Fantasmas buenos (Cecilia Pavón)

Fantasmas buenos (2019)

Cecilia Pavón (1973)

Ediciones Overol

ISBN: 978-956-9667-36-7

79 páginas

 

Her (Spike Jonze, 2013) es una película de ciencia ficción que tiene como centro al personaje de Theodore Twombly, un escritor en proceso de separación que se enamora de un sistema operativo con una avanzada inteligencia artificial. El trabajo de Theodore consiste en escribir por sus clientes emotivas cartas a la vieja usanza, cuya gracia es que toque la fibra del destinatario, aunque Theodore no las haya conocido nunca.

Algo similar ocurre al leer Fantasmas buenos de Cecilia Pavón, libro que reúne dos conjuntos de poemas anteriormente publicados y algunos inéditos de la autora argentina que hasta el momento solo había publicado en Chile con la misma editorial el conjunto de cuentos Pequeño recuento sobre mis faltas (2015). Al igual que el protagonista de Her, el lector avanza con la sensación de estar leyendo misivas, aunque en el conjunto ¿Existe el amor entre los animales? no aparece tan seguido la segunda persona y nos metemos de lleno a una intimidad intensa, arrolladora, leemos del texto “Poema”: “Corro para decir que me corté, que me brota sangre,/ Cuando elevo los ojos veo un casamiento celestial./ Hablo de mí como hablan los dibujos/ se casa, se casa y yo no./ Yo estoy en la cocina, yo cocina frutas, yo veo por la ventana todo/ tal como es.” (pág. 9). Lo que bien podría presentar una entrada de un diario, que al final no es más que una carta dirigida a uno mismo.

Las relaciones dentro de los poemas del libro tienen un rol protagónico: la sensación de fiesta, el disfrute con los amigos, hasta la espera del amor mientras se piensa en el deseo como un cuchillo implacable, cito del poema “La gran señora”: “debería resignarme y olvidar,/ debería saber que el deseo/ es siempre una enfermedad/ quisiera investigarlo, al deseo,/ y descubrir su brujería que hay detrás de él/ quisiera partirlo en dos/ ―como a una anguila―” (pág. 29). A veces sus poemas agarran un ritmo de conversación y logran concatenar escenas a partir de sensaciones y cadenas de eventos que no dejan de reflexionar con precisión y elegancia sobre la cotidianidad como si fuera una montaña rusa de emociones, leemos del poema “Exnovio”: “Si el amor es el único que puede/ darle contenido a la vida,/ qué lindo es haber vivido/ y ahora estar liberada,/ ahora paseo y pienso…” (pág. 35).

Los fantasmas en los poemas de Pavón vendrían a ser esas personas con las que entabla una comunicación virtual tal como Theodore Twombly, pero también las ausencias que la hablante va acumulando en una especie de diario mental, volcando todo al poema sin consideraciones: “Tengo un millón de poemas que pasar/ (además de un beso en la casa del sueño)./ No sé si existe la vanguardia,/ pero el futuro es un beso en la casa del sueño./ No sé si existe la vanguardia, pero ahora estoy/ escribiendo un poema en una plaza y soy feliz” (pág. 58). Ya en los poemas finales esa relación epistolar se vuelve más explícita con los poemas “Querido X” o “Fantasmas buenos”. Especialmente en este último se perciben los merodeos que realiza la hablante para expresar su amor: “Ayer Francisco me invitó a publicar en su editorial y se me ocurrió/ que un poema podía ser como una carta, como una botella/ arrojada al mar, como la plumita gris de un gorrión flotando/ en el éter” (pág. 77).

Fantasmas buenos constituye una muestra importante de la escritura de una de las poetas argentinas más importante de su generación, una que llena de misterio las cosas simples y viceversa en apenas 80 páginas.

 

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