María José Viera-Gallo: “La palabra Chile me penó toda la infancia”

María José Viera-Gallo
Fotografía: Alejandro Barruel

María José Viera-Gallo (1971) nació ad portas del Golpe Militar en Chile. Le tocó seguir el destino de su padre, exiliado político por la dictadura. Vivió en Italia hasta los trece años. Mucho de esa fractura puede verse entre las líneas de sus libros y, sin embargo, no hay realmente una queja en ellos, no hay nada que resulte plañidero. En cambio, hay una fuerza, un resistirse, una manera de afrontar los golpes, o de simplemente constatarlos y ponerlos en el texto de manera tal que al visibilizarlos, se los enfrenta con un vigor, con una emocionalidad que brilla. Ha publicado Verano robado (2006), Memory Motel (2011) y Cosas que nunca te dije (2014). De este último, volumen de cuentos muy recomendable, se encuentra por salir su segunda edición con un relato añadido.

 

1.- Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Por un asunto de emociones y atmósferas, le debo mucho a ciertas bandas shoegaze definitivamente melancólicas, de principios de los 90s: Slowdive, Ride, Sien, Shogun. Siempre vuelvo a ellas al momento de la escritura. Me ponen en el mood.

2.- Por el golpe militar tuviste que emigrar de Chile siendo muy niña y esa especie de desarraigo es algo latente en tus libros. ¿Piensas que una hipotética María José Viera-Gallo, sin la experiencia vital del exilio, hubiese llegado igualmente a formarse en escritora? ¿O consideras que parte esencial de la necesidad de escribir emerge justamente de tu propia biografía?

Escribir surge de cierta desadaptación no necesariamente patológica o irreversible, pero sí de un cortocircuito con el entorno. Ser hijo de un exiliado es siempre un poco vergonzoso, a nadie le gusta tener que dar explicaciones por un papá que lo echaron de un país. Cuando eres niño solo quieres ser igual a los demás, hablar igual y ojalá de lo mismo. La palabra Chile me penó toda la infancia. Podría haber sido otra. Cada cual tiene su karma. Y claro, supongo que sin ese elemento biográfico de malestar, no sería quien soy ahora. Escribir, el gesto, es un poco como rezar: nadie se pone a rezar cuando tiene un día bueno (excepto los budistas). Escribir requiere cierta autoconciencia de uno mismo y los demás, lleva inevitablemente a un estado de introspección, a un cara a cara con la vida. Pero quiero creer que el link biográfico es solo uno de los caminos que llevan a escribir.

3.- ¿Crees en Chile se logró escribir la “gran novela” sobre la dictadura, esa que cuenta con honestidad nuestra propia historia nacional? ¿O todavía estamos muy cerca como para poder ver el escenario completo? Si piensas que sí, cuál o cuáles crees que son esas novelas, relatos o incluso poemas.

Para mí la gran novela de la dictadura está en obras pequeñas y pocos aspiracionales. Pienso en una lectura obligatoria sobre el horror que aún se hojea y nombra con miedo cuando debería ser un best seller: Tejas Verdes de Hernán Valdés. Valdés es nuestro Primo Levi. ¿Por qué no se vende en la cuneta? ¿En las bombas de bencina? ¿En los kioskos de los liceos? Generacionalmente, creo que Memorias prematuras de Gumucio es una crónica de autoficción fundacional —salida fuera de tiempo y de las modas— a la que muchos escritores que exploran el tema “hijos” le debemos mucho. Y mis gustitos más raros sobre el tema de la dictadura van por novelas radicales que se atreven a narrar desde los victimarios o cómplices de la dictadura, como El Guarén de Germán Marín y esa obra maestra concebida como un “viaje hacia adentro de la pesadilla fascista chilena” que es Nocturno de Chile de Bolano. La amo.

4.- ¿Cómo son tus jornadas de escritura? Más aun, ¿cómo logras escribir entre la familia, los hijos, con su infinita necesidad de atención y cuidados (que además uno siempre quiere satisfacer lo mejor posible) y tus propias ansias de poder sentarte, supongo que ojalá en silencio, para materializar lo que en algún otro momento eventualmente comenzaste a elaborar en tu mente? ¿Cómo se combina la crianza de los hijos con el silencio necesario para enfrentarse a la hoja en blanco?

Ya no creo en el silencio de la escritura. Creo más bien en la velocidad. En el aprovechar, por lo que dices de la crianza de hijos (yo tengo dos) las pocas horas que tengo para escribir. Sobre este tema es recomendable leer Un hombre enamorado de Karl Ove Knausgård. Lo explica mucho mejor que yo, esa tensión entre deber ser y querer ser.
Desde que soy mamá he escrito en todos los estados imaginables: dando leche, tinas de baño, paseando en coche (gran momento para esbozar ideas en la cabeza) y ahora, dependiendo de mi estado de concentración y ánimo, dejo que mis hijos jueguen a mi alrededor con sus cosas o bien les prohíbo subir a mi escritorio. Ellos saben que cuando estoy con audífonos y estoy frente al compu estoy escribiendo y no pueden molestarme más de la cuenta. Creo que es importante generar respeto hacia la libertad creativa del adulto.  “La mamá está escribiendo” es una frase bastante común en mi casa.

5.- Rilke dijo: “La verdadera patria del hombre es la infancia”. Hay varios niños en los relatos de Cosas que nunca te dije, y no como mera comparsa sino que son personajes de verdad relevantes. En una segunda mirada puede resultar curioso, cuando el lector nota lo fuerte de su presencia. ¿Qué hay contigo como autora y los niños? ¿Son una pulsión, una búsqueda inconsciente de la infancia, de la patria como lugar de origen o simplemente cuando aparecen es solo porque los considerabas útiles para los fines del mismo relato?

