de Loqueleímos.com

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