Tania Favela: “Es imposible cuando leemos separar lo que ‘acontece’ de la reflexión que va surgiendo de la lectura”

Tania Favela (Ciudad de México, 1970) es poeta, ensayista y docente. Doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue parte del consejo editorial de la revista El poeta y su trabajo, dirigida por el poeta argentino Hugo Gola. En la actualidad, se desempeña como catedrática en el Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana (México). Ha publicado en poesía Materia del camino (2006), Pequeños resquicios (2013) y La marcha hacia ninguna parte (2018); en ensayo El desierto nunca se acaba. Antología poética de José Watanabe (2013), Un ejercicio cotidiano. Selección de prosas de Hugo Gola (2016) y El lugar es el poema: aproximaciones a la poesía de José Watanabe (2018); y en traducción En la tierra de Robert Creeley (junto a Jahel Leal, 2008).

Conversamos con ella sobre su primera publicación en Chile, sobre el estado de la poesía mexicana y la escritura en tiempos de pandemia.

¿Cuál es la rutina de Tania Favela?, ¿qué peso tiene en ella la escritura? 

Quizá es la lectura la que tiene un peso mayor y de ahí se desprende todo lo demás. Más que rutina es quizás un pequeño ritual: levantarme temprano, tomar un té y ponerme a leer es siempre el inicio de mi día. Leer es entablar un diálogo y eso es lo que me permite escribir, pensar e incluso preparar mis clases. Muchas veces lo que leo, tenga o no que ver con los cursos que estoy dando en la universidad, termina por formar parte de la discusión con los alumnos. Así que mi rutina es muy simple: de la casa a la universidad y de regreso. Esos son los espacios en los que paso más tiempo. Lo que me gusta es que los dos se conectan y que puedo seguir la reflexión con la que inicié el día en ambos.

Hay otros espacios importantes, claro, el de la amistad, el de la familia: esos afectos se filtran  también en la escritura y forman parte importante de mi vida.

Y está también el Aikido, arte marcial que practico hace más de veinte años. Esta disciplina me ha ayudado a no perder del todo mi centro y a tener una relación singular con mi cuerpo (respiración-movimiento); relación que me parece gravita sobre la escritura.

Estamos sumidos en una pandemia mundial con consecuencias todavía incalculables. ¿Cómo te sientes frente a esta contingencia? ¿Qué lugar le das al libro y a la literatura en este contexto de reclusión?

De entrada te puedo decir que me siento mal. Lo inesperado de esta pandemia y la incertidumbre que ha causado es tremenda. En definitiva pienso que ha trastocado cosas en mi interior: el miedo, que ya tenía un lugar en mi vida, ha crecido y con él el cuestionamiento del mundo que habitamos y el poco control que tenemos en lo que acontece en todos los niveles: biológico, económico, político, social. La tristeza en la que ha sumido a mucha gente y la intemperie en la que ha dejado a otros es terrible. Hay ahora un “afuera” muy distinto al que existía antes. Se habla, por ejemplo, de la “nueva normalidad”, ¿qué es eso?… Creo que aún no podemos ver las consecuencias que ese eufemismo supone.

Ahora bien, el libro para mí ha funcionado como siempre lo ha hecho, como refugio y salvavidas, y también como trampolín para seguir pensando. En estos días de encierro he pasado muchas horas leyendo. Leí, entre otros libros, Los diarios de Emilio Renzi de Piglia, el tercer diario abre con “Los años de la peste”, que son los años de la dictadura: un tiempo de terror y de muerte. En su reflexión, Piglia propone una relación entre el crimen estatal, la epidemia y la necesidad de producir relatos; menciona, por supuesto, El Decamerón de Bocaccio. Lo que quiero decir con esto es que nos es imposible cuando leemos separar lo que “acontece” de la reflexión que va surgiendo de la lectura. Si la pandemia no hubiera existido, mi lectura de Piglia hubiera sido distinta y su impacto hubiera conmovido otras zonas.

A los 24 años empezaste a escribir poesía, a los 35 publicaste tu primer libro, tu maestro fue Hugo Gola, llevas más de 20 años de docencia. ¿Cómo ha sido ese viaje de escritura, ensayo y traducciones?

