Ella estuvo entre nosotros (Belén Fernández Llanos)

Ediciones Overol diseñoPor: Claudia Requena

Ella estuvo entre nosotros (2019)
Belén Fernández Llanos (1986)
Overol
ISBN 978-956-9667-39-8
102 páginas

Todos tenemos un muerto. No importa el lugar que ocupe en el árbol de nuestra vida. Todo dolor parte desde las raíces y brota por nuestras venas compartiendo un sentimiento cuyo significado es el mismo independientemente del hemisferio en el que habites.

Quizás por ellos, por nuestros muertos, cada línea que leemos sobre la muerte, su proceso y su póstuma digestión cobra un sentido mucho mayor y nos quiebra entre párrafos. Ella estuvo entre nosotros ha sido mi digestión.

La autora ha conseguido —a través de sus capítulos breves y la reconstrucción del proceso de enfermedad de su madre— que una parte de mí perdiera la entereza y me adentrara en una familia, en sus diferentes roles y en la forma en la que cada uno de ellos afrontaba uno de esos momentos de la vida que te quiebran los huesos y cuya cura es un proceso de tiempo, mucho tiempo. De lamerse las heridas y seguir mirando atrás con el amor que algún día tuvimos por ese ser que nos protegió entre sus brazos.

Una mirada infantil, desbordaba de inocencia y madurez prematura, nos introduce durante todos los capítulos en su propia historia y cómo vivió aquella etapa. Sus diferentes fases y la aceptación de una muerte temprana, siempre de la mano de su mejor amiga. El libro está ambientado en Chile, mostrándonos una imagen que no dista mucho de la realidad actual o lo que he podido ver estos meses visitando el país: que el tiempo pasa pero los pilares básicos del país siguen envejecidos, como es el caso de la sanidad.

Esa mirada infantil es la que nos acompaña de la mano toda la historia mostrando no solo el inicio de la enfermedad, o cómo pudo toparse con la realidad que marcaba a su familia, sino con aquello que quizás nadie te cuenta. El después. El primer desayuno, los alimentos que te trasladan a una época en la que la ausencia no formaba parte del día a día. O el perfume. Qué detalle tan fundamental. Si algo nos lleva al recuerdo y nos ayuda a estar más cerca de la persona fallecida es su olor o la inexistencia de este.

La autora lanza un grito desgarrado y delicado relatando a la perfección una situación que innumerables personas viven día a día y que puede verse reflejado en cada detalle, una cercanía necesaria entre la autora y el lector que crea un vínculo más allá de las palabras.

De manera pausada y reflexiva la novela va desenlazando los cambios físicos de la enfermedad pero también las consecuencias que repercuten en los familiares cuando todo pasa. Y es que cuando la persona se va, gran parte de tu vida se va con ella. Tú mismo te vas con ella. Y el último momento a su lado te acompaña en todas las decisiones de tu vida. Por ello, la autora nos narra la importancia de la despedida o cómo ella la sintió tiempo después. Un sueño y una conversación llena de preguntas cuyas respuestas quedan dentro de aquel tren que les permitió unos minutos juntas.

Sin duda, una novela que se caracteriza por la sensibilidad que transmite acercándose al lector de una manera impresionante. Haciéndote volver a tu propia historia y revivir aquellos sentimientos que creías superados.

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