Texto de presentación para “Principio de incerteza” de María Mazzocchi por Joaquín Montico Dipaúl

 

Principio de incerteza: el llamado de la voz de la voz de la voz, indefinidamente.

Por Joaquín Montico Dipaúl[i]

 

Habría que ver qué significa en términos literarios llamarse Victoria Valenzuela o María Mazzochi. En mi versión de los hechos simplemente hay una idea de dejar atrás una escritora con dos novelas publicadas en grandes grupos editoriales. Según intuyo, dado que se me impidió el acceso, esos libros que no reflejarían su escritura actual. Probablemente por ese motivo es que no se mencionan los títulos firmados por Victoria Valenzuela en la solapa de Principio de incerteza. Seguramente para entorpecer el camino hacia el pasado de quienes leerán con felicidad, ganas o entusiasmo el libro que presentamos.

Esta irrupción de María Mazzochi en la literatura y en la realidad, que desplaza a Victoria Valenzuela, mas no hace desaparecer, es, quizás, un punto de impulso, que entierra de a poco ese pasado y hace emerger un presente de escritura que se choca contra el lenguaje y que reflexiona sutil y agudamente sobre los temas que atraviesan a la literatura desde siempre.

Una pregunta para el futuro podría ser si es un libro transicional. Creo que esta pregunta es adecuada hoy porque lo transicional lleva en sí la danza, el movimiento, en contraste con lo establecido y cristalizado.

Ese movimiento donde se deja de ser una cosa para pasar a ser otra, está lanzado y puesto en funcionamiento. De este modo se nos presentan los cuentos de Principio de incerteza pero no exclusivamente a la manera de un binarismo paradójico, sino

también como un dilema de duplicidades que van y vienen, se unen y separan. En definitiva: se mueven.

Así lo leemos en La conducta de los animales, primer cuento del libro en donde amigas con vidas espejadas devienen hermanas. Olivia y Morín son las protagonistas inolvidables que atraviesan el relato como si fueran una sola persona, en un entorno con resonancias del estado de naturaleza hobbesiano. A medida que avanza la historia se van colando citas que funcionan como una falsa guía que se entromete para torcer el sentido lineal y hacer del texto otra cosa.

En el cuento Registro de pérdida el vector de la duplicidad, en ese caso, por hacerse, es donde el movimiento se hace más cabal y fundante. “Soy la mitad que no se muere” dice quien narra.

Vida y muerte disputan un cuerpo ¿se disputan un solo cuerpo?. En estas fuerzas en pugna se cifra la forma del texto.

La muerte como final premonitorio está anunciado desde el título y se narra sabiendo que no hay ninguna posibilidad de consuelo en las palabras, porque como observa Ricardo Piglia en sus tesis sobre el cuento, no existe lenguaje para los finales. Y la vida que queda se presenta como la voz; una voz que está por cesar en cualquier momento.

Una voz que se percibe como registro. Pero no cualquier registro, es un registro último. Y ese registro último tiene las características del cuento: es breve, transmite cierta calma, pero no pierde el tiempo, ya que le queda poco. Es, además, firme en sus dubitaciones: “una sabe tan pocas cosas”.

La única certeza es la del final. “En cuestión de horas seré toda madreperla”. Y en su final encontramos una posición moral y política muy firme, ya que la última voluntad del personaje es contar una historia. Una historia de una supuesta otra que conoce muy bien.

Siguiendo con la tesis de Piglia, como no existe lenguaje para los finales la única posibilidad es hablar el idioma de los poetas y eso es lo que ejecuta con gran eficacia María Mazzocchi en este texto.

Pero este problema sin solución del final se codifica en la voz. Y este punto es crucial. Principio de incerteza, me refiero al libro, es una voz que se afirma en la oscilación tectónica. Hace pie en arenas movedizas y nada en aguas turbulentas.

María Mazzochi, o debería decir los narradores de los cuentos buscan la voz en la lectura de los grandes escritores, la mayoría de ellos son los dieron forma a la literatura del siglo XX. Faulkner, Joyce, Kafka, Rulfo, por mencionar algunos.

Trabaja con la lectura de estos grandes escritores, los sigue y también rompe con ellos, porque es la única manera de acceder a

una voz. Y en ese ejercicio de ruptura resuenan los ecos de Macedonio Fernández y de Vicente Huidobro, como sucede por ejemplo en el exquisito cuento Cuerpo celestial.

