Resonancias Magnéticas (Samuel Espíndola Hernández)

Resonancias Magnéticas (2021)

Samuel Espíndola Hernández

Pez espiral

100 páginas

ISBN: 978-956-9147-95-1

 

Si aún ignoro mi nombre real
Por Martín López

 

Inscrito en la intertextualidad y a partir de una operación espacialmente homenajeante, al hablar de este libro no se puede dejar de mencionar la permanente referencia al mundo de Twin Peaks, imaginario que en el poemario opera en calidad de material para el uso, dispuesto como caja de imágenes que superan el mero remitir, adquiriendo su propia y fresca presencia:

en la noche de san juan dos jóvenes revisan / infinitas cajas con videos que solo muestran / trazas de estática en el humo incierto / adentro de una caja transparente

En Resonancias Magnéticas, el registro se abre acogiendo a los más diversos estímulos, así se acoplan citas bíblicas, referencias a Alto Hospicio, a Pound y la poesía moderna, a Brueghel, entre varios otros, en un vasto entramado de múltiples fuentes.

El texto, antes que escribirse, pareciera desplegarse a través de una consecución de lecturas, de modo que resulta muy patente la autoconciencia desde la que se para, de su medio y el variado mundo de las representaciones, al punto de que en cierto momento hasta se nos aparece el set de grabación de la serie. Orbitando el reino de los sueños se nos devela el artificio ilusorio, arrojándonos sin embargo no a una abolición de la confusión, sino a la inquietante revelación de una equivalente inconsistencia de espejismos, cosa que es un ánimo constante:

el verdadero fantasma venía al despertar

(…)

aunque éstos son cuerpos / no hay gravedad ni en las estrellas / ni en los cielos / ni en el fuego puro

El tratamiento que aquí se da al espacio de los sueños no es el del mundo propio, sino el de algo que a todos nos compete en su universalidad: son las múltiples señales y uno que se halla persiguiendo el sentido. Podemos encontrarnos si pensamos en la figura del detective y las escasas pistas, pero su figura, sometida no a una escena particular (escena del crimen), sino al mundo, sometida al: “¿qué tiene que ver una cosa con otra?”. Es el dilema de concatenar sentido ahí en donde no parece haberlo por ningún lado. Aquí tal sentido, si se decide a aparecer, es siempre de una manera suficientemente delgada, como para que no dejemos de preguntarnos si caso está ahí o no. Espíndola nos hace ver que el único sentido que logra contundencia y continuidad parece ser la dirección del vórtice:

DONNA -crees que si cayeras en el espacio… irías más lento después de un rato o irías más y más rápido?

LAURA -más y más rápido y durante mucho tiempo no sentirías nada y entonces estallarías en el fuego para siempre… y los ángeles no te ayudarían porque ya se habrían ido todos.

Tenemos tal dirección de vórtice asegurada, pero esto no ha de ser visto como algo meramente pulverizante, dado a que en el libro se desarrolla también lo cósmico, por lo demás plasmado como una materia del todo pertinente a nuestra incumbencia terrestre, y es que, si bien somos incapaces de percibir las migas de planetas sobre las que nos hallamos, se configura la posibilidad de una visión de lo cósmico por vía de lo próximo, en los encuentros y constelaciones que se atisban a través del desperdigamiento inmanente:

donde me dio principio mi hogar y fantasma / mi herrumbre y mi soplo en superficie de tiempo / átomos pavesas y vuelo de polillas / electrocutadas

Tuercas, migajas y ratones se reparten por el oscuro e iridiscente espacio en el que todo se revuelve, poblando de esta manera el frenesí de una hondura desfondada. En Resonancias Magnéticas asistimos a la aceleración de una metamorfosis exponencial que vislumbra nuestra casa erigida sobre la arena, así acarreamos una decepción de los esfuerzos y una profunda desconfianza, dada la permanente extrañeza que puebla entre cuanto creíamos nos era familiar:

ahora los locales se limitan a vender lo que compran en Meiggs / ollas     sartenes     teteras     canastos chinos     y paños de Bangkok

(…)

para qué tanto (…) para qué si aún confundo las hortensias con los cardenales / y aún ignoro mi nombre real

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