Cristian Geisse: “Cuando un crítico trata de silenciarte, o rebajarte, ¿no está tratando de que aquellos que considera cercanos a su descendencia –digamos– ideológica, prospere?”

 

Entrevista de Álex Saldías

Cristian Geisse (Vicuña, 1977) es licenciado en Letras, magíster en Literatura Hispánica y diplomado en Fomento de la Lectura y Literatura Infantil y Juvenil. Ha sido becario de la Fundación Neruda, del CNCA y ha publicado Los hijos suicidas de Gabriela Mistral, En el regazo de Belcebú, El infierno de los payasos, Los nortes que hay en el norte, Ñache, Tres poemas, Ricardo Nixon School y Pobres Diablos. Ganó el Premio a las Mejores Obras Literarias en la categoría cuento inédito por Fue como un padre para mí (2017) y el Premio del Círculo de Críticos de Arte por Pobres Diablos (2018)

Hoy le preguntamos al autor por su novela Sapolsky (2021) publicada este año por la editorial Emecé, Cruz del Sur. La contraportada dice:

Pedro Araniva Pavián es el nombre del pobre diablo que busca obsesivamente al científico Robert Sapolsky, su doppelgänger. Para dar con su paradero, el protagonista realiza una exhaustiva y delirante investigación que unifica la vida, el pensamiento y la obra de este famoso primatólogo para leer su propia existencia”.

“Antes de comenzar con las preguntas me gustaría saludarte con mucho respeto y admiración. Creo que Sapolsky es una de las mejores novelas que he leído este año. Me entretuve mucho, tanto como cuando leí “Ricardo Nixon School”. La estructura me pareció arriesgada, pero bacán, en el más profundo sentido de la palabra “bacán”. Por otra parte, Pedro Araniva Pavián me pareció un sujeto entrañable, creo que lo comprendí y hasta me hice amigo de él. Eso, maestro, felicitaciones”.

Gracias por las palabras iniciales. La literatura da muy pocas recompensas, muy dilatadas en el tiempo. A veces no entiendo por qué hago esto, a veces creo que no debiera hacerlo más: ha deformado mi vida y me ha llevado por extraños caminos a los cuales cada vez me cuesta más darles un verdadero sentido. Entonces cuando un desconocido me dice que lo que escribí lo tocó de alguna forma, se me ocurre que quizás no todo fue en vano. Así es que gracias. Ojalá mis respuestas tengan algún brillo.

Ahora las preguntas: 

 

1.- Lo primero que llama la atención al abrir el libro, es que nos encontramos con el fragmento de una carta escrita en mal inglés y traducida al español en el pie de página. Esta entrada remarca que existe una intencionalidad potente que puede vislumbrarse incluso al inicio de la obra. Tomando esto en consideración ¿nos podrías contar cómo fue el proceso de escritura y edición de “Sapolsky”? 

La que quedó es la versión 19. El libro sufrió muchos cambios y yo tuve muchas inseguridades acerca de si era conveniente publicarlo o no. Lamentablemente por mucho tiempo no tuve retroalimentación, pero un par de buenos amigos lo leyeron antes de entregarlo al editor y me dieron consejos y algo de confianza. Lo tenía tan encima, estaba tan sumergido, que ya no podía verlo con claridad. Fue un poco desesperante, pero jamás perdí de vista la idea de que fuese un libro cercano a la experimentación y accesible al mismo tiempo. Al final el editor hizo modificaciones y a veces pienso que metió mucha mano, pero finalmente no cambió un ápice de la esencia del libro. Hizo sus sugerencias y quitó mucho ripio, pero yo pienso ahora que algunas cosas debían de haber quedado. Como sea, es posible que no sea la versión final. Quizás con el tiempo tenga la oportunidad de entregar un texto verdaderamente definitivo, que no se diferenciaría mucho de lo que hay ahora, pero que me permitiría descansar en paz. Aunque así como se dan las cosas para mí, van a pasar años antes de que algo así suceda, y es muy posible que jamás suceda.

 

2.- “Sapolsky” es una novela muy divertida e intensa a la vez. Nos reímos del personaje, pero también sentimos lástima por él.  Tomando esto en consideración ¿De qué manera podrías referirte a este cruce de tonalidades, entre cómicas y devastadoras?