La lectura de los clásicos desde la actualidad, desde la dispersión de esta época, desde el scrolling, puede dar como resultado un texto notable como el que le da título al libro. Pequeña novela por hacerse, donde la lectura funciona como punto de apoyo. La conciencia de la escritura, la imposibilidad de escribir, se despliega en todos los puntos de la rosa de los vientos. Un ejercicio para los críticos podría ser poner en diálogo este texto con Peripecias del no de Luis Chitarroni o con La novela luminosa de Mario Levrero.

La ruptura es un ejercicio natural en María Mazzochi: rompe con sus influencias y rompe con ella misma. ¿Esto quiere decir que es vanguardista? No. Porque no se puede ser vanguardista en el sentido de las llamadas vanguardias históricas, ya canonizadas, ni tampoco en el marco de las neo vanguardias de los años sesenta. Pero estas expresiones radicales del arte existieron y no dejamos de escuchar sus ecos. Por ejemplo, hay una idea de vanguardia que puede ser fructífera para pensar un tipo de literatura actual que no es condescendiente con el mercado o con cierta idea de mercado, como es el caso de María Mazzocchi. Esta idea dice que la vanguardia sólo puede hacerse presente como fantasma y con esa presencia ectoplasmatica podría establecerse un diálogo habitando el malentendido, ya que no hay comunicación posible en el sentido prístino, porque hay desfasaje, es un diálogo con diley

que en ocasiones puede resultar productivo. Este es uno de los aspectos que trabaja Damián Tabarovsky en el Fantasma de la vanguardia.

Traigo esto a colación, ya que el malentendido y la incerteza son ideas hermanas (como Olivia y Morín) que llevan dentro otra idea: que el lenguaje no es un instrumento comunicativo. El lenguaje es, no me atrevo a decir puro, pero sí mucho malentendido y mucha incerteza. Y al agitar estos árboles de forma adecuada caen los frutos como es el caso del primer libro de cuentos de María Mazzocchi.

Quisiera regresar a Cuerpo celestial, cuarto cuento del libro, que más arriba coloqué en un terreno macedoniano, ya que puede ser un desprendimiento natural del Museo de la novela de la eterna, pero también podría formar parte de la Antología de literatura fantástica compilada por Silvina Ocampo, Bioy Casares y Borges. Aunque el procedimiento es el Nota al pie de Rodolfo Walsh.

Líderes espirituales del mundo dirimen el destino de la humanidad en la ocupación de otro planeta en otra galaxia. En paralelo en todas las páginas leemos notas al pie de los personajes cuyos nombres son Quién Lee, Quién Escribe, Quién Narra, Quien Edita y Quien Escucha. Están ahí interrumpiendo la lectura para hacerse cada vez más presentes hasta tomar el control total.

La historia avanza y el personaje de una escritora registra lo que ve y reflexiona: “Cuánto poder tiene la mirada marginal del que narra con asombro”. Es muy difícil no detenerse en esta cita que

contiene una posición política sobre el arte de narrar. Habla del poder que posee un punto de vista particular (la mirada marginal) que lleva a narrar con asombro. En esta ecuación hay una clave. Porque no dice que no haya poder en otros lados pero este tipo de poder particular debe ser tomado, como mínimo, en cuenta. La atractiva enunciación convierte a este poder en objeto preciado, en deseo.

Una de las notas al pie que leemos ya avanzado el relato dice: “Quien narra busca construir un prototipo alejado de Quien Escribe y vindique su milenaria tradición oral de Quien Escucha”. Otra declaración de principios, donde se recupera al receptor de historias orales, al receptor de voces. Un receptor susceptible de invertir su rol si es que decide sumar algún que otro pormenor; en ese caso podrá replicar esa historia con su propia voz.

Viene bien mencionar una cita de un ensayo sobre Guadalupe Santa Cruz, donde María Mazzocchi escribe: “Dices apelar, llamar a la voz de la voz de la voz, indefinidamente”.

Como no hay lenguaje para los finales y no sé hablar el idioma de los poetas voy a decir, por último, que esta voz eterna, que siempre es anterior y siempre es de otros, resuena en cada frase de Principio de incerteza.

[i] Escritor y librero argentino

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