Iluminación artificial (Cristofer Vargas Cayul)

Iluminación artificial

Cristofer Vargas Cayul

Provincianos editores

ISBN 978-956-09492-8-8

103 páginas

 

En las páginas iniciales de Iluminación artificial, la primera novela de Cristofer Vargas Cayul, vemos cómo dos hermanos y su abuela se ven obligados a dejar la casa donde viven de allegados y se van a vivir a una toma. En la toma no hay nada más que hostilidad: no hay agua potable ni luz, y deslinda por un lado con un basural y por otro con los vecinos de “las casas grandes” que se organizan a sus espaldas para reemplazar a estos nuevos vecinos indeseables por parques o arboledas. En ese lugar el protagonista vive su infancia, entre el martilleo con el que se van levantando las precarias casitas de tablas y pizarreño, y las montañas de basura que le sirven de campo de juegos, siempre bajo el peligro de ser desalojados de ese terreno en pugna.

 

“Las furgonetas bloquearon la salida, los zorrillos llenaron de gas los pasajes, un gas picante que cortaba la respiración e irritaba los ojos. En ese momento no supe si ir a tirar piedras o entrar y pedir a quien fuera que todo el escándalo acabara. Po un momento junté las manos, pero no pude rezar”

Iluminación artificial es —como tantas otras de las que están escribiendo jóvenes de esta generación— una novela sin padres: ausentes, se han marchado o si están son incapaces de ocupar el lugar de resguardo y seguridad que deberían proveer a los menores. Esa figura en esta novela está medianamente suplida por la abuela de los menores, quien sufre enfermedades propias de la vejez, pero que son agravadas por la pobreza extrema junto a la imposibilidad de tener una adecuada atención médica. Así que ella, a pesar de todo el cariño que da a sus nietos, más pronto que tarde se convierte en una persona que los niños deben cuidar, y no viceversa.

“La mami se queja por los dolores. Todos los días le pide a la Virgen rezando con la medallita que el tío Fernando le trajo del norte hace años. Nunca se la saca. Hay días en los que no logra levantarse. Me da una sensación entre rabia y tristeza cada mañana que tengo que partir al colegio en vez de estar trabajando o cuidándola. Es lo único que tenemos. Ya no está el tío Fernando, la plata nos falta. Esa ausencia a ella le duele el doble, el triple. No sabría decir cuánto. Nunca la vi llorar después del entierro. Quizás eso es lo que se la está comiendo por dentro.”

Mientras tanto la vida de estos muchachos, más niños que jóvenes, oscila entre los relatos de ovnis, las conspiraciones, las peleas con sus amigos y las que presencian u oyen en las casas vecinas. Esa misma oscilación entre niñez y adultez, entre pobreza extrema y pujanza por salir adelante, esperanza y derrota, es la que se produce con la luz eléctrica, esa que tienen y no tienen, de la que se les priva como castigo por ser pobres y no tener una casa propia, esa que cuando está parece una bendición, pero que obtenerla puede costar la vida.

Iluminación artificial se constituye como un conjunto de pequeñas escenas, como un relato cercado y constreñido dentro del espacio barrial de la toma; es una narración que se niega conscientemente a avanzar porque tampoco progresa su protagonista ni su pequeño hermano. Es imposible hacerlo en esas condiciones y esa misma sensación se produce en la lectura, lo que reproduce un espejeo interesante entre la manera en que viven estos muchachos y cómo se desarrolla la narración que jamás se expande, sino que se estrecha en el espacio agobiante de la toma. Es un paisaje y relato constreñido, que funciona para graficar la imposibilidad de esas vidas, de una pobreza que cercena oportunidades a quienes la sufren y que molesta con su presencia a quienes la observan. La toma es un pequeño mundo cerrado del que la narración no escapa. Sus pasajes, sus charcos de barro, el frío que se cuela por el entablado de los muros, la lluvia que golpetea sobre el plástico de los techos, todo está ahí para conformarse en un lugar que agobia y que encierra a sus habitantes porque con su pobreza, con su sola presencia, se han vuelto un problema para los demás.

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