Sara (Maivo Suárez)

Texto enviado por Álex Saldías

Maivo Suárez (1964)

Sara (2019)

Kindberg Editorial

ISBN: 978-956-9701-00

160 páginas

 

Sara es una mujer jubilada que recién comienza a vivir sola. Estela, su hija enfermera de casi cuarenta años, se ha ido por fin de casa. El primer capítulo de esta novela pareciera ser el último capítulo de una novela previa, en que la protagonista menciona una frase de aliento para sí misma después de haber ganado una gran batalla: “Sara, nunca más estarás en función de los otros. Lo dijo dos, tres, cinco veces. Cuando se cansó de repetirlo, estiró el brazo y llenó la copa hasta vaciar la botella” (pág.16). Desde aquí comienza Sara, la primera novela de Maivo Suárez, publicada por Kindberg.

“Sara está pobre y sola” (pág. 19). Eso es lo que Sara piensa que Marga, la esposa de su padre, piensa sobre ella. Elucubraciones como esta serán las que condicionen todo el desbarajuste en la situación inicial de Sara. La protagonista se esfuerza constantemente en corresponder con la imagen que tienen los otros sobre ella, y se altera cuando los otros comienzan a ver cosas que ella no quiere que vean. Estela, su hija, es quien tiene el mayor conocimiento sobre la protagonista y, por lo tanto, quien ejerce un mayor control. Esto exaspera mucho a Sara, pues comienza a generarse una paternidad invertida, en que la hija se preocupa de los gastos y del comportamiento de su madre y la madre solo quiere que la dejen vivir tranquila.

La relación de amor y odio que existe entre la madre y la hija es uno de los motores más significativos dentro de esta obra. La homosexualidad de Estela manifestada en su adolescencia narrada a través de diversos flashbacks nos dará a entender mejor la construcción psicológica de Sara: “(…) Pero lo que sí sabía muy bien era que nunca, nunca se conformaría. Ni por más que el nuevo siglo, el internet y hasta la televisión mostraran escenas de muchachitas con uniforme escolar paseando de la mano por las plazas o besándose apoyadas en un árbol. Ella todavía daba vuelta la cara para no mirar” (pág. 29).

Esta resistencia se manifiesta en la obra como un elemento representativo de cierta generación que todavía conflictúa con las relaciones fuera de la heteronorma. Tanto es así, que una de las escenas más emblemáticas de esta novela surge a partir de un enfrentamiento de este tipo, cuando Sara atribuye ciertas actitudes que le molestan de su hija a su lesbianismo.

Uno de los factores más distintivos de esta obra es su excelente uso de la voz protagonista. La construcción narrativa de Sara se nutre de manera muy eficaz a través de las ensoñaciones por las que pasa cada cierto tiempo. Esto la revela como una persona que vive constantemente en la idealización de su futuro más cercano. El problema de Sara es que necesita un plan al que mantenerse aferrada; algo que logre llenar los grandes espacios vacíos que comenzaron a emerger con la vida de pensionada. Su ansiedad es generada por la inercia de una vida completa de trabajo y maternidad sin descanso para sus propios sueños y deseos.

¿Qué deseo proviene auténticamente de Sara? Esta es una muy buena pregunta para guiar la lectura. La voz protagonista que elabora Maivo nos hace ser testigos de todo el proceso que ejecuta Sara entre la  llegada de la idea a su cabeza y su posterior ejecución, muchas veces en forma de mentira. De alguna forma, esto nos demuestra que lo único que logró aprender a lo largo de toda una vida trabajando en el mismo lugar, fue seguir instrucciones. Por lo tanto, al verse privada de esas instrucciones después de una jubilación negociada (cosa que tampoco fue una decisión de ella) comienza a crear jefes invisibles y a imaginarse dispositivos de control que no están donde ella los ve. Fantasmas, podría decirse.

Además del conflicto de madre e hija, Sara enfrentará un insospechado sentimiento unilateral de atracción entre fraternal y homoerótica con su nueva vecina: Julia, una muy linda y amable sureña que había llegado a arrendar uno de los departamentos del mismo pasillo. La belleza de Julia es descrita por Sara con un deseo casi revelado, pero que nunca llega a revelarse completamente. El tipo de obsesión aquí descrito se corresponde al principio por la cortesía, luego por la idealización y finalmente por la tiranía. La figura de Julia se presenta en la novela como el negativo de Sara, o dos polos opuestos que nunca se alcanzan, pues la utilidad de uno termina con la movilidad del otro.