Yo me crie entre mucha gente a la que le gusta reír. Y también entre mucha gente a la que le gusta hacer reír. Admiro eso. Al mismo tiempo la procesión se lleva por dentro, pero ahí está. Incluso en medio de las miserias más grandes he visto a gente echando la talla. No creo que la vida sea necesariamente una tragicomedia para todos, pero el contraste puede ser bello. Yo soy de risa fácil. No me gusta llorar y casi nunca lloro. Entre reír y llorar, para mí es claro que es mejor reír. Pero se llora. En fin, la vida.

 

3.- El tratamiento de la ficción en tus novelas y cuentos es uno de los aspectos que más me han llamado la atención al leerte. Hay ciertas alegorías tremendamente significativas, pero que no muestran todo su contenido a la primera, sino que le dejan la pega interpretativa al lector. Pienso en el perro/alumno que aparece en Ricardo Nixon School, en tus cuentos sobre el Diablo, y en el sueño de la Machi que aparece en Sapolsky. Me gustaría saber ¿qué piensas sobre el tratamiento de la fantasía dentro de tus obras?

Lo que sucede con la alegoría es que por definición tiene un significado unívoco que se encuentra, digamos enmascarado. En ese sentido no hago alegorías y sí dejo la posibilidad de múltiples interpretaciones al lector. Kafka pedía que no leyeran sus libros como símbolos. Creo que lo que buscaba era un efecto estético, muy cargado emocional e intelectualmente, claro, pero que se alejaba de la alegoría ampliando las posibilidades de recepción. Pienso que yo también busco efectos estéticos más que simbolismos. A todo esto, la historia del sueño de la machi está basada en gran parte en hechos reales. Igual la definición de lo fantástico, como una especie de fisura donde dudamos sobre la naturaleza de la realidad me satisface bastante. Me es muy fácil alejarme de los dogmatismos, no tengo muchas convicciones, tengo muy pocas certezas. Me es fácil situarme en puntos limítrofes, sobre todo entendiendo que nuestras construcciones de la realidad están muy condicionadas por lo que creemos saber. ¿Será posible que la gente no entienda que lo que cree comprender le fue enseñado, que de una u otra forma gran parte de sus interiorizaciones son ajenas, están cargadas de su cultura, de su formación? Quizás sea posible que algunos efectos estéticos y fantásticos estén ahí para tratar de remecer nuestras concepciones. Lamentablemente, pienso, en el ámbito de la literatura o del arte, eso se encuentra muy restringido a fronteras que ya delimitamos demasiado bien. Pero pienso que también esos efectos están afuera del ámbito artístico y atacan nuestras ideas de la realidad. Yo prefiero incluso esas apariciones fantásticas en la realidad que en el arte. Y las hay. Y las habrá siempre. Yo, en todo caso, dentro de la literatura y el arte, ando buscando esos puntos problemáticos, limítrofes, que sacuden nuestras perspectivas.

 

4.- Vi una entrevista en El Mostrador en la que te refieres al cruce entre literatura y ciencia. En ella mencionas tu interés por el componente literario de ciertas obras científicas como “La montaña de almejas de Leonardo” y las novelas escritas por Keppler o Hawking. ¿Nos podrías contar más sobre este interés tuyo en las obras científico/literarias o literario/científicas?

A veces un científico puede actuar como un verdadero artista. Se habla por ejemplo de “experimentos elegantes” o “ecuaciones bellas”. Es muy interesante escuchar a Feynman, el físico, declarar que quizás un científico incluso esté más dotado que un poeta para observar la belleza de una flor. Lamentablemente para la gran mayoría de los profanos, se nos hace difícil entender toda la profundidad de ciertas concepciones sobre, por ejemplo, algunos problemas lógico matemáticos, o las visiones asociadas a la física cuántica, o a la neurobiología, pero claramente ahí hay un lenguaje que algunos hablan muy bien y que otros entienden a medias, pero que permite algo parecido a la poesía, a una poesía deslumbrante, en términos de una configuración estética basada en nuestra facultad de transfigurar la realidad a signos. Creo que la gran mayoría de los escritores literarios tienen más dificultades para acceder a ese tipo de belleza científica, que la que tienen la mayoría de los científicos para acceder a la estética literaria. Quizás haya una deuda por parte de los escritores y posiblemente mucho que aprender en ese sentido. Pero esta es solo una de las muchas disquisiciones me pasan por mi mente cuando me pongo a pensar el asunto.

