Nina Avellaneda: “Estar perdido obliga a mirar las cosas desde un ángulo nuevo”

Publicada recientemente por la editorial valdiviana Komorebi, Souza debería llamar la atención. Es una novela corta que, al tener como personaje principal a un hombre de la clase trabajadora, le otorga cualidades que, nos damos cuenta, no son las habituales de las ficciones chilenas, donde tanto autor se llena la boca con su supuesto amor hacia su clase y rara vez hace más que describirlos de manera genérica, incapaz de hacerlos pensar ni, por ejemplo, vestirse distinto a lo que sea el promedio de su segmento social. Así, haciendo esta distinción, este Souza que le da nombre al libro es parte de una trama ágil sobre dobles, identidad y sobre lo teatral, entre otros asuntos. Hablamos con su autora, Nina Avellaneda (1989), autora también del libro de relatos La extravía,  y esto nos contó:

Cuéntanos cómo surgió Souza, libro que tuvo una versión previa (Vida de Souza, editorial Traza, 2020) editada el año pasado, y qué diferencias hay entre los libros.

Surgió a partir de una imagen. Un hombre sencillo, un trabajador, se encuentra consigo mismo, pero fuera de sí. Podríamos decir que se encuentra con su doble, pero eso es una interpretación.
Es tal vez una imagen recurrente en la literatura, en el cine, pero yo quería escribirla, quería describir las sensaciones de ese hombre, cómo se presenta el misterio y cómo puede no requerir una resolución.
Con ese hecho comienza y termina la novela, es importante, y al mismo tiempo es una excusa para todo lo que ocurre en medio. Quería escribir también un libro distinto al anterior, escribir sobre las cosas que me gustan, armé un relato a partir de eso, pero en la escritura, y eso es lo interesante, aquello por lo que uno se inclina se abre hacia sitios insospechados, hice esa exploración y por momentos sentí una especie de alegría escribiendo.
La diferencia entre la plaquette que salió por Traza y el libro que publicó Komorebi es simplemente la extensión. Vida de Souza era un adelanto.

 ¿Cómo surge el personaje principal del libro? Porque llama la atención que este Souza, siendo un albañil, está lejos de las descripciones en bruto que se suelen hacer de la clase trabajadora, donde el trabajador rara vez tiene una dimensión intelectual o espiritual, y muchas veces es utilizado para posicionarse como ejemplo de buena conciencia.

Para mí era fundamental que el protagonista fuera un trabajador, un hombre que hace su labor diariamente y que parece no conseguir jamás una recompensa por eso. Me han comentado un par de veces que hay un problema de verosimilitud en que un albañil sea un sujeto con una capacidad insólita de observación, como lo es este personaje, y a mí me parece que quienes piensan así probablemente nunca han conversado con un obrero de la construcción,  con una empleada doméstica o un campesino, por nombrar ocupaciones que se desprecian. Es un prejuicio enorme, y una estupidez pensar que por trabajar en determinado empleo alguien carece de una dimensión espiritual, que no concluye cosas acerca de la vida. De todas formas Souza no es un intelectual, es simplemente alguien que observa y que se abruma, por lo tanto, en lugar de atar ideas, como hace un intelectual, desata y destraba,  y es un sujeto simple, y al mismo tiempo totalmente desafiante.

 El libro usa el tema del doble como elemento que dispara la ficción. Usualmente se usa para generar tensión, pero este no es el caso. ¿Nos cuentas cómo quisiste usar ese recurso?

Qué bueno esto que comentas porque es verdad que no es un hecho que sea el centro del conflicto. Hay una apuesta en el libro por presentar una multiplicidad de realidades que no se anulan entre sí. En este sentido,  la aparición del doble es un misterio que no necesita ser descifrado. Intentaba con este hecho constatar un misterio, exponerlo, mirarlo detenidamente mientras la vida de los personajes transcurre. Me parecía interesante además que quien percibe la unicidad en todo lo que ve estuviera expuesto al encuentro con su igual. Son categorías complejas todas estas, yo no pretendo postular nada, solo las exploro a través de este personaje y su interacción con los demás.

¿Qué significa para ti la música del Brasil de los setenta, del Tropicalismo? Porque aparece con mucha preponderancia en Souzay, me parece, también había referencias a esa música en La extravía.

Amo la música de los 70. La música brasileña en especial me encanta por su nivel de experimentación, da la sensación de que solo se obedece a sí misma. Supongo que también tiene que ver con que las letras, cuando hay letra, están en un idioma que tiene similitudes con el español, pero que no lo es. Entonces las palabras aparecen con una desnudez o una materialidad que me gusta ver y escuchar. Considero que hay cierta sabiduría además en mucha música brasileña, las letras de algunas sambas, tan festivas, hablan de la dificultad, de lo distintas que son las cosas a como las imaginábamos, y sin embargo, ya que estamos aquí, y ya que amaneció vamos a hacer algo bueno con eso.  Esa idea está en sintonía con Souza. En La extravía creo que no aparecía música de Brasil, pero sí música mucho más antigua de lo que por generación le correspondía a Ana, la protagonista. La tendencia al pasado, y los vínculos con personas que les llevan décadas de delantera, tanto a Ana como a Souza, supongo que los vuelven sujetos un tanto atemporales, o desplazados. Aunque esto último no sé si es causa o consecuencia. Prefiero pensarlo simplemente como algo que sucede y los vuelve especiales a su modo.

En estos momentos estás haciendo unos talleres sobre la poética del extravío, de las derivas. Claramente, tanto en Souza o como en La extravía, estos recursos son importantes. ¿Podrías contarnos cómo lo trabajas?

El taller lo suspendimos por el momento, pero espero hacerlo más adelante. El extravío, la poética que hay allí, es algo que me obsesiona de alguna manera. Percibo una potencialidad enorme, lo pienso como un estado de cuestionamiento constante acerca de los procedimientos con que nos armamos. De pronto no saber, estar perdido, obliga a mirar las cosas desde un ángulo nuevo, y esa es la mirada que me interesa, asumir una mirada extraterrestre. Pararse en un andén de metro o en medio de la selva y no saber nombrar, no encontrar palabras que designen. La desorientación física es buena en ese sentido porque obliga a moverse, a tomar decisiones basadas no solo en la razón, sino también en lo que el cuerpo dice. Para la escritura creo que es fundamental la escucha del cuerpo, todo lo que sentimos pasa por allí, y lo que pensamos, que son elaboraciones de la razón a partir de la información que nos brindan los sentidos. La razón, como diría Nietzsche, a veces falsea la verdad de los sentidos “introduce la mentira”, dice él. Cuando la razón está a media luz, el cuerpo pasa a un primer plano que puede hacer aparecer un lenguaje nuevo, o al menos renovado.

 ¿Qué estás leyendo ahora?

Estoy leyendo Cuyo, de Nuno Ramos, un libro breve y muy interesante. Se puede empezar a leer desde cualquier página, siempre está comenzando, o eso me parece a mí. Terminé hace poco la novela Los perplejos, de Cynthia Rimsky, y la antología poética Las secretas costumbres, de Antonia Torres. Me parecieron ambos muy delicados, de una agudeza o fuerza delicada al mismo tiempo. Pendiente tengo Manual de inquisidores, de Lobo Antunes.  

Por último, ¿qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Daniela Alcívar, Verónica Jiménez, Carolina Pezoa, Kurt Folch, Víctor Quezada. Y soñando un poco, Alberto Caeiro y Werner Herzog.

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