De ser numerosos (George Oppen)

De ser numerosos (2019)

George Oppen (1908-1984)

Traducción de Hugo García Manríquez

Editorial Aparte/ Matadero

ISBN: 978-956-6054-01-6

165 páginas

 

2019 fue un año lleno de buenas noticias para las traducciones de poesía en Chile. En este alentador panorama, Editorial Aparte se matriculó con dos joyitas replicando ediciones mexicanas: Mi vida de la poeta Lyn Hejinian y De ser numerosos de George Oppen. Este último autor ya había sido publicado en Chile por Ediciones UDP, pero ahora llega con tal vez uno de los libros de poesía más contingentes del momento.

Es reconocida la historia y trayecto escritural de Oppen, un poeta muy comprometido políticamente que en algún momento dejó de escribir por privilegiar su militancia comunista, hecho que lo arrastraría a un doble exilio: el de su país y el de su escritura. Publicado en una época convulsa (1968), De ser numerosos puede leerse como una larga meditación acerca de lo colectivo, de un divagar hacia el pensamiento empático, ir en su búsqueda. Una exploración de cómo el afecto vincula a los seres humanos y une, modificando la percepción de las cosas, la forma de entender el mundo. Eso es a lo que el hablante llama “claridad”; cuando uno es capaz de ver a través de ese ojo común, cito del poema “Ruta”: “Desgrana las cuentas de cromosomas como un rosario,/ El amor en los genes, si falla// No produciremos de nuevo un humano cuerdo”, más adelante: “Tomaron lugar// como la masa de las colinas” (pág. 119). El horizonte en donde nos reflejamos es la escritura genética que nos integra al paisaje y nos conmina a fundirse con el resto.

Es este ánimo de abrazo y compañía el que prepondera en los poemas numerados en De ser numerosos. Sin embargo, también hay crítica al amor fallando. El epígrafe del mismo poema, “el vacío perpetuamente generador” de Lu Chi da cuenta que pese al cromosoma que nos permita generar afectos, nada está escrito, que todo está por hacerse.

La percepción social contra la individual está en constante choque, lo que demuestra que no es un estado en el que el hablante llega a instalarse, sino del que está constantemente entrando y saliendo, leemos del poema “7”: “Obsesionados, perplejos// Por el naufragio/ De lo singular// Hemos elegido el significado/ de ser números” (pág. 31). El afecto empuja como olas, se debate como un péndulo entre esta noción de isla desligada del continente: “Yo estoy enamorado de las calles/ Y de los pedazos cuadrados de pavimento-// Hablar de la casa y del barrio y los muelles// Y eso no es ‘arte’” (pág. 41). Toda meditación de Oppen, pues el poema en su mayoría se plantea como esa divagación permanente, se cuestiona tanto la posibilidad de esta percepción colectiva como la posibilidad de un lenguaje que traiga consigo esa luz encandiladora de la tribu, el afecto y la pertenencia al grupo como una decisión política: “Las familias hablaban./ Se reunían en consejos/ Y conversaban, cargando objetos./ Eran crédulas,/ Sus cosas resplandecían en el bosque” (pág. 43).

El hablante de este poemario se mueve en busca de las raíces, como un árbol solitario que solo podrá moverse si es bosque, si la conexión con los otros seres vivos lo llevase a comprender de mejor manera su relación vital con el mundo. Es una voz que estando sola se asfixia, se muestra incapaz de salir de un lenguaje-habitáculo estrecho, asir las cosas comunes y simples. Y esto no puede leerse sino como una crítica brutal al individualismo competitivo de la sociedad de consumo que impulsó Estados Unidos, un ethos que proliferó en todo el mundo. Por eso la contingencia de este libro en el Chile de 2020, leemos del poema “20” que parece casi profético en relación al 18 de octubre: “-Esperan/ Guerra, y la noticia/ Es guerra// Como siempre// Que los jugos puedan fluir en ellos/ Aunque los jugos mienten.// Grandes cosas han sucedido/ Sobre la tierra dándole historia, ejércitos/ Y hordas harapientas en marcha y pasiones/ De esa muerte. Pero quién escapa a la/ Muerte// Entre estos pasajeros/ Del metro// Ellos conocen/ Ahora tal como yo conozco// El fracaso y la culpa/ Del fracaso” (pág. 59).

De ser numerosos es un libro que alcanza grandes alturas, un libro parco, redondo en el sentido de concluir un ciclo perfecto. Brota, como la flor del loto, del fondo del barro y despliega un sutil encanto que nos logra conectar casi a sobresaltos, leemos del poema “16”: “Aquel que no trabaje no habrá de comer…/ pero aquel que trabaje dará a luz a su propio padre”. Joya, amuleto, perla, como quieran. A este tipo de libros se les suelde tildar de imprescindibles.

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