Ricardo Elías: “No nos vamos a dar cuenta hasta después, de aquí a diez años, de cómo nos cambió el estallido social, en términos de lo que estamos escribiendo”

El novelista y cuentista chileno acaba de presentar su tercer libro en Barcelona donde está radicado hace cuatro meses.

 

Por Juan Pablo Sáez, desde España.

 

En el cuento Peaje, uno de los nueve relatos que componen el último libro de Ricardo Elías (Santiago de Chile, 1983), titulado Expediciones al núcleo de la zoología moderna (Libros del Fuego, 2020), el protagonista, un joven cesante, sin dinero y a punto de separarse de su mujer, contempla atónito lo que ocurre en el baño de su casa: un enano saliendo del wáter. El enano le dice que utiliza el wáter todas las mañanas como un atajo para llegar a su destino. El protagonista termina acostumbrándose a la situación y diariamente le cobra un peaje al enano. El relato resume el tono del libro: la tragicomedia mezclada con la fantasía; la rutina atravesada por una ráfaga de surrealismo. Elías dice que el cuento nació cuando él mismo estaba sin trabajo: “Yo estaba pasando por un momento parecido, de apremios económicos, estaba buscando pega, estaba desesperado. Y tienes ese sentimiento de que pase lo que pase, no te importa: que explote la ciudad o no sé qué. Lo que te exige el sistema es que encuentres una pega, que tienes que tener plata. Entonces eso es lo que quise representar: sale un enano del wáter y al protagonista no le importa, lo único que le importa es cómo le puede sacar plata a eso, algo muy del sistema neoliberal, muy chileno. Al tipo no le importan las bases o los fundamentos de ese negocio, lo que le importa es sacarle provecho a esa situación.”

La carrera de Elías empezó en 2014 con el libro de cuentos Cielo fosco (Libros de Mentira) y continuó en 2017 con la novela A la cárcel (publicada por la editorial argentina Alto Pogo y la estadounidense Puyikari Publishers), que ganó el concurso internacional Contacto Latino, en Estados Unidos. Ese libro le permitiría viajar a Europa en 2019. En esa ocasión fue invitado a la feria literaria Le Marché de la Poésie, en Francia, momento en el cual la editorial Alto Pogo le pidió que presentase su libro en Barcelona. La ciudad lo cautivó. Tres años más tarde la elegiría para vivir y presentar Expediciones al núcleo de la zoología moderna. Dice que su objetivo en el corto plazo es publicar en alguna editorial española: “A mis libros les ha ido mejor afuera que en Chile: en Argentina me fue bien, el libro Expediciones… está publicado por una editorial venezolana. Ellos me pidieron el texto. Entonces encuentro que aquí en Barcelona hay algo interesante que se puede hacer. No tengo un plan concreto, me vine más bien sintiendo un llamado de que aquí está pasando algo. Yo también creo en la literatura como una cosa gregaria, de juntarse con otros escritores latinoamericanos que están acá, ver lo que está pasando, qué es lo que se está publicando o leyendo, eso me interesa.”

El primer libro que leyó con entusiasmo, cuando niño, fue El asesinato de Rasputín, de Félix Yusúpov. Luego descubrió a los autores franceses del siglo XIX y más tarde a Borges. “Yo soy bien clásico para mis cosas. A mí me gusta mucho Víctor Hugo. Le he leído traducciones que son difíciles de encontrar como El hombre que ríe. También soy fanático de Alejandro Dumas, sobre todo de El conde de Montecristo. Tengo una relación de amor y odio con Flaubert. En general me gustan los escritores franceses de esa época. Después, en el siglo XX, me gusta la literatura fantástica argentina: Borges, Bioy Casares,

La invención de Morel, Dormir al sol, que son novelas de ciencia ficción. Me gusta el escritor chileno Jenaro Prieto, sobre todo la novela Un muerto de mal criterio, que es difícil de encontrar, también José Saramago. Me voló la cabeza su libro El evangelio según Jesucristo. Que alguien estuviera escribiendo un libro así, hoy, en ese rollo, me pareció extraordinario. También me gusta Houellebecq y Silvina Ocampo.”

