Texto de presentación de “Trocha” de Rodrigo Ramos Bañados, por Felipe Reyes

“TODOS LOS SINÓNIMOS DE ESPERANZA”

Trocha, de Rodrigo Ramos Bañados.

Por Felipe Reyes

 

En una brevísima sinopsis editorial de la última década, pese al significativo incremento de personas de diversos países latinoamericanos en nuestro país, el tema de la inmigración avanza a paso lento en encontrar su reflejo en la narrativa local, con apenas un puñado de autores y obras que han intentado dar cuenta de esa vivencia y sus avatares, de la dificultad y la valentía que muchas veces significa el esfuerzo y la convicción de moverse de un país a otro, y labrar con la materia prima del lenguaje la pieza única de la experiencia: el desarraigo, la adaptación, la incertidumbre permanente, la enclenque expectativa que experimenta una persona que decide instalarse en otro lugar abren un campo de múltiples posibilidades para la escritura.

Uno de esos autores que han indagado en la vivencia migrante en nuestro país y el ambivalente vínculo con las comunidades locales es Rodrigo Ramos Bañados, quien esta vez constata las consecuencias de las argucias legales contra los ciudadanos venezolanos, destinadas a establecer un mecanismo administrativo para frenar el ingreso de quienes se habían vuelto indeseables a los ojos del Estado chileno, indolente a la crisis humanitaria que vive ese país, haciendo casi imposible que una persona o un grupo familiar proveniente de Venezuela pueda ingresar a Chile de manera regular. Contribuyendo, además, a los discursos que criminalizan y estigmatizan las únicas formas de ingreso que quedan disponibles: arriesgarlo todo, seguir la trocha, ese sendero o camino en medio del desierto, a tres mil metros de altura y un clima extremo, por el que cruzan cientos de personas por pasos clandestinos hacia Chile. Y es también el título del último libro de Rodrigo Ramos Bañados, una crónica-relato documental que narra el desplazamiento interior y exterior de un reportero que deja la urgencia de la redacción del diario y asume como profesor reemplazante en un colegio de alumnos migrantes, en medio de las restricciones de la pandemia que definen las formas de trabajo y comunicación, y el final de su vida en pareja que ensombrece su presente afectivo mientras observa y registra el entorno, la brutalidad y la violencia hacia esos nacidos en otra tierra que ahora pueblan las calles de su memoria, una ciudad en permanente tensión por el tránsito de los inmigrantes que alteran el cotidiano pausado de las provincias fronterizas del norte, en las que, para muchos, tener otro acento y la piel más oscura es sinónimo de delincuente.

La escritura de Ramos Bañados vibra en la observación del otro, humanizándolo, dándole nombre y voz a los relatos de vida detrás de las cifras; indagando en las historias detrás de esos rostros cansados que han recorrido miles de kilómetros plagados de tropiezos y peligrosas frustraciones: el robo, los coyotes y la trata de blancas, los largos recorridos por el desierto y el creciente racismo xenófobo que los espera, y que son el pan de cada día de quienes han creído que el sueño de la cacareada integración continental también se traducirá en oportunidades para los ciudadanos que deciden migrar en buscan un lugar donde iniciar una nueva vida. Escribe: “Meses caminando. Semanas caminando. Días caminando. La caminata partió en el trópico. En el caribe. Con calor. Con mosquitos. Con sudor. La caminata culebreó. Siguió. Con hambre. Con maltratos. Con peligros. Con y sin pasaporte. Un coyote los botó detrás de los Andes. Al otro lado de la montaña. Delante del sueño. La posibilidad. El dinero. El amor. La tranquilidad. El cambio. El destino. La eternidad. Todos los sinónimos de esperanza. Los pueblos con la bandera chilena surgen detrás de la loma. Son pueblos pequeños, inhóspitos y ásperos. Las miradas son hostiles. Los perros les ladran. Algún camionero les tendrá compasión y los dejará cerca de una comisaría. Firmarán unos papeles. Chile se les abre como el hocico de un cocodrilo”.

Entre Antofagasta e Iquique, en la ruta, en una plaza, en cualquier calle del centro, el narrador pone en práctica la sentencia de Rodolfo Walsh, “escribir es escuchar”, para captar las voces de sus retratados y fundirlas con la suya, para tejer con esas mismas hebras su propia trama, elaborando una literatura que relata en la tensión entre el hecho de que lo imposible es verdadero y que lo verdadero es inverosímil. Un híbrido narrativo que es la prueba de un presente, y que nos devela hechos, motivaciones y anhelos de los que deciden migrar; del desamparo y la incertidumbre que acecha al narrador y a las mujeres y hombres que van compartiendo su experiencia, la que vamos conociendo a través de una escritura que, con precisión lingüística, hace de la incertidumbre literatura. Incómoda, pero ineludible.

Como en sus obras anteriores, Ramos Bañados elabora una geografía literaria de ese árido norte que se traga los cuerpos, de la vida en las zonas portuarias y fronterizas cuya historia está atravesada por la inmigración y el desplazamiento, configurando lo que Josefina Ludmer denomina “una literatura postautónoma”: “no importa si son realidad o ficción. Se instalan localmente y en una realidad cotidiana para ‘fabricar presente’ y ese es precisamente su sentido”.

Hoy, en un momento decisivo para el país, en el que se intenta resucitar a punta de mentiras y realidades ambiguas el rancio pinochetismo devenido en neofascismo cavernario, que propone zanjas para frenar la inmigración, este libro nos permite reflexionar sobre la importancia y la necesidad de un cambio cultural y una política migratoria más humana, pues si de migrar se trata, no hay visa ni zanjas ni fuerza militar que pueda detener el movimiento de personas en busca de una esperanza.

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