El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Jonas Jonasson)

El abuelo que saltó por la ventana y se largóEl abuelo que saltó por la ventana y se largó (2009)

Jonas Jonasson (1962)

Editorial Salamandra

ISBN 978-84-9838-416-1

412 páginas

 

El abuelo que saltó por la ventana y se largó es un libro que ha sido un completo éxito de ventas. Va por su edición número treinta y dos y una banda en su exterior indica que más de cinco millones de ejemplares se han vendido en todo el mundo. Su epígrafe es el siguiente:

Nadie era capaz de hechizar a su público como el abuelo, sentado allí, en el banco de madera, inclinado ligeramente sobre su bastón y mascando rapé.

—Pero ¿es eso es cierto, abuelo? —preguntábamos pasmados sus nietos.

—Quienes sólo saben contar la verdad no merecen ser escuchados —contestaba el abuelo.

Este libro es para él.

La razón de por qué copio el epígrafe es porque esta es la mejor parte de todo el libro y la que podría ameritar más comentarios. Así pueden ahorrarse el resto que carece casi completamente de interés. Pero intentemos ser justos y dar razones.

El abuelo que saltó por la ventana y se largó es la historia de un hombre que escapa (sí, por la ventana) de la casa de reposo donde vive y toma el primer bus que encuentra, precisamente el día en que cumple cien años. Justo antes, se lleva una maleta que contiene millones de coronas suecas. La maleta pertenece a un delincuente que, al no caber con ella en el baño de la estación de buses, de forma insólita la deja al cuidado de la primera persona que ve junto a él: Allan Karsson, el abuelo que acaba de cumplir cien años. De ahí en más todo se transforma en una sucesión de anécdotas, cada cual más inverosímil que la anterior, como si estuviéramos viendo una película de acción donde en la primera escena ya hubo seis o siete muertos y de ahí en más todo debe crecer en explosiones, mutilados, fuegos artificiales y pirotecnia, para conseguir el ascenso de intensidad que caracterizan a este tipo de películas.

—¿Qué más debo saber?

—Bueno, en el camino nos hemos cargado a otros dos, cómplices del que está medio muerto en el camión. Los tres se empeñaban en que les devolviéramos los cincuenta millones que acabaron en nuestro poder por casualidad.

—¿Cincuenta millones?

—Cincuenta millones. Menos algunos gastos que hemos ido teniendo sobre la marcha. Entre otras cosas, por la compra de este camión.

—¿Por qué viajáis en un camión?

—Porque llevamos un elefante en la parte de atrás.

—¿Un elefante?

—Se llama Sonja.

—¿Un elefante?

—Asiático.

—¿Un elefante?

—Un elefante.

(pág. 209)

El libro avanza paralelamente por dos líneas cronológicas que terminarán convergiendo. En una de ellas se cuenta la escapada del anciano, en otra nos enteramos de su aventurera vida desde su nacimiento, pasando por su juventud hasta llegar a su madurez. Así como en el tiempo presente huye de la policía que lo busca por un triple asesinato y de una pandilla de torpes delincuentes (quienes aparentan una edad psicológica no superior a los doce o trece años) que intentan recuperar su dinero de cualquier manera, por cuerda aparte, en el pasado aprenderá a montar explosivos, descubrirá la forma de hacer viable la bomba atómica, revelará el secreto de esta a E.E.U.U. y como si no hubiera bastado luego a la U.R.S.S., se encontrará con Franco, Reagan, Mao Tse Tung, Nixon, Stalin, Churchill, Truman, etc, etc, etc. A todos prestará servicios invaluables, todo lo hará casi por casualidad, jamás tendrá ningún tipo de duda moral sobre nada (jamás pasará por su mente la pregunta sobre qué pasaría si una bomba atómica estallara, como lo hicieron). Es como aquel antiguo personaje de las caricaturas de los años cincuenta, Mr. Magoo, que a causa de su ceguera sorteaba toda clase de peligros sin enterarse de nada y que por lo mismo causaba cuantiosos estragos en su contorno, que no producían ningún efecto en él. Así mismo es Allan Karsson en su propia historia: un completo miope de su vida. Y esto no carece de importancia, porque es su vida la que se nos cuenta.

El abuelo que saltó por la venta y se largó es un libro fabricado bajo las reglas de los best seller. Apunta a conseguir un único objetivo y lo logra en un par de momentos. Su intención es ser un libro entretenido. El gran problema con ello es que “lo entretenido” es una de las cosas más subjetivas que pueden existir, lo que a uno resulta entretenido no tiene por qué parecerle igual a otro. Sí, millones han comprado este libro, pero no imagino cuántos habrán llegado al final, porque es imposible saber a cuántos realmente les entretuvo, cuántos se aburrieron antes de la mitad, cuántos simplemente se cansaron.

El abuelo que saltó por la venta y se largó es un libro de una dudosa calidad. Si lo que buscan es entretención pura y llana en un libro, mejor intenten con Ampuero, que tiene harto mejor prosa.

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