Siembra de Cristal (2026)
Consuelo Ferrer (1993)
Overol
ISBN: 978-956-6485-00-1
128 pp.
Crítica de “Siembra de Cristal” de Consuelo Ferrer: el dulce sabor de la nostalgia
Por Gabriel Rojas Roa
Siembra de Cristal (Editorial Overol, 2026), el libro de Consuelo Ferrer Durán, constituye una valiosa novedad temática. Desde la mirada íntima del duelo de una hija, el texto se adentra en el Chile del valle central a partir de esa siempre truncada industrialización que caracterizó la economía nacional desde el segundo tercio del siglo XX. Pese a su importancia histórica, económica y sociológica, los relatos sobre el valle central chileno han esquivado esta arista de la experiencia nacional, sin mayor tratamiento de cuestiones tan relevantes como la industria forestal, agroexportadora o vitivinícola.
Aunque la literatura no tiene ninguna exigencia de abordar dimensiones de la realidad, resulta sugerente la puesta en valor de nuevos sujetos, más cuando se trata del particular proletariado chileno del valle central. Así, este libro nos narra la forja del carácter de un padre cuya historia e identidad se construye en la disciplina de la fábrica, con las poblaciones de trabajadores y la sociabilidad promovida por la empresa en competencias de pesca o caza. Como alguien que creció parando en el paradero de la IANSA de Los Ángeles para ver si llevábamos en el auto a alguno de sus trabajadores, resulta imposible no valorar la aparición de esta novela.
En Siembra de Cristal, Ferrer aborda la muerte de su padre, Vicente, un jefe de turno de la sucursal Chillán de IANSA que desempeñó toda su vida laboral en la misma empresa. En ella conoció a su esposa, trabó amistad y se ganó indiscutiblemente el respeto de toda la empresa pues, pese a no ser ingeniero, fue jefe de turno casi toda su vida producto de su conocimiento del oficio y sensibilidad ante el proceso productivo. Viviendo en villas o poblaciones construidas por la empresa, toda la experiencia social de Vicente se desenvuelve en este marco.
A lo largo de sus páginas, la autora reconstruye la vida del padre recurriendo a la recopilación de fuentes como fotografías, entrevistas o la visita a los lugares que recorrió, reconstruyendo tanto la subjetividad como una parte de la experiencia social en que se desarrolló. En ese sentido, el libro puede ser leído como un doble duelo: de una parte, una hija frente a la muerte de un padre descrito como excepcional; de otra parte, una hija nostálgica de ese Chile que agoniza con la modernización neoliberal. Los primeros atisbos de crisis en ese mundo de azúcar y fábricas nacen, en el relato de la autora, de la crisis de 1982 y luego con la privatización de IANSA, la que el propio texto indica que fue realizada al menos con la connivencia de los trabajadores. Luego, en los 90s y 2000, la empresa pasa a capitales extranjeros y termina por cerrar casi todas sus fábricas en 2021, cayendo también todo el mundo social asociado, lo que en el libro se materializa cuando la narradora visita una deshecha población IANSA.
Así, desde fuera de Santiago, pero bajo la atenta mirada de los hijos, este libro también reconstruye un pedacito de esa modernización neoliberal implementada en dictadura. Al mismo tiempo, libera al valle central del asfixiante espectro de la hacienda como principal significante, el que persiste hasta el día de hoy bajo la mistificación en obras como La muerte viene estilando de Andrés Montero. Hasta aquí sus virtudes.
Aunque sea difícil catalogar a este texto como “literatura de los hijos”, comparte con estos narradores un punto de vista profundamente intimista. Por supuesto, es algo que está a la base del libro, toda vez que su propósito expreso es abordar el duelo. Pese a ello, el libro coexiste con la pretensión de afirmar el discurso propio sobre la base de evidencias que se van intercalando permanentemente, buscando un régimen de verdad externo a la propia obra. Esta tensión es inherente al proceso que vive la autora, pero termina por situar al lector a medio camino entre empatizar con la subjetividad de la narradora o atender al registro externo.
Este tono intimista se termina por hilvanar con otro aspecto problemático del texto, a saber, el exceso de nostalgia que frustra cualquier oportunidad de futuro. Aunque el relato secundario, el subtexto que aparece como la caída de los empeños frustrados por industrializar el país, permite describir un conflicto en la novela, lo cierto es que la mirada íntima presenta a los personajes sin un hilo conductor, salvo la lamentable muerte del padre. Así, los personajes casi no se mueven, excepto por algunas sorpresas menores en torno a la vida del padre, en particular su afición a la caza. Eso genera que, cuando surge el contraste entre la experiencia laboral contemporánea, protagonizada por la narradora, en vez de explorar los límites de las formas de trabajo actuales, se retrotraiga sobre la fortaleza emocional de un padre notable.
Pero estas dos observaciones no pueden obviar el valor de un texto que, justamente por ser una historia personal, logra poner de relieve un espacio pocas veces abordado en la literatura chilena.

Esto muestra como últimamente las empresas que daban trabajo a mucha gente han ido decayendo
En este momento Iansa cierra definitivamente sus puertas.
En la década del 50 en Chile se fundaron empresas productivas cómo IANSA e INFORSA, que daban trabajo a muchas personas y su cultura laboral era de amistad, compañerismo y solidaridad, Quienes ejercían cargos cómo jefes de turno no eran Ingenieros, pero aprendían el oficio y mantenían una armonía laboral, El círculo de trabajadores era de mucha camaradería y relaciones. Posteriormente se produjo el desmantelamiento de las empresas y se terminó todo aquello.