Escribo de lo que tengo a mano. Si me he conectado con la infancia es porque convivo con la infancia a diario. Siempre bromeo que mis dos roomates tienen siete y cinco años. ¿De qué hablas con dos personitas así en la mesa? Es inevitable no cambiar tu escala de pensamiento, no ver alterada tu percepción, no acercarte a ellos y alejarte de la adultez.

6.- A Mike Wilson, en una entrevista pasada, le preguntábamos por qué había dejado de publicar en Alfaguara para moverse a una editorial independiente. En ti tenemos otro caso prácticamente idéntico: también dejaste de publicar en Alfaguara y pasaste al catálogo de Tajamar, donde se publicó tu último libro. ¿Cuál es el motivo de este cambio? ¿Qué tienen para ofrecer hoy las editoriales independientes que las transnacionales no? ¿De qué querías alejarte y qué buscabas encontrar? ¿Lo conseguiste?

En general me siento tanto más feliz en un almacén que en un hipermercado. Es una cosa de escala y fobia mental más que de actitud política. Con esto quiero decirte que cuando piso las oficinas antiguas y llenas de libros viejos de Tajamar, me siento viva, me abren la puerta felices, porque yo soy su autora, no cliente. Más allá de las banderas editoriales, qué duda cabe que lo indi siempre se la jugará más. Ocurre lo mismo en el cine y la música. Al final del día uno debe publicar donde lo quieran. Las grandes editoriales no cultivan mucho el afecto, un día te quieren, otro ya no, operan según la ilógica del mercado o la hype, ¡que es peor! Con Memory Motel perdí una editorial (Alfaguara) porque ya no me querían con ellos.  Me dio pena. Un poco. Luego me di cuenta de algo que vale para todo. No le pidas a nadie que te quiera.

7.- Realizas talleres literarios. Hay quienes desconfían de ellos, ya sea porque opinan que no es posible enseñar a escribir literatura o porque los consideran escuelas de estilo, donde todos terminan escribiendo igual que el autor que los imparte. ¿Qué opinas al respecto? ¿Cuál es el valor que les otorgas? ¿Piensas que has logrado influir decisivamente en la formación de alguien que haya pasado de tener la pretensión de escribir a realmente hacerlo, manejando un puñado de técnicas y recursos?

Yo no creo en las teorías literarias, la famosa punta del iceberg me deja fría, con eso te lo digo todo. Odio la técnica en el arte. Soy tan estúpidamente romántica en ese sentido. Creo que uno escribe como quien un día agarra una guitarra y encuentra —tarde o temprano— una melodía.  Tomo este ejemplo para decirte que para mí lo que cuenta es la interpretación….no la lectura correcta de las notas.
A quienes van a mis talleres les digo siempre lo mismo: hablemos de mundos narrativos y emociones. La sorpresa, la incomodidad, lo perturbador, lo raro; eso es lo que quiero ver. Si no percibo nada de eso, me aburro fácilmente aunque el texto esté, como dicen, “impecablemente bien escrito”. ¿Qué eso, por lo demás?  En ese sentido los talleres sirven para soltarse, para aprender a escribir mal, pero desde cierta verdad y valentía.

8.- ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria ya sea en los medios o académica?

La veo en un mal momento. Medio dormida. Siento que ya tuvo su auge con grandes críticas como Paty Espinosa o Tal Pinto. ¿Dónde están sus herederos? Ni idea. Salen y salen escritores nuevos pero no críticos. No están a la vista, al menos. No me parece que la crítica chilena sea iluminadora, reformista y menos revolucionaria. Para qué decir su falta de humor. La ironía murió en la reseña de diario. Todos son opinólogos, como lo hablaba la otra vez con mi novio que es escritor y muy buen lector. La política y su histeria se comió el debate literario, decía Maori con mucha razón. Y cuando se habla de literatura, nadie quiere lanzar luces sino petardos. Los críticos son muy de apoyar o no a cierto autor, más que su obra, tipo grupito de colegio. Yo leo crítica para asombrarme, sentirme tonta, y enfrentarme al lector más lúcido y brillante sin cara al que pueda aspirar. Eso hoy en día lo encuentro en muros de Facebook o blogs, no en los diarios.

9.- Parece haber cierto consenso en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

Para mí los clásicos son latinos y finalmente italianos. Basta con La divina comedia de Dante, El Decamerón de Bocaccio, para entender el mundo.
Luego saltemos al Diario de Ana Frank, Huckleberry Finn y cualquier novela de Henry James.

10.- Un autor o libro clásico que te haya parecido decepcionante.

El siglo de oro español en general me sacaba mucho bostezo

11.- ¿Qué estás leyendo ahora?

Leo por gusto a mujeres fuera de sus casillas: Lydia Davis, Sylvia Plath, Jane Bowles.

12.- ¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios?

Una novela autobiográfica sobre mi infancia en el exilio y un experimento narrativo escrito a dúo con Maori Pérez. Nunca había co-escrito un libro y es una experiencia fascinante. Este último proyecto es una novelita epistolar sin género, sin filtro, sin mentiras, con mucho Yo y Tú, que recompone dentro de la tradición literaria de las cartas de amor o amistad (hay casos notables como Flaubert y George Sand), los alcances que el gesto romántico de dirigirse a un otro puede tener en la literatura contemporánea. Estoy encantada con ambos libros.

13.- Un video de Youtube que hayas visto últimamente.

 

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