Vida de una geisha: la verdadera historia (Mineko Iwazaki)

Vida de una geisha: la verdadera historia

Mineko Iwazaki

Barcelona, 2002

284 páginas

 

Texto enviado por Pilar Villanueva-Martínez

 

“Existe un gran misterio a cerca de lo que significa ser geisha y no son pocos los equívocos que suscita nuestra profesión. Espero que este relato ayude a esclarecerlo”. (Iwazaki 2002)

¿Qué puede ser más íntimo que las historias que suceden entre las paredes de una casa de geishas? Lo poco que sabemos –y muchas veces erradamente– sobre el mundo de las geishas en occidente, pareciera ser por el acuerdo implícito entre estas mujeres para preservar sus secretos.

Cuando, gracias a un amigo, llegó a mis manos el libro Vida de una geisha: la verdadera historia, me emocioné por varias razones. En lo primero que pensé fue en Ghost in the Shell y en esa magnífica escena donde aparecen una cyber-geishas sirviendo sake en un banquete futurista. La escena rápidamente pasa a la acción y se transforma en una pelea entre los agentes especiales que interrumpen en el banquete y las geishas que intentan sustraer información, mediante cables que se conectan a las nucas de sus clientes. Otra representación de las geishas que se popularizó en gran medida en el occidente fue la película Memorias de una geisha. En esta, una niña japonesa son ojos azules es vendida a una okiya (nombre tradicional para las casas de Geisha), donde se le instruye para transformarse en la mejor geisha. Sin embargo, ¿qué nos dicen están dos producciones sobre el mundo de las geishas y la importancia de estas en Japón? Pues nos habla más de la mirada exotizante y tergiversadora del ojo occidental que del verdadero aspecto cultural, social y político del mundo de las geishas.

Escena de Ghost In The Shell. Cyber-geisha extrayendo información.
Escena de Ghost In The Shell. Cyber-geisha extrayendo información.
Cyber-geisha construída para Ghost In The Shell.

Lo interesante es que efectivamente hay un vínculo entre Mineko Iwazaki, la autora de este libro, y la película Memorias de una geisha. La película se basa en el libro de nombre homónimo del escritor Arthur Golden (1997). Arthur entrevistó en su momento a Mineko Iwazaki e hizo un acuerdo con ella, que en ese entonces era una de las geishas más exitosas y conocidas en Japón, y prometió guardar su anonimato. Mineko, luego de darse cuenta de que el autor rompió su palabra y reveló su identidad, decidió demandarlo y, más adelante, escribió su propio testimonio, lo que tuvo como resultado el libro que hoy tengo en mis manos, Vida de una geisha: la verdadera historia.

¿Qué significa realmente ser una geisha? ¿Cuáles es el contexto en que se mueven? ¿Existe realmente una relación entre las geishas y el trabajo sexual? Mineko Iwazaki logra contestar todas estas preguntas de manera clara y profunda, teniendo en cuenta a un/a lector/a que vivió y creció al otro lado del hemisferio. Con paciencia y de manera breve, explica cada uno de los conceptos que rodean esta cultura y que es imposible traducir simplemenete por medio de una palabra. La primera y gran aclaración que hace, y que le agradezco como lectora debido a todos los malentendidos que hay al respecto, se relaciona a la última pregunta. En Gion Kobu, el distrito dedicado a la entretención más celebre de Kioto y de donde proviene la misma Mineko, las geishas no se identifican a sí mismas con este nombre sino que usan “un término más específico: geiko o mujer del arte” (p8). Dentro de la categoría de geiko en Kioto, se encuentran también aquellas que se dedican a la danza tradicional y estas se denominan maiko o mujer de la danza. Sin embargo, tal como explica Mineko, existe una diferencia entre las oiran, que corresponde a las cortesanas y trabajadoras sexuales, y las geishas (maiko o geiko) que son animadoras:

“Shimabara era un distrito autorizado donde ejercían su oficio las cortesanas o prostitutas de categoría, las oiran y las tayu, que, al mismo tiempo, eran expertas en las artes tradicionales. Como las maiko, las jóvenes oiran también celebran su mizuage, pero en su caso el ritual consistía en ser desfloradas por un cliente que pagaba una importante suma de dinero por tal privilegio. Esta ambivalencia de la palabra mizuage ha creado, por otra parte, cierta confusión sobre lo que significa ser geisha. Las tayu y las oiran firmaban un contrato y, hasta su vencimiento, permanecían confinadas en el barrio.” (p245)

Como otaku y amante de la cultura japonesa, el libro de Iwazaki me cautivó de muchas maneras. La representación de las geishas es solo una de ellas, pues para describir el mundo de Gion Kobu, Iwazaki nos transporta a espacios donde la música tradicional japonesa pareciera salir de las páginas y la iemoto (fundadora o gran maestra de la escuela de arte tradicional japonés) pareciera bailarnos mientras avanzamos en sus páginas. Nos habla del sintoísmo (religión tradicional de Japón), del mundo “de la flor y el sauce” (término que usan las geiko para describir su mundo), y de las ceremonias que siguen a cada una de las estaciones del año.

Mineko Iwazaki describe con pena y cierto rencor las razones de su retiro como geiko y, más aún, como atotori (heredera y sucesora) de la okiya Iwazaki:

“Mi retiro sería un fuerte golpe para el sistema. Esperaba que el impacto de mi partida y sus repercusiones sirvieran como advertencia, y que las conservadoras autoridades se diesen cuenta de que las cosas debían cambiar. Quería que reconociesen que la organización era obsoleta y que Gion Kobu no tendría futuro si no se decidían a introducir nuevas reformas.” (p269)

Sin embargo, este aspecto se trata de manera superficial, sin dar muchos detalles de su descontento y sin ofrecer críticas más concretas en cuanto a su estructura. Si bien la autora describe con gran desplante este sistema matriarcal al interior de las okiya, donde se promueve la independencia económica y laboral de las mujeres, pareciera que su voz literaria tambalea un poco a la hora de hacer sus críticas. Es posible que por respeto hacia este mundo y hacia su título como atotori preferió no darle un gran énfasis a este elemento, sin embargo, como lectora habría agradecido saber más explícitamente este lado B de Gion Kobu.

Estoy segura de que este libro cautivará a muchos y muchas lectoras en este lado del Océano Pacífico, pues América Latina se está volviendo cada vez más otaku. De hecho, dentro de los 10 países que más consumen animé en el mundo, 5 de ellos están en América Latina: El Salvador, Perú, Chile, México y Bolivia. Aunque consumidores de animé e interesados en la cultura japonesa han existido siempre en esta región, lo fascinante es el reciente crecimiento de aficionados ha este género. Más aún, llama la atención el increíble rol que les otakus han tenido en las manifestaciones sociales. Tan solo basta pensar en la alta presencia que tuvieron las referencias al animé durante el Estallido Social en Chile (2019) y las protestas ciudadanas en Perú (2020).

En síntesis, Vida de una geisha: la verdadera historia es una autobiografía fascinante para aquellos/as interesados en aprender un poco más de la cultura tradicional japonesa. Más aún, pareciera estar escrito para aquel lector o lectora que no proviene de Japón u otros países asiáticos. Personalmente, nunca he sido una gran fan de las autobiografías pero Mineko Iwazaki logra conquistarte con su narración llena de baile, música, kimonos, altares e historias de (des)amor. Además, la inclusión de fotografías de sus presentaciones, familiares y vestimentas hacen el relato aún más vivo.

Mineko Iwasaki con peinado sakko. La imagen corresponde a su último día como maiko.
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