En ese viaje el faro ha sido Hugo Gola. Fue él el que me mostró la fuerza de la poesía, fue él también el primero en publicarme en su revista El poeta y su trabajo. Recuerdo ese día, el día en que me dijo que mis poemas le habían interesado y que los iba a publicar, como uno de los más felices de mi vida (claro, he tenido otras alegrías enormes, el nacimiento de mi sobrina, por ejemplo, la maravilla de esa vida). El sí de Gola funcionó en mi interior como una afirmación que me ha permitido seguir adelante con la escritura tanto de los poemas como de los ensayos. Me hizo, por decirlo así, creer en ese camino.

En cuanto a la docencia, como te lo comenté en la pregunta de arriba, la siento como una extensión de mi reflexión. En ese sentido tengo mucha suerte, el trabajo ideal; poder comentar en clase lo que me interesa, discutirlo con los alumnos, pensar con ellos. La docencia me ha dado también la oportunidad de abrir espacios en la academia para la poesía. Un hermoso ejemplo de ello es el “Encuentro Internacional de Poesía Contemporánea” que desde hace seis años hacemos Juan Alcántara y yo en la Universidad Iberoamericana. Ese pequeño encuentro (invitamos a no más de 12 poetas) nos ha dado la oportunidad de estar en contacto con poetas extraordinarios y de mantener viva la discusión en torno a la poesía con los alumnos y los maestros.

Y el viaje sigue, ahora con un proyecto próximo a salir, Resonancias 20 / 21, una página que reunirá materiales de alumnos relacionados directa o indirectamente con Hugo Gola. Desde hace unos meses, Gerardo Menéndez, Juan Alcántara, Ana Belén López, Luis Verdejo, Bruno Madrazo y yo, nos estamos reuniendo para darle forma a esa idea. Habrá también, por supuesto, materiales de Hugo y textos sobre él. La idea es mantener vivo su legado y ver qué caminos abrió para la poesía mexicana.

Mencionas también la traducción, en definitiva no me considero traductora, he traducido, por gusto pocas cosas: algunos poemas, algún ensayo. El único libro que tengo como tal es el de En la tierra de Robert Creeley, que traduje con Jahel Leal, esa fue una experiencia muy linda. También traduje con Luis Verdejo O taste and see de Denise Levertov, pero esa traducción no la publicamos.

Hasta el momento, el diálogo entre la poesía mexicana contemporánea y la chilena ha sido escaso. A Chile han llegado pocos autores, se han hecho dos antologías, pero pareciera que seguimos conociendo poco y nada. ¿En qué está la poesía mexicana? ¿Qué nombres consideras interesantes en el panorama de tu país?

Es cierto lo que dices y es una pena que no haya más diálogo entre los países latinoamericanos. En cuanto a México, es difícil decir en qué está la poesía mexicana porque pienso que hay muchas líneas distintas y te confieso que no todas las conozco bien como para hablar de ellas. Puedo darte los nombres de los poetas que siento afines a mi visión poética o de aquellos que por una u otra razón me interesan. En primer lugar nombraría a Gloria Gervitz y su poema Migraciones, ella es para mí, sin duda, la poeta mexicana más importante. Están también Luis Verdejo, Juan Alcántara y Bruno Madrazo, a los que sigo con interés y cuidado. Algunos otros nombres que me interesan: Andrea Alzati (que publicó su último libro en Komorebi), Inti García Santamaría, Hugo García Manríquez (poeta y excelente traductor), Luis Felipe Fabre, Jessica Díaz, Karen Plata, Juan Manuel Portillo, Nadia Mondragón, Juan Carlos Cano (arquitecto y poeta), Ricardo Pohlenz, José Luis Bobadilla y José Molina (su obra reunida, Nada me faltará, se publicó hace poco en Almadía / Luz & Sonido, con un hermoso prólogo de Cristián Gómez Olivares). Habría otros nombres, claro, pero estos son los primeros que me vienen a la cabeza.

Conocemos tu poesía en Chile gracias a la editorial Komorebi, un catálogo que se ha caracterizado por publicar obras que cuestionan la comunicabilidad, usando el mismo lenguaje como exploración de una realidad, a veces, inasible. ¿Consideras que La marcha hacia ninguna parte se enriela en ese camino?, ¿qué diferencias estableces con tus libros anteriores?

