Indeterminaciones (John Cage)

Indeterminaciones (2019)

John Cage (1912 – 1992)

Alquimia Ediciones

ISBN 978-956-9974-39-7

198 páginas

 

Podría leerse como un libro de relatos breves. Cercanos quizás a la tradición china, donde cada historia instala inquietudes e interrogantes en el lector. Estupefacción, sobre todo. Pero va más allá de eso. Incluso, tomando en cuenta el largo historial artístico de John Cage, quien incursionó en la pintura, la danza, la poesía, sin contar su trabajo de composición, Indeterminaciones nos muestra un escritor íntegro, atento a la forma de las historias, a la potencia de pequeños eventos iluminadores, a la cohesión que el azar le da a la vida.

Explicado en el prólogo: este libro está conformado por noventa historias, todas de la misma extensión temporal. Textos grabados cuya duración no podía sobrepasar los sesenta segundos, por lo cual, si no había mucho que contar, el silencio constituía gran parte del relato. Tal vez no exista composición en que John Cage no piense en el silencio como motor de compresión y habitar. Acá el espacio en blanco, la sangría y los cortes nos entregan aquello.

Las historias de Cage son diversas, sin orden, sin efectos. Son simples “anécdotas”. Versan sobre sus encuentros con maestros zen, hindúes, su madre, amigos, la religión. Pero también son historias que no sabemos si escuchó por la boca de otra persona o directamente de los protagonistas. Aunque eso no importa tanto. Lo que importa es su radicalidad: poner al mismo nivel la enseñanza de grandes maestros con la propia experiencia. La sentencia de la madre con la afirmación o negación del roshi/ gurú/ monje/ hindú/ profesor y un largo etcétera. No darles importancia a las etiquetas ni a las jerarquías. Iluminar desde cualquier ángulo. Como esa anécdota que habla sobre la madre que escucha las composiciones del hijo y piensa que se equivocó en su crianza; o esa otra donde al maestro Suzuki se le consulta por la existencia de una mesa, el sentido de aquello y solo responde con ambigüedades.

En las historias que relata Cage, que fueron pensadas como conferencias, asombra el carácter nimio, de baja intensidad de los hechos. Asombra porque de él se desprende casi una cosmovisión, una forma de entender un mundo en el que el pensamiento no está escindido en dos mitades, en donde las categorías se evaporan. Donde la excesiva taxonomía no funciona y la mejor respuesta para los problemas es la improvisación. Las anécdotas pueden ser datos que parecen sacados de Wikipedia. Hay ciertos nombres y obsesiones que se repiten: los hongos, la música, los padres, el zen, el silencio. Cage nos pone en veredas opuestas en el mismo texto; cuestiona hasta los símbolos que parecieran más universales (como el pájaro), pero sin querer.

John Cage es un maestro shaolín que no quiere enseñar nada, pero aun así logra iluminar a sus lectores. Nada más lejos que el afán pedagógico en sus historias. Más cercano a la filosofía o una forma de entender el mundo, donde verbalizar e intentar explicar los grandes problemas no tiene sentido, pues este está implícito en las historias, aunque no se entiendan. No hay que explicar nada. Solo mirar barrer al maestro y hacer nuestra vida, de cerca.

 

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