Marcela Parra: “En el contexto de un libro de poesía, nos predisponemos a sorprendernos e incomodarnos”

Compositora, intérprete musical, poeta y doctora en Creatividad Aplicada por la Universidad Complutense de Madrid. La última publicación de Marcela Parra data de hace diez años con la plaquet Ambulancia (Cuadro de Tiza, 2010). Silabario, Mancha (Ediciones del Temple, 2008) según Gabriel Zanetti, se enmarca entre esos escasos libros a los que enriquece el tiempo y la cataloga de obra ineludible. Esas dos publicaciones sumadas a Todo lo que soy cabe por una grieta dieron vida a Vacaciones domésticas (Editorial Aparte, 2019), una especie de temprana obra reunida. De su música: en 2015 grabó Astronautas en la playa y en diciembre de 2019 lanzó en el GAM su disco El sonido no coincide con la imagen, que ya se puede escuchar por casi todas las plataformas digitales.

 

– ¿Cuál es la rutina de Marcela Parra?, ¿qué peso tiene en ella la escritura?

Creo que tengo varias rutinas dentro de la semana según el día y también rutinas extensas que pueden durar más tiempo, meses, años y que conforman ciclos. En cuanto a la escritura, me cuesta mucho verla como un ejercicio aislado de otras experiencias y en general creo que escribir, más que el ejercicio de fijar una idea con grafemas, es como un acto vital, de buscar vías de comunicación con lo otro, traspasar la individualidad, encontrar permeabilidad en los actos cotidianos. Utilizando una metáfora textil, volverse respirable.

– ¿Qué es lo que más te ha gustado y desagradado de este estallido social?

Lo que más me ha gustado es la explosión de creatividad colectiva y el desmoronamiento de la realidad; la aparición del absurdo como parte conformante del cotidiano y evidencia de que las cosas se pueden hacer de infinitas maneras distintas. Esto me parece imprescindible a la hora de repensarnos como sociedad y siento que de alguna manera estos días nos han devuelto cierta libertad que, aunque no nos dábamos cuenta, estaba en nuestras manos. Como sociedad hemos recobrado el sentido de politizarnos, en medio de un sistema viciado, en el que la política era puro negocio y un show mediático de control social.

Lo que más me ha desagradado. La inflexibilidad y el despotismo de los políticos frente a las demandas colectivas. El negacionismo frente a los atropellos a los derechos humanos. La derecha copiando (y mal) las ideas, los símbolos, las intervenciones que surgen de las manifestaciones sociales. Los medios de comunicación masiva insistiendo en desfigurar la realidad incluso en los momentos en que las mismas personas los han increpado en transmisiones en vivo en las calles. Que los intocables lo sigan siendo a pesar de que se haya levantado un movimiento social muy grande y sea histórica la desaprobación de la gestión del gobierno.

– ¿Cómo influye tu formación musical y de artes visuales en tu poesía?, ¿las relacionas de alguna forma?

No puedo no relacionarlas. Cuando escribí Silabario, Mancha estaba pintando mucho, y creo que ese acto fue tan importante como el contacto con otras/os escritores y las lecturas significativas que realicé en esos años. Pintar me hacía escribir, escribir me hacía pintar y mientras pintaba o escribía escuchaba música, por lo cual también de ahí salieron ideas musicales que se plasmaron en Astronautas en la playa. En creatividad es importante poder hacer asociaciones remotas; encontrar cruces, puntos en común, encuentros entre realidades que aparentemente son inconexas. Es algo que la gente que se dedica a labores creativas conoce desde mucho tiempo y con esto me acuerdo de inmediato de la frase que se atribuye a Simónides: “La poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda”. Tanto la escritura, como las artes visuales, la música o cualquier otro medio de expresión, se enriquecen al explorar otros lenguajes.

 – Asimismo, parece que a muchos poemas de Silabario no les interesa tanto la comunicabilidad ni la búsqueda de sentido, ¿crees que el lenguaje al traicionar el sentido logra abrir otras posibilidades?