Tengo sólo dos libros anteriores a La marcha hacia ninguna parte: Materia del camino (2006) y Pequeños resquicios (2013), y pienso que entre ellos hay muchas diferencias. La marcha es quizá el más complejo; también el de mayor madurez. Me parece que ahí converge la reflexión de muchos años y también ciertos procedimientos que estaban en ciernes en los otros dos libros: las pequeñas percepciones con tintes lírico-japoneses de Materia del camino y el hilo narrativo de Pequeños resquicios se entreveran en La marcha

Sobre la línea editorial de Komorebi, lo que te puedo decir es que todos los libros que han publicado son de una calidad incuestionable, me siento muy afortunada de que me hayan elegido para abrir su catálogo, fue una sorpresa muy hermosa. Y sí, me parece que como dices, Komorebi se ha dado a la tarea de publicar poemarios que cuestionan y exploran el lenguaje. Si La marcha logra hacer eso no es algo que me toque a mí decir, pero sin duda, me gustaría que apuntara hacia ello.

En una entrevista comentas que cada vez tienes menos control sobre lo que escribes y cómo tus experiencias cotidianas se filtran, casi como un sedimento narrativo, en tus poemas. Lo mismo pasa con algunos versos que al final del libro señalas su autoría. ¿El poema orgánico logra hacer suyo todo lo que lo circunda? ¿Es importante para ti ese diálogo con tu experiencia y tus lecturas?

El término “poema orgánico” me gusta especialmente porque supone apertura y libertad. Están también ahí implicados el cuerpo y la intuición. Y creo que sí, que tal como lo dices, ese tipo de escritura permite que todo lo que la circunda se filtre: la lectura de algún libro, una conversación escuchada al azar, la experiencia del amor o del dolor, los encuentros vitales y también la cotidianeidad. Lo más simple y lo más complejo pueden entrar en el poema, y eso es lo que no controlas, no decides qué o cuándo debe entrar determinado trozo de vida, simplemente sucede. Es algo que se da y que tú sigues y permites que siga sucediendo. Es ahí donde entra la voluntad, en ese estado de “disponibilidad”, en ese  permitir que el poema suceda, aunque muchas veces no se sepa hacia dónde va a ir…

En cuanto a La marcha hacia ninguna parte, la lectura tuvo un lugar muy importante en su escritura. En esos años estaba escribiendo unos ensayos sobre poética. Así que la reflexión de la escritura ensayística y el pensamiento poético se encontraron en un mismo proceso escritural, por llamarlo así. Me sentaba a leer y a escribir los ensayos, y de pronto surgía el poema. Ensayo y poema se alimentaron mutuamente. Fue un proceso muy interesante. El resultado de esos ensayos es Remar a contracorriente. Cinco poéticas: Hugo Gola, Miguel Casado, Olvido García Valdés, Roger Santiváñez, Gloria Gervitz  que se publicó, un año después de La marcha, en Madrid, en la editorial Libros de la resistencia. Así que entre ambos libros hay vasos comunicantes y esto me ayudó a ver la cercanía que hay entre el poema y el ensayo, creo que ambos géneros son muy afines.

La marcha hacia ninguna parte es un libro apaisado, de verso largo, donde el ritmo tiene un lugar fundamental junto con la disposición de los espacios. ¿Qué importancia le das al silencio en tu escritura?

El silencio es muy importante para mí. El silencio en el poema pero también el silencio del espacio en el que estoy escribiendo. Generalmente escribo en casa, incluso si alguna frase la escribo afuera; en la calle o en un micro, es en casa en donde el poema toma forma. Me imagino que porque ahí tengo pocas interrupciones y puedo estar muchas horas en silencio. En La marcha, me parece, hay distintas marcas de ese silencio: en los espacios en blanco, en los paréntesis, en las frases entrecortadas, en los guiones que ponen en vilo ciertas palabras. Son justamente esos silencios aunados a las repeticiones un tanto obsesivas, los que producen el ritmo. A diferencia de mis libros anteriores, con La marcha sentí que necesitaba más espacio, que necesitaba alargar las frases para que en el corte no se interrumpiera esa especie de inercia del lenguaje que por momentos es la que hace avanzar al poema o la que lo hace girar sobre sí mismo, porque en realidad no hay avances, hay desplazamientos y estos están dados por esos espacios en blanco y por los ecos, los rebotes entre las palabras, que resuenan aquí y allá.

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