 

5.- El territorio donde se desarrolla “Sapolsky” está muy bien definido y juega un rol importante dentro de la estética con que funciona la obra, además otorga un aire refrescante para los lectores santiaguinos como yo. ¿De qué manera lees tú la presencia del paisaje norteño, desértico o “vicuñense” en la novela?

Creo que no me queda de otra.  Me cuesta mucho salir de acá. Por años busqué irme a otros lugares sin conseguirlo. Ahora me encuentro un poco resignado. Capaz que nunca vuelva a Santiago. Ojalá no hiciera falta.  Como sea, creo que si viviera en otros lugares, lo que escribo trataría de aquellos lugares. Pero quiero pensar que en suma es mucha más la gente la que vive en provincias que en capitales. Sea cual sea el caso, no quiero verlo como una limitación. Creo que es bueno pensar que no hay un centro, sino muchos, y que desde cierta perspectiva, cualquier lugar podría ser un centro. A mí me parece muy importante despoblar las grandes ciudades, incluso intelectualmente. Hay cierta libertad y frescura en los lugares alejados de los centros de poder, quiero también decir en los centros de poder simbólico, intelectual, académico. Quiero pensar que cada vez hay más posibilidades de hacer aportes relevantes en todo orden de cosas desde lugares que no son Nueva York ni París ni Santiago. Muchos factores ayudan actualmente. Ojalá eso continúe así. Creo que nos haría bien a todos.

 

6.- Sapolsky es una novela donde, además de encontrarnos con una historia, nos encontramos con varias reflexiones en torno al comportamiento humano y su directa relación con las pulsiones animalescas que todavía residen en cada uno de nosotros. Es muy interesante además la relación que haces entre las comunidades de primates y las comunidades artísticas y literarias. Hago mención especialmente al poema “Go and kill the kids, gorilla” ¿Nos puedes hablar un poco más sobre esto?

Puede ser una extrapolación. Creo que fue bueno plantearlo en una novela, porque no necesariamente tiene que ser cierto. Pero en una de esas algo hay. ¿No te parece que es así, que seguimos viviendo en especies de manadas, donde solemos establecer jerarquías? ¿Y que desde esas jerarquías se agrede, se establecen alianzas, se entablan relaciones, ya sea de dominio, de sumisión o subversión? Muchos críticos y escritores se comportan como alfas, a veces violentos, a veces arteros. ¿De dónde viene eso? Es bueno alejarse del determinismo, eso lo tengo claro. Pero es posible que sean comportamientos biológicos permeados por nuestra cultura. Cuando un crítico trata de silenciarte, o rebajarte, ¿no está tratando de que aquellos que considera cercanos a su descendencia –digamos– ideológica, prospere? No quiero mencionar a ningún gorila en específico, pero es posible que se comporten parecido a esos machos alfas que matan a las guaguas de otros machos para hacer traspasar sus propios genes a la siguiente generación.

 

7.- Ya cerrando, tomando en consideración los actuales discursos descentralizadores del momento constituyente en que nos encontramos, me gustaría preguntar ¿cómo ves el panorama de la narrativa actual de las regiones? ¿qué autores recomiendas? 

Bueno lo veo. Lo que sí, debo declarar que no estoy muy actualizado respecto a la literatura en general. Me he concentrado en otras cosas, y mis investigaciones y ejercicios me han llevado hacia otros lugares, aunque pensando siempre que quizás sea bueno para mi propia escritura. Como sea, yo me siento bien orgulloso de asociarme con la gente de los Pueblos Abandonados, desde ahí está saliendo algo verdaderamente potente. A mí parece que gente como Marcelo Mellado, Óscar Barrientos y Cristóbal Gaete, están haciendo aportes decisivos para nuestra literatura. Puedo mencionarte a Rodrigo Ramos Bañado y Yuri Soria de dos lugares muy distante entre sí pero que están hasta los huesos metidos en la escritura. ¿Has leído a Carlos Araya? Él ha escrito al menos dos libros increíblemente brillantes desde Calama, ahora –entiendo- está en Santiago, pero estos libros tienen en su médula Calama. Hay que leerlo.

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