Llampo de sangre (Óscar Castro)

Llampo de sangre (1950)
Óscar Castro (1910-1947)
Ed. Andrés Bello (1979)
N° Inscripción 50.233
247 páginas
Precio referencial: $ 6.280
En la habitación había un silencio apretado cuando retorné a ella.
Llampo de Sangre es una de aquellas novelas injustamente relegadas al plano de “Lectura escolar complementaria”. Es decir, se reedita cada cierto tiempo, con ciertas características que, visualmente diría yo, hacen que uno de solo verla en un estante sepa que ese “es un libro colegial”. Y así van pasando de largo los lectores que pueden querer buscar un libro más bien serio. Y de la misma manera, difícilmente la recomendación del vendedor de la librería recaerá sobre esta novela, porque probablemente tampoco la haya leído. Para qué decir de aquel eventual joven escolar a quien va dirigida: si es que llega a leerla lo hará rápidamente, pasando hojas, tratando de alcanzar el final para dar la prueba, sin realmente leer ni apreciar. Muchos de ellos llegaran también a esta reseña, buscando un resumen de la novela (que no se los daré), como muchas veces ha  pasado, y acelerarán a la siguiente página de Internet, buscando la que pueda aliviarles el trabajo de tener que leer y compenetrarse de la obra del autor.
     ¿Por qué tiene que ser así? No lo sé. Quizás nadie quiere emprender la quijotada de revalorizar estas novelas, de darles la circulación que merecen. De afrontarlas desde una mirada adulta. Llampo de sangre. Óscar Castro, su autor, murió sin verla publicada. No se pudo enterar de la recepción de la gente. Quién diría que aquel ambiente oscuro que retrató, ese submundo de la minería chilena a comienzos del siglo XX, cuando las excavaciones se hacían mayormente a pulso por barreteros, en que los hombres que socavaban los cerros, buscando angustiosos la veta que los hiciera millonarios, morían en sucesión oscura, perdiendo la vida en las entrañas de las minas.
     De eso trata Llampo de Sangre. La historia relata la vida en torno a la mina. El autor usa como excusa a una mina llamada El Encanto, mina ancestral, rodeada de mitos, desde la que se extraía oro a raudales. El descubrimiento de aquella mina y su posterior explotación es el recurso que Óscar Castro utiliza de motor para hacer avanzar la historia, haciendo que el narrador se enfoque en diferentes grupos de mineros, desde los hombres bien asentados que descubren la mina, hasta aquellos que, enterrados en el socavón, van hiriendo los cerros para extraer el material.
     Otra vez nuestros narradores nacionales se hacen cargo de una realidad material, cruda y fuerte. Nuevamente podemos ver cómo eran las faenas, cuáles los sueños y anhelos de los personajes, estos personajes que más bien son personas entre las líneas de la novela, describiendo algo que ocurría día a día, instante a instante.

 

Désele al minero la mejor veta del mundo y siempre seguirá en pos de otras, porque el verdadero mineral que busca eludirá todo cateo. No está en los montes, ni en la tierra, ni en el agua: está en su propia sangre. Muestras, filones, colpas, llampos de sangre. Es una riqueza que ningún ser humano podrá medir jamás.
     Hay algo notorio en el puño de Óscar Castro, y es el amor que posee por aquellos hombres de vida arrojada, de las relaciones que van construyendo entre ellos, de sus problemas, sin importar el nivel de carestía del que sean víctima, siempre el tono es cariñoso y comprensivo, aún en sus defectos. No es conmiseración la que siente, sino que orgullo por aquellos hombres bravíos y simples. Los va construyendo en héroes, pero a través de actos humanos; no emprenden grandes campañas, sino que superan las vayas que se han construido en su entorno repleto de carencias. No los hace bandera de una lucha social, que sería facilista, como entre empleado y patrón, sino que los vuelve víctima de sus sueños, fantasías y añoranzas, de sus propias vidas y expectativas.
Imagen de la película del mismo nombre, basada en la novela.

    
Rancagua, aquella tierra repleta de mineros cupríferos, es la que aloja el relato de esta historia. Y me parece que no debiese haber nadie en aquella tierra que ignorara este relato, aquel que puede contarle a sus mismos habitantes desde dónde vienen y hasta dónde han llegado.

     Probablemente la más grande virtud de esta novela sea su capacidad para retratar la vida misma. Y claro, si su autor también sufrió lo que en ella relata.
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