Cristofer Vargas: “Esa es la sensación que buscaba para la novela, ese miedo nervioso que se le tiene a las cosas por su incertidumbre”

Dos hermanos y su abuela deben abandonar la casa en la que viven de allegados. El único lugar posible para establecerse u aspirar a una casa propia es una toma en la periferia santiaguina. Es 1999 y el narrador, un adolescente que titubea entre la lucidez de un niño y la madurez de un adulto, describe el tránsito al campamento, alucina con ovnis, conspiraciones, el apocalipsis y cuida a su pequeño hermano Gabriel. La abuela, mientras tanto, se las arregla para salir adelante y sobrevivir en un país donde a los pobres se les quiere, pero solo de lejos, donde no se pueden ver ni molestar a nadie.

Cristofer Vargas es escritor y estudiante de Psicología. Fue becario de la Fundación Neruda en 2015 y obtuvo el primero lugar en los Juegos Literarios Gabriela Mistral 2019, mención cuento. Iluminación artificial es su primer libro.

 Por Álex Saldías

¿Cómo surge la idea de escribir “Iluminación artificial?

Nunca tuve la idea de escribir una novela, solo escribía pasajes aprovechando que estaba en un taller de narrativa con amigues en la biblioteca de Santiago al que me invitaron en 2017. La idea principal era escribir algo y postularlo a un fondo. En general ese ha sido el fin de muchas de las cosas que he escrito, sobre todo al principio. Conocía un poco cómo eran las movidas en el circulito literario santiaguino, sobre todo en poesía, donde ganar un premio o beca de creación, te da recién una legitimación mínima para poder publicar, y supongo que tiene sentido cuando son editoriales independientes las que toman el riesgo de publicar a autores nuevos. Entonces de alguna forma me puse esa meta antes de pensar en publicar, además que por esos años trabajaba, estudiaba e intentaba escribir, por lo que poder hacer un sueldo para tener más tiempo era un objetivo lógico al cual apuntar. El tema es que nunca gané nada, pero al final, el texto, que llevaba otro nombre y tenía otras fijaciones, registros y tonos, demasiado barroco mirándolo en retrospectiva, tomó forma y empezó a quedar más claro que había una historia potencial. De ahí en adelante todo fluyó más conscientemente y un amigo que leyó el manuscrito, me dijo que le gustaba y que Nicolás Meneses tenía un proyecto editorial donde buscaba textos de narrativa para publicar. Todo esto fue a mediados de 2018. En ese tiempo me dediqué a escribir, entré a estudiar psicología y en un proceso de terapia que venía postergando hace años. Todo eso me trajo concentración y orden para trabajar de manera más metódica hasta que la novela empezó a encajar en sí misma y terminó llevando el título de Iluminación Artificial.

 Iluminación artificial es una novela profundamente emotiva que busca mostrarnos algo de la vida improvisada y vulnerada que se experimenta en las tomas de terreno. ¿Por qué escoger estos espacios en tu primera novela?

Porque vivimos algunos años con mi mamá de allegados en la casa de mis abuelos en una toma en Peñalolén. Entonces siempre tuve el recuerdo de esos años como recuerdos de una infancia muy normal, jugaba con mis vecinos en la calle, salía a pasear en bicicleta, veía tele o apostábamos cartones, que en esos años eran súper populares en el colegio junto a las cartas Mitos y todo ese rollo. Pero con los años, cuando dejamos de vivir ahí, recién empecé a entender lo que significaba vivir en una toma en un contexto nacional. Así fueron apareciendo dudas, recuerdos, historias que me sirvieron para ambientar la novela, sobre todo en el aspecto de paisaje y materialidad. Dentro de esos recuerdos, que tampoco son muchos, me quedé con la impresión de los cortes de luz, y lo aburrido que eran esas noches. Muy claustrofóbico, sin mencionar que me daba terror la oscuridad. Supongo que por eso también tengo relacionado ese recuerdo al miedo y eso se ve reflejado en la atmósfera de la novela. Supongo que fue lo que me quedó, la sensación que pude trabajar y que quería transmitir.

 La elección de la voz narrativa es un pequeño adolescente de trece años que observa el mundo con los significantes que tiene más a la mano. Uno de estos es el animé ¿Tiene esto algo que ver con la generación del Club de los Tigritos?

Sí y justamente es lo que dices, aquello de hacer uso de los significantes que se tiene a la mano. Me parece que en los espacios donde no hay acceso a cultura o donde la lectura no es un hábito y es percibida siempre como una imposición del colegio, la televisión (hoy hablaríamos de internet) suple ese déficit de alguna manera. En la novela, lo veo como un lugar de escape relacionado a la fantasía, pero también como una ventana hacia el Chile del que estos personajes se muestran ajenos. Ahora, más específicamente sobre el animé. Durante los 90 hubo muchas importaciones de productos tecnológicos como culturales. Uno de ellos fue el animé, que se quedó con nosotros y fuimos armando nuestro imaginario en torno a personajes como las Sailor Scout, Gokú, Los caballeros del zodiaco, etc. Si bien había presencia de animación gringas como Dexter, La vaca y el pollito, Tom y Jerry, estas en su mayoría aparecían en televisión por cable, que era un lujo no tan masificado en esos años. Entonces el Club de los Tigritos, como dices, se convirtió en algún momento en el infaltable después de llegar del colegio. Ahí vi Digimon, Inuyasha, Samurai X, Evangelion, etc, que tenían tramas super ajenas a lo que encontrábamos en los imaginarios occidentales, entonces, esos nuevos imaginarios hicieron de base para comenzar a pesar nuestras vidas con un correlato lleno de valores que nos muestra el animé, por ejemplo, en el Shonen, donde generalmente hay un héroe que debe pasar por dificultades, pero donde de a poco, junto a otros personajes, (donde la lógica apunta casi siempre al compañerismo, que para las japoneses es súper importante en los ámbitos educacionales y laboral) avanza y logra su meta. Entonces desde ahí nacían juegos, y encontrábamos la oportunidad de aplicar nuevos ethos a nuestra vida cotidiana que incluían implícitamente estos valores que menciono. Por lo mismo, hipotetizo que la “generación trigritos” marca un cambio importante en cuanto a la manera en que pensamos el mundo en contraste con la epistemología occidental, que es muy unidireccional, extractivista, depredadora, en comparación con estas otras formas (sin querer idealizar), donde aparecen masivamente elementos ausentes en nuestra manera de relacionarnos hasta ese momento, es decir, aperturas más circulares y de reciprocidad. Sin mencionar, que, en otros ámbitos, como el religioso, todo el tema del New Age fue un fenómeno que vino a mostrar el momento de crisis espiritual que venía ocurriendo en occidente por la presencia de un inminente apagón a finales del milenio. Y esto se puede entender como síntoma de la deshumanización progresiva que ha provocado la imposición de un modo de vida que nos ha alejado de instancias de enriquecimiento personal, espiritual y estético, para fortalecer el progreso y la racionalidad, entre otras cosas.

 El factor ufológico tuvo un amplio despliegue mediático en televisión a fines de los noventa que pareció difuminarse con el tiempo hasta prácticamente desaparecer ¿Por qué quisiste retomar eso?

Cuando chico me gustaba mucho los dinosaurios y los ovnis. Supongo que me llamaba la atención que fueran cosas tan presentes en el cotidiano, pero sin estarlo realmente, algo así como un primer misterio junto con la muerte.

Me acuerdo de que tuve una revista de ovnis que me trajo un tío que mostraba,fotos de avistamientos, testimonios, etc. En esos años también salió Alien Abduction (1998), esa peli donde a través de una cinta encontrada, vemos la abducción de una familia gringa. El formato de la película, found footage, jugaba con la ilusión de veracidad a través de una cámara subjetiva que al final era encontrada con la grabación de los sucesos.

Entonces, digamos que tuvo una repercusión mediática importante, al mismo tiempo que los matinales y programas de tele, mostraban luces que se movían en el cielo alrededor del planeta, por lo que todo parecía super verídico, ya que, en ese momento la prensa aún no estaba desacreditada como hoy, entonces si aparecía en la tele, muy probablemente era cierto. Supongo que fue esa verosimilitud la que respaldó ese terror inventado, que se sumaba al inminente apocalipsis. Y un poco esa es la sensación que buscaba para la novela, ese miedo nervioso que se le tiene a las cosas por su incertidumbre. Entonces meter ovnis fue una decisión de atmósfera, pero también de marca de época. Me interesaba, escribir una novela de los 90’s y para eso me dediqué a investigar, mirar programas, revistas, noticias, para poder ser lo más fiel posible al contexto histórico.

La figura de “la Mami” es muy poderosa en la novela. ¿Existe alguien o más de alguien en quien te hayas inspirado?

No. No quise tomar características físicas de nadie en específico. De hecho, son fragmentos de muchas personas. No pensé en trabajar tan conscientemente ese personaje porque al comienzo lo pensé como un elemento funcional a la trama y al desarrollo de la relación entre el narrador y Gabriel. Sin embargo, me han dicho harto aquello de que es un personaje con el que se empatiza mucho y que tiene notoriedad, sobre todo al final de la novela.

 La novela transcurre en un Santiago de hace poco más de veinte años, sin embargo, muchos de los problemas sociales que ahí se viven parecieran mantenerse vigentes: desigualdad, discriminación, pobreza extrema, por decir algunos. ¿Cuáles de ellos identificas? ¿Por qué te interesó tensionarlos?

De hecho, ese es uno de los valores más evidentes de la novela, desde mi punto de vista, lo que tampoco significa que sea un gran descubrimiento y ese es el punto. La inequidad económica ha existido desde siempre en Chile. Sin embargo, durante años, e incluso en la actualidad, los medios de comunicación se han encargado de censurar, individualizar e infantilizar estas problemáticas, mostrándola más que nada para generar morbo y rating. Entonces, el hecho de que ocurra que, problemas que veían sucediendo hace veinte años, hoy sigan existiendo, tiene que ver con esta invisibilización, que de a poco ha ido menguando gracias a la aparición de medios alternativos que han proliferado recién hace un par de años. Ahí el interés, entonces. Saber que las directrices ideológicas que heredó la dictadura, las cuales son causa principal del empobrecimiento de la población, siguieron funcionando intactas luego de la transición a la falsa democracia en la que crecimos. Pensar que Chile es un presente inmóvil del que las personas por fin han comenzado a desconfiar.  Y esto se hizo notar desde el comienzo de la revuelta de octubre de 2019, lo que se refuerza con el hecho de que hoy estamos ad-portas de escribir una nueva constitución con la esperanza de que esta vez la alegría sí llegue.

 

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