Elías recuerda que a los diez años escribió su primera novela, basándose en gran parte en los dibujos animados que veía en televisión. Su fascinación por el audiovisual lo llevó a estudiar publicidad. Al final de la carrera eligió seguir la especialidad de cine. Se declara fanático del cine francés, sobre todo de la época de la nueva ola, y del cine español de los años 60 y 70, en especial de Berlanga y de Buñuel. Tras la universidad hizo asistencia de producción en algunas películas de Marco Zaror y colaboró en el guion de la película Santiago Violenta, de Ernesto Díaz. También colaboró en videos institucionales de bajo presupuesto. A veces le pedían hacer cámara. En ocasiones aceptaba sin saber siquiera a quién debía grabar. Y cuenta una anécdota: “En uno de estos trabajos me tocó ir a grabar una misa y me subí al auto de unos chiquillos rejóvenes. Nos fuimos hacia San Antonio, como hacia el sur, y entramos a una parcela. Era la parcela Los Boldos donde se celebraba una misa en homenaje a Pinochet. Y el único político presente era el senador Moreira. Se conmemoraban cinco años de la muerte de Pinochet. A mí me tocó grabar. Estaba presente Lucía Hiriart y había mucha incomodidad entre la gente cuando grabábamos.”

En esa época continuó escribiendo cuentos o perfeccionando los que había escrito en la universidad. Esos relatos darían vida a su primer libro, Cielo fosco. “Ese compendio fue posible porque lo postulé al Fondo del libro [una beca de creación literaria entregada por el Ministerio de las culturas de Chile] con el título Memorias del desparpajo. Entonces ganarme ese fondo fue para mí un aliciente para seguir escribiendo. Después de eso emprendo un camino más sólido. Con la plata del Fondo invertí en mi carrera literaria, tomaba talleres o viajaba, por ejemplo, a Buenos Aires a conocer la movida literaria en esa ciudad.” Fue en Argentina que pudo apreciar los contrastes entre los escritores de ese país y los chilenos, a quienes les critica su individualismo y egoísmo. “Creo que es bueno compartir con otros escritores —dice—. Independiente de que nos llevemos bien o mal con los escritores actuales, vamos a ser, hasta los 90 años, una generación que nos vamos a topar siempre. Nuestros libros van a estar uno al lado del otro en las ferias, vamos a estar constantemente en contacto, entonces es bueno conocerse y leerse.”

¿El escritor chileno es poco empático con sus colegas?

 “Sí, se encierra en sí mismo, aunque también tiene que ver con la timidez y la inseguridad, la forma de ser, la idiosincrasia del chileno. En Argentina es al revés, como que te invitan, van sumando gente, son más gregarios. En Chile hay una idea estúpida de que tu éxito es mi fracaso, es como que hubiera pocos puestos (como si fueran cargos en una universidad) y que si destaca otro, ese otro le va a quitar el puesto, le va a aserruchar el piso. Cuando debería ser al revés: somos un todo. Y la única manera de que nos conozcan afuera, por ejemplo, es que la literatura chilena sea un todo. En Francia no sabían lo que se estaba produciendo en Chile, se sabía más de lo que pasaba en Argentina. Muchos piensan que Bolaño es mexicano, por ejemplo.”

Está muy instalada la competencia, según tú.

 “Yo creo que viene de la matriz neoliberal instalada en Chile.”

¿Crees que el estallido social cambiará en algo esa matriz?

 “Yo creo que sí. A la larga va a instalar nuevas ideas, no sé cuáles. Yo soy bien crítico de todo. No creo que nadie sea el salvador de nada; no creo en las cosas mesiánicas, soy crítico con todo, miro todo desde afuera. Pero sí creo que el estallido remeció a todos los chilenos y al mundo. Entonces quizá ahora mismo no nos damos cuenta en qué va a cambiar eso porque ahora mismo estamos en el tema de la constitución, nadie sabe qué va a salir de eso; yo tengo las esperanzas puestas ahí, creo que va a ser bueno. Pero yo creo que no nos vamos a dar cuenta hasta después, de aquí a diez años, de cómo nos cambió el estallido en términos de lo que estamos escribiendo. Porque Chile es un país- pueblo que hasta hace muy poco no tenía espacio para otra literatura que no fuera la autoficción. Si querías escribir terror estabas ahí en el margen, lo mismo si escribías ciencia ficción.”

