Galveston (Nic Pizzolatto)

GalvestonGalveston (2010, traducción de 2014)

Nic Pizzolatto

Salamandra

ISBN: 9788416237005

288 páginas

 

 

1. Lo primero es la faja del libro, donde el autor de las novelas Mystic River  y Shutter Island (llevadas al cine con el mismo nombre) Dennis Lehane afirma que este es el mejor noir que ha leído en la última década. Obviamente esto es esencialmente publicidad, no hay faja que no pretenda eso: “20ª edición”, “éxito del año”, “ganador del premio Nobel”. Justo arriba de esta afirmación se lee: “Una novela magistral del creador de la serie True Detective”, confirmando la regla y marcando el punto por el cual la mayoría llega a Galveston. Con una traducción al español que es recién de 2014, en medio del estallido de popularidad y buenas críticas que tuvo la primera temporada de la serie.

2. En Galveston hay descampados y ciénagas, carreteras y techos mohosos. Horizontes dominados por martillos extractores de petróleo, y muy pero muy poca gente. Aunque aparecen y se ocultan personajes mínimos o importantes, cada uno anda por las suyas. Hay un aroma a McCarthy en cada desolado movimiento, en los viajes y en el futuro que le espera a Roy Cody, un matón tejano al que le descubren un cáncer que le comerá dentro de poco, solo para luego darse cuenta de que su jefe le ha hecho una encerrona para deshacerse de él. En medio de la balacera y la sangre, entre los cadáveres de los que emerge salvando con vida, rescata a una adolescente con la cual iniciará un viaje de huida, dejando atrás a quienes querían asesinarlo.

3. Este no es un viaje iniciático, partiendo por el hecho de que todos acá ya están acabados. Roy se pregunta por la vida de Rocky —la adolescente que ha salvado—, cuestionándose si acaso podrá mejorar, o solo empeorar. Porque sabe que para él únicamente ha existido abandono y desprecio, y que cuando se atisba algo mejor, alguien viene y te lo arrebata. Acá la esperanza que existe se demuestra ilusoria, la vida plácida del sur profundo estadounidense jamás existió, todo intento queda como plan únicamente. Cada uno de los personajes ha surgido de la enfermedad que podría ser traslada sin problema al campo chileno, por ejemplo: “De niños maltratan animales pequeños y al hacerse mayores azotan a sus hijos con el cinturón y estrellan sus camionetas por conducir borrachos, a los cuarenta descubren a Jesús y empiezan a frecuentar la iglesia y a ir de putas”.

4. Todo lo campechano es turbio y herrumbroso, tal como cada construcción y pensamiento; todos en función del momento y el aprovechamiento individual. De ahí que Roy se cuestione a cada vuelta qué está haciendo con esa casi mujer, por qué la ayuda, si acaso debería follársela, si acaso debería dejarla sola y seguir su vida condenada al cáncer. Como si cada hombre fuera el pantano de sí mismo, en una tierra en la que solo hay desierto y penurias.

5. Si existiese lección posible entre los personajes de Galveston, sería algo como: no confíes en nadie, partiendo por tus propios deseos. Donde cada elección comporta hundirse un poco más, confiar es una debilidad, el agujero por el que se cuela el mal. Y con razón hacia el final, un destrozado Roy asegura que no se puede elegir lo que se siente. En medio de la hostilidad del mundo, mostrarse abierto por y hacia otro es una debilidad; es un túnel por el que el daño puede penetrar. En el escenario de Galveston hay soledad porque hay miedo ante el daño, uno pretérito del que todos proceden. Cada personaje está bosquejado en este marco, y de una manera que se nota trabajada y pulida. Cada diálogo es directo y adecuado a la velocidad del relato, a pesar de la nefasta traducción al español ibérico. Pizzolatto se nutre de la tradición de novela negra clásica donde el monólogo interior es tórrido y en general peor que los sucesos externos, donde el secreto existe como necesidad y no como opción, y donde finalmente no hay opciones porque el escenario es acotado y ya conocido por todos los participantes.

6. Galveston acaba con revelaciones luego de muchísimos años, del tipo que iluminan o destruyen la vida; y con un chusco intento de redención. El conocimiento, en medio de tanto desastre, puede resultar desastroso. “Tanto leer me enseñó a pensar. Era capaz de entender las cosas de una manera imposible hasta entonces. Sin embargo, como ya he dicho, nada de eso me convertía en una persona diferente”, pone Pizzolatto colgando un farol al final del túnel, dejándolo abierto e indefinido dentro de una relato que se sostiene muy bien, incluso cuando la indulgencia marca el final de la barbarie de la novela.

7. Hay que decirle al autor de la frase en la faja publicitaria que Galveston sí es una buena novela, pero ni por lejos lo mejor de la década, decirle que quizás en ese lugar está El poder del perro (2005) de Don Winslow. Aunque se entiende el origen de la cuña, si todo es cancha para el mercado, y el hype que provocó esta novela.

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