Bajo esta mecánica, así como el Amadís de Gaula movían a Don Quijote y la aristocracia francesa movían a Madam Bovary, el deseo por Julia moviliza las acciones de Sara. Bajo este contexto, la novela nos presenta un conflicto clásico entre el sujeto y la idea, problematizado, a su vez, por las condiciones sociopolíticas y económicas de los flujos discursivos actuales.

Otro importantísimo eje dentro de la obra es el tratamiento del cuerpo como un territorio sobre el que los personajes se enfrentan contra el mundo. Sara constantemente hace alusión a sus repentinos olvidos, también al dolor de sus huesos y el olor de su orina. El advenimiento de la muerte es atacado desde diversos niveles. Por un lado, las reflexiones que hace la misma protagonista al darse cuenta de su edad y de sus achaques de salud. Por otro, la visión de su padre enfermo y las constantes enfermedades imaginarias de Marga. Afortunadamente, a esta densidad estética se le logra contraponer la ligereza que otorga el humor de la prosa y la muy bien determinada separación entre capítulos. Sin embargo, el desenlace de esta obra se vuelve un tanto predecible, pero los astutos movimientos de la prosa hacen que esto no se vuelva un problema demasiado grave en la lectura.

De hecho, los tránsitos desde los problemas económicos hasta los problemas corporales conviven de manera muy armónica dentro de la representación de la decadencia. En algún momento de la lectura se llega a pensar en lo significativo que resulta ese espacio vital que escoge la novela para desenvolverse: la adultez máxima, el comienzo de la ancianidad, la expulsión del mundo. El mercado fundiéndose con el cuerpo.

Tomando en cuenta lo anterior, creo que es de carácter fundamental entender la presencia crítica de por lo menos dos macro-relatos sobre los que se erige la obra. El primer macro-relato que aquí aparece tiene que ver con las consecuencias del modelo económico neoliberal en una arista social tan importante como lo es el sistema de pensiones. No es secreto para nadie que la situación de los pensionados en Chile está en un punto crítico. La tasa de suicidios más alta del país la tienen los adultos mayores de sesenta años. Los medios y la cultura basura nos hacen creer que esto tiene que ver más con la soledad inherente a la vejez que con el sistema que los oprimió durante toda su vida y que ni siquiera es capaz de retribuirle de manera decente durante sus años más difíciles. Agregado a esto, se suma la alta cantidad de inescrupulosos que buscan lucrar a toda costa con los ahorros, los finiquitos, las herencias y la riqueza que de alguna parte pudieron haber obtenido los ancianos. La única decisión que tomó Sara para sentirse liberada por primera vez en su vida, la llevó al desconsolador desenlace de esta novela: “Qué condena de mierda, como si la soledad, las arrugas, los dedos engarfiados, los dolores en los huesos y la porquería de pensión no bastaran” (pág. 150).

El segundo macro-relato es de orden feminista. Sara nos revela de manera explícita la demanda de una justicia social basada en la equidad de género tanto económica como afectiva e intrafamiliar. El ordenamiento jerárquico de la institución “familia” ha devenido en el viaje a los infiernos que ejecuta la protagonista. Mario, su ex esposo, ha logrado escapar de esta tribulación sin ningún tipo de castigo o amedrentamiento social (yéndose con una “topletera”) para dar rienda suelta a su deseo, mientras que Sara tuvo que relegarlo todo detrás de la gran muralla de la maternidad. Tomando en cuenta esto, al igual que con Mrs Dalloway, de Woolf o Mátate, amor, de Harwicz, Sara, de Maivo Suárez, puede ser considerada una especie de retrato hablado de la ignominia que ejecuta el patriarcado a través de múltiples discursos implícitos.

En síntesis, una novela muy bien lograda, recomendable y necesaria para nuestro tiempo.

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1 Comment

  • El artículo describe muy en detalle los conflictos expuestos en la novela de Maivo Suárez.
    Invita a leerlo siempre y cuando los temas expuestos allí sean de interés para el lector.
    En mi caso, surtió efecto. Quisiera leer el libro.

     

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