Reconoce eso sí que en los últimos años la literatura chilena ha dado un giro hacia una narrativa más experimental, alejada de la temática omnipresente de la dictadura: “Creo que en la literatura chilena actual se están escribiendo cosas super interesantes, hay una movida, una experimentación. La autoficción no me gusta y creo que no me va a gustar nunca, como del rollo propio, hiperrealista. Tampoco me gusta el rollo de la dictadura visto desde La Moneda ardiendo. La dictadura es mucho más que La Moneda ardiendo. Hay un daño que es mucho más perdurable que eso y que nos va a seguir por muchos años más. La caricatura de eso me carga.”

Es justamente para evitar ese tipo de registro que Elías apuesta por una narrativa donde predominan la sátira y la ironía. “A mí me parece que el humorismo como recurso es redifícil, es un desafío. Ahora, por qué me meto en ese estilo, yo creo que tiene que ver con salirse un poco de lo que se está escribiendo, de dejar de escribir lo mismo, desde la misma óptica del chileno introspectivo, medio grave y dramático, una mentira, porque el chileno se toma un par de copetes… Con un poquito de copete el chileno es muy bueno para la talla. Eso es lo que trato de llevar a mis novelas, la idiosincrasia chilena. Y también este rollo, que a mí me parece muy interesante pero que no comparto, de que el chileno siempre quiere ser tomado en serio, el chileno tiene un delirio por querer ser siempre tomado en serio. Pero todo lo que hace el chileno es ridículo. Es cosa de ver a Piñera, las cosas que decía, o lo que ocurre en la política chilena, por ejemplo.”

En el cuento Chino, del libro Expediciones…, hay una banda que trafica con greda. La historia acaba con un giro humorístico, con algo inesperado. En tus historias la normalidad se rompe en algún momento, por más que los personajes se esfuercen por conservar dicha normalidad. Esto los descoloca.

 “Claro, mis personajes rompen la normalidad pero quieren seguir por la senda de la seriedad, no se relajan, no se cagan de risa sino que tratan de mantener esa rigidez a como dé lugar. Los chilenos somos así, tremendamente rígidos, y las cosas para nosotros son así o asá. Eso no solo es una herencia del neoliberalismo sino también de la dictadura. Es una rigidez que a veces funciona, como, por ejemplo, para las vacunas. Chile fue uno de los países más disciplinados en el tema de la vacunación contra el Covid. En la calle nadie se sacaba la mascarilla. Tiene de dulce y de agraz.”

En el cuento que da título al libro, Expediciones al núcleo de la zoología moderna, un grupo de científicos descubre una raza de simios muy particular. ¿Cómo nace ese texto? De hecho es la única historia que no transcurre en Chile y cuyos personajes no son chilenos.

 “Ese cuento está influido por mis lecturas de novelas de aventuras, antiguas, y por el rollo cientificista. Lo que me interesaba relatar es cómo se descubría esta raza de simios. Son simios que de alguna forman se cagan a sí mismos. Hay simios que son más poderosos y que adoran al depredador, que es el leopardo y se los come, y se quieren vestir como el leopardo. Es como nuestra relación con los gringos, que es un imperio que nos aplasta pero queremos ser como ellos, queremos ir a Miami y queremos traernos todas las palmeras, como en Miami, y ser lo más gringos posibles y hablar inglés. Los primates se chaquetean: uno de ellos trata de surgir y hay otro que lo tironea desde abajo para que no surja, algo parecido a lo que sucede con la literatura chilena.”

Entonces ese cuento es una suerte de metáfora de Chile.

 “Claro. Y los científicos, qué es lo que deciden, eso es lo más terrible: deciden que a los simios hay que exterminarlos. Porque es una cultura negativa. Es una metáfora de cómo nos vamos autoeliminando, de cómo funcionamos de manera contraproducente con nosotros mismos. O sea un país que tiene una admiración constante con los países extranjeros, o que tiene cosas raras como votar por un tipo de extrema derecha después de un estallido social, algo ridículo.”

¿Qué planes tienes para tu próximo libro?

 “Es una novela que estoy escribiendo desde hace un tiempo. Habla de un presidente en Chile y de lo que pasa con esa memoria histórica pinochetista, qué pasa con los mapuches. Es como una mezcla entre todo eso. Y quiero trabajar la fantasía; quiero que en la historia haya extraterrestres que llegan a Chile. Extraterrestres rubios, de ojos celestes, que llegan al país antes del estallido. Es una novela políticamente incorrecta; o sea quiero tirar toda la carne a la parrilla, ser bastante grosero también y bien ácido.”

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