Némesis (Mike Wilson)

Némesis (2020)

Mike Wilson (1974)

ISBN: 978-956-402-143-0

151 páginas

 

Mike Wilson, al menos desde la excelente Leñador en adelante, ha hecho una serie de publicaciones extrañas, bellísimas en su singularidad. Némesis no se aparta de ese camino peculiar, con el que cuesta ligar a su autor no solo con sus pares generacionales sino que además adivinar por dónde van sus lecturas.

Némesis es un relato difícil de explicar porque también es difícil de asir en su lectura. El libro, su soporte, tiene algo bíblico no solo en su texto sino en su formato a doble columna. El argumento sigue a un gigante que desembarca en un poblado o ciudad que es reiteradamente descrito como chueca o inclinada. Némesis alude a la diosa griega —la diosa de la venganza—, tal como el gigante en el libro que desembarca en la ciudad chueca para azotar a cada habitante. Es así como el libro se convierte en una sucesión de escenas cruentas, en que el gigante avanza desmembrando, rompiendo, desenterrando tumbas, destruyendo y buscando. Hay un puñado de personajes que sirven de contrapunto y motor al deseo retributivo del gigante: una coja, dos hermanos, un niño asesino, un preso.

“El aborto tumba la puerta, los hombres ya sin fe no hacen nada, no suplican ni adoran, se quedan postrados porque nada los motiva a seguir actuando, y mantienen las cabezas gachas porque no quieren ver el rostro de la aniquilación. Se entregan sin propósito sabiendo que fueron fraudes, que edificaron sentidos postizos y que renuncian a sus creencias porque no supieron creer ni entender en qué creer.” (página 32)

La novela está dividida en pequeños capítulos y tiene al menos dos momentos temporales: el presente, con el escape de la coja y el niño asesino, por un lado, y de ambos hermanos, por otro; y el pasado, que pretende explicar la concepción del mundo, la concepción del gigante, y establece una suerte de mitología sobre la especie humana. Entonces, a pesar de haber pocos personajes, en Némesis existen varios focos del relato que se mueven en paralelo y se van enlazando en la historia, y aquel momento pasado pretende explicar el desembarco del gigante y el olvido de los hombres y mujeres de las cámaras que existieron, y las voces que había en sus cabezas.

“(…) atestiguó todos los momentos juntos, todas las cosas acontecidas en el dominio de la segunda cámara, presenció los ciclos de iniquidad, el orgullo y la desidia y el exterminio de los espíritus, y vio el caos emerger del abismo, y la bestia abominable desembarcar de la nave ruinosa, y los templos accidentales, las catedrales al estrago, los ángeles pálidos y los serafines ennegrecidos. Y volvió a sentir una gran tristeza por los hijos y las hijas, y comprendió que no podía cruzarse con el dictamen de la justicia, que Némesis no sería negado” (página 126)

Es difícil, decíamos, hacer relaciones con las obras de Mike Wilson. Claro que hay aspectos que recuerdan al terror cósmico de Lovecraft, además de las claras referencias mitológicas y bíblicas. Ambas, en cierta forma, pretenden explicar la creación y origen no solo del hombre sino que del mundo. ¿Qué está haciendo Wilson? Pareciera estar preguntándose no solo sobre la condición humana, sino que parece estar tendiendo puentes desde la literatura hacia la pregunta fundamental de por qué hay algo y no más bien nada, la conocida interrogante de Heidegger.

La respuesta de Wilson también es total, responde por el origen y por el presente, responde por el daño y por las faltas, por el desbocamiento de esta humanidad a la que encierra bajo un domo de una ciudad chueca —que solo podría ser chueca— junto con el gigante implacable que viene a ejecutar la venganza. ¿Por qué se venga? Porque el hombre ha desoído las voces que habitan en su cabeza, porque ha desoído su pasado, ha olvidado la profundidad de las cámaras primigenias, ha olvidado el origen y tal vez su ser.

Salvo por “Has visto un dios morir”, el cuento desfachatado, hermoso, pretencioso en el mejor de los sentidos, de Cristian Geisse, no doy con ejemplos equivalentes en que la apuesta creativa sea de una magnitud equivalente como en Némesis.

Hay muchos aspectos que ni siquiera toco por las limitaciones que impone el formato: el gigante-aborto que arriba a la ciudad a hacer su forma de justicia, pero que no restablece ni pretende restablecer ningún orden, la prosa detallista hasta el agobio que ya habíamos presenciado en Leñador, con la que el autor detiene el tiempo y obliga al lector a entrar en un ritmo lento, alejado del mundo real sobreexcitado, la idea misma de justicia, y siempre, tras del todo, la pregunta por el ser.

Némesis es una novela arriesgada, desatada, aterrorizante a ratos, brutal la mayor parte del tiempo. No hay, en nuestra literatura nacional, dos Mike Wilson. No hay dos escritores que demuestren una ambición creativa, una deriva filosófica en sus textos sin caer en un narrador que declame, que se limite a exponer un punto de vista, por el contrario, con Wilson todo es narración detallada. Este es un libro en el que se avanza con dificultad, que dudosamente será un best seller y sin embargo, me sorprendería mucho que al cabo de diez años (por citar lateralmente a Cyrill Conolly) esta novela no siguiera siendo leída, revisada, comentada o abordada desde algún aspecto entre ciertos lectores o derechamente en la academia.

 

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