El hombre que fue jueves (G.K. Chesterton)

020.el-hombre-que-fue-juevesThe man who was Thursday (1908)

G.K. Chesterton (1874-1936)

Fondo de Cultura Económica

ISBN 978-607-16-0056-1

219 páginas

Precio referencial $6.000

 

Chesterton, el autor de El hombre que fue jueves, fue un escritor que dejó una extensísima bibliografía no solo en novelas, sino que también ensayo, poesía, obras de teatro, etc. Se le cita, en ocasiones, como crítico autorizado de ciertos autores. Sin embargo, la obra que nos ocupa en esta reseña pareciera ser la que mejor ha resistido el paso del tiempo.

El hombre que fue jueves (1908) a primera vista tiene apariencia de novela policial. En ella, el detective Gabriel Syme a través de su contacto con el poeta anarquista Lucian Gregory, se interna en una célula anarquista que pