Paraíso canalla (Francisco Mouat)

Paraíso canalla (2021)

Francisco Mouat (1962)

Overol

ISBN: 978-956-6137-07-8

112 páginas

 

Hay un cuento futbolero felizmente famoso titulado «19 de diciembre de 1971» del argentino Roberto Fontanarrosa, pero al que la gente acostumbra a referirse simplemente como el cuento del Viejo Casale. En él un grupo de hinchas canallas descubre que hay un hombre —el viejo Casale— que jamás ha visto perder de local a su equipo contra su eterno rival. Hablamos, por supuesto, del clásico argentino entre los equipos Rosario Central (los canallas) y Newell’s Old Boys (los leprosos). En el relato de Fontanarrosa el grupo de hinchas canallas secuestra al Viejo Casale, a quien el doctor le prohibió exponerse al fútbol por estar ad portas de un infarto, y lo llevan a ver el clásico del equipo de sus pasiones, pero no hablamos de cualquier pasión, sino que se trata de la pasión futbolera-argentina, que es un género de pasión en sí misma. Ese partido termina, por supuesto, con un triunfo de su equipo gracias al gol de paloma de Aldo Pedro Poy, jugador canalla, ídolo hasta nuestros días, mito viviente para el pueblo canalla.

Esta explicación es necesaria para comprender el movimiento argumental que hace Francisco Mouat en Paraíso canalla. En esta novela, contada en el tono que cualquiera que haya leído las crónicas de Mouat reconocerá con gusto, el narrador nos cuenta lo que pasó de verdad con el Viejo Casale —en esta «verdad» ficticia que nos regala siempre la literatura—. Y es que en esta novela con tono de crónica, el narrador nos invita a presenciar, siempre desde el punto de vista de la hinchada canalla y desde el furor con el que se vive el fútbol en argentina, qué pasó con el Viejo Casale, en un desvío del cuento de Fontanarrosa. Así nos relata el Francisco Mouat que narra esta historia canalla, que el Viejo Casale realmente no murió en el estadio junto al gol agónico de su equipo, sino que escapó, se fue con el grupo de hinchas que supuestamente lo secuestró. Se arrancó. Se largó. Se empampó en la historia, fugándose de su propia historia personal. Quedando inmortalizado en el cuento de Fontanarrosa como el hincha que murió feliz por su equipo viendo que los canallas derrotaban una vez más, gracias a él, al Ñusolboys (como se nombra en el libro, siguiendo la jerga). La sobrevivencia a ese partido es el punto de inicio de este relato.

“Me puse a pensar en cómo construimos las vidas de las personas y las historias que protagonizan cuando las cercamos en sus propias palabras, en las palabras que dijeron, en vez de intentar leer sus silencios. Los atrapamos en sus palabras dichas, en vez de librarlos de ellas y permitir que puedan escribir un nuevo relato que comience donde decidamos nosotros.” (páginas 56-57)

 

Desde ese punto de partida la narración corre por un doble carril, por un lado la conmemoración anual del gol de Aldo Poy (sí, cada año y sin falta se conmemora este gol desde el año 1971) con las dificultades que la pandemia supone en estos días, así como otra serie de complicaciones domésticas y, por otro lado, por el relato supuestamente sencillo de qué ha sido la sobrevida a su propia muerte presunta, por parte del Viejo Casale.

“Gina, su hija, no se llevaba bien con su madre, y la relación entre ellas se tensionó demasiado desde que el Viejo se perdió la noche del 19 de diciembre de 1971. La señora Tota le había pedido que lo vigilara, y Gina se resistió todo lo que pudo porque sospechaba de su padre. Además, Gina tenía asuntos propios que atender.” (página 76)

Francisco Mouat tiene una prosa de esas que se suele tildar de sencillas, y esta novela no es la excepción. Sin embargo, producir ese efecto de «sencillez», eso de que la narración pareciera estar siendo contada en una sobremesa con los amigos, es un efecto dificilísimo de conseguir. Esa es la prosa de los buenos cronistas. Mouat es un gran cronista, un gran contador de historias, que va deshilvanando con humor y gracia. Por eso es que Paraíso canalla es una novela que se lee con velocidad y voracidad. Y no importa nada si al lector no le interesa el fútbol: esta es una novela igualmente disfrutable gracias a la capacidad de su autor de contar historias. Y porque el fútbol no es el tema central, sino más bien lo es la amistad, su perdida, la extrañeza y la lejanía de las familias, cómo alguien puede desaparecer y que nadie te busque, tal como ya ha explorado en la imperdible El empampado Riquelme.

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