A veces la gente que no tiene muchas experiencias de acercamiento al arte siente que la poesía carece de sentido, y puede ser, pero esto no implica que el resto de las comunicaciones tengan sentido. Sospecho que esto se debe a una concepción del sentido limitada por el desgaste del uso consensuado de la lengua en el habla cotidiana. También a nivel profesional, con los léxicos técnicos sucede esto. Me sorprende escuchar a personas especializadas utilizar mucho léxico técnico de alto contenido metafórico o poético en diversos sentidos, sin darse cuenta de que está ahí, porque quizás asumen que están transmitiendo una comunicación exacta, sin ambigüedades ni espacio a interpretaciones personales. Esto pasa en el ámbito científico, tecnológico, en las ferreterías, los viveros, los bazares, etc., donde esos sinsentidos pasan desapercibidos, pero las personas que andamos buscando el lado salvaje de las palabras los identificamos de inmediato. Con esto quiero decir que, en el contexto de un libro de poesía, nos predisponemos a sorprendernos e incomodarnos, lo cual nos hace estar alertas al sinsentido que pasa desapercibido en el cotidiano. El lenguaje pasa de ser domesticado a un estado feral; entonces, sentirnos de nuevo en comodidad con el lenguaje implica volver a domesticarlo en nuestro interior. Esta domesticación del lenguaje replantea nuestros recuerdos, aumenta nuestra percepción del presente y reconfigura lo que podría suceder en el futuro, por lo tanto, ahí hay un empoderamiento.

– Carlos Henrickson dice en la contratapa del libro que tu poesía “expone brutalmente una intimidad en absoluto desprendimiento”, algo que se puede apreciar en poemas como “Comer con piyama” o “Una herida que se llama”. Todo lo que soy cabe por una grieta, además, es la escritura de un yo muy potente. En tiempos en que se critica tanto la sobreexposición, ¿cuál es la importancia de la intimidad en tu poesía?

Soy una persona que no se expone mucho en realidad. No soy muy fan de las redes sociales virtuales. Las ocupo porque entiendo su validación a nivel social y de no utilizarlas quedo en desventaja comunicacionalmente, pero nunca muestro mi vida personal por las RRSS, porque no quiero que nadie haga seguimiento de mis experiencias cotidianas, de mi salud, mi estado físico, mis afectos, etc. Siento que esa exposición es cruel y nos predispone a actuar de determinadas maneras o a transformar cualquier pensamiento-acción en un asunto de opinión pública. Entiendo que esto puede incluso ser una herramienta política y artística (la exposición masiva del cotidiano), pero no es mi manera de ver las cosas y simplemente no va acorde con mi forma de ser. Pero la incorporación de la intimidad en un escrito creo que va por otro lado. Más que una exposición la veo como una reivindicación del hecho de que la escritura está hecha de vida y escribir no se trata simplemente de especializarse en una disciplina intelectual. Por otro lado, la forma en que se transmite la escritura de esos poemas es absolutamente opuesta a una publicación en RRSS, que es instantánea. Le muestro mis poemas a tres o cuatro personas, antes de que los lea una editorial que con suerte publicará un libro en el que aparezcan un año después y cuyos ejemplares van a ir desapareciendo tímidamente de las estanterías a lo largo de los meses siguientes. Cero instantaneidad.  

– La infancia tiene un lugar troncal en Ambulancia, se puede apreciar en poemas notables como “Abundancia” o “Villanas”. En el video de YouTube de “Gente que viaja al horizonte” grabado en el Festival PM la proyección de fondo muestra a un niño corriendo por la orilla del mar, ¿qué tiene la infancia que siempre volvemos a ella?

Es en la niñez donde se conforma nuestro imaginario emocional y experimentamos situaciones que, aunque muy sencillas son muy fuertes. Estas experiencias las siento como preguntas que lanzamos al exterior y a las que el universo nos responde con reacciones orgánicas, sociales, físicas, geológicas, y cuántas otras. También el entorno nos pregunta cosas todo el tiempo; hay una comunicación ahí. La niñez para mí es como ser un extraterrestre que aterriza en un lugar en el que hay que volver a aprender a caminar, a hablar, y donde no sabemos si siempre vamos a poder respirar. Por este tema me interesó musicalizar a Ivonne Coñuecar en una canción que se terminó llamando “La infancia será”, como dice ella en el poema musicalizado “la infancia siempre será mi patria”. Es lo más parecido al patriotismo que alguna vez podré sentir; siempre seré fiel a mi infancia. Además, me interesa la idea de que la infancia no solo fue sino que también será.

 – Tu primer libro se publicó en 2008 por la desaparecida Ediciones del Temple, un sello que editó a importantes poetas que aún siguen publicando, ¿qué rescatas de ese proyecto y cómo ves el panorama de editoriales en relación a la poesía?

Ediciones del Temple apostó por la poesía joven en un momento en que si estabas sacando tu primer libro la autoedición era prácticamente la única posibilidad y conllevaba una gran invisibilidad. Conocí Ediciones del Temple cuando vivía en Temuco, y libros como Cartografía del Éter, de Damsi Figueroa, generaron un gran impacto en mí cuando en mi región los escritores contemporáneos que llegaban eran lejanos generacionalmente y se trataba siempre de nombres con trayectoria. Por esto, Ediciones del Temple contribuyó enormemente a derribar limitaciones culturales en cuanto a ciertas características (como la edad y la trayectoria) con las que se debía cumplir para poder entrar en el imaginario poético del país.

Ahora se ha multiplicado muchísimo el panorama editorial y las ferias independientes en distintos puntos del país, por lo cual existe mayor circulación de libros entre regiones. Aunque el esfuerzo sigue siendo mayor para las editoriales regionales y sigue siendo una proeza sobrevivir como editorial. La calidad de las ediciones es impresionante, no sé bien a qué se deberá eso, supongo que hay una especie de escuela editorial colectiva perfeccionándose, pero los libros están hermosos y también hay mucha experimentación formal y material. Las colecciones se han diversificado y ahora una editorial independiente puede estar editando poesía joven en una colección al mismo tiempo que publicando una traducción de una poeta de renombre mundial, reeditando un libro de culto, etc. 

 

 

– Hace poco lanzaste tu nuevo disco El sonido no coincide con la imagen, ¿nos puedes hablar algo de él?

El título del disco, así como varias de las canciones incluidas hablan sobre el sonido; como experiencia sensible, como fenómeno físico. Es un hilo conductor que se ve interrumpido a la vez por otras estéticas que tienen que ver con la niñez en relación a los cambios que vamos experimentando a lo largo de nuestra vida, la forma en que se configura el tiempo, el espacio y nuestras experiencias vitales para dar paso a este resbaladizo concepto de la identidad. En realidad, cada vez que me pongo a hablar sobre esto termino diciendo algo distinto, pero por ahí va.

En el ámbito sonoro, hay cambios, porque comencé a utilizar el computador y volví a los teclados, que era lo que más hacía cuando chica, pero esta vez con un controlador midi y un programa secuenciador de audio en lugar de un teclado Casio o un piano clásico. Este cambio y la adquisición de algunos equipos me permitió grabar todo el disco en mi casa, experimentar más con los arreglos, con la composición, tener más libertad y al mismo tiempo control de esa libertad. Hacer este disco fue para mí como una escuela. Me gusta mucho este disco y siento que me representa de forma clara. Creo que oscila entre canciones más oreja y otros pasajes más confusos, más densos. El sonido no coincide con la imagen salió por Discos PM, un sello que se desprendió de forma diría yo natural desde el Festival PM (Poesía y Música). Se lanzó en el GAM en noviembre y se puede escuchar online (Spotify, bandcam de Discos PM) y descargar (Portaldisc).

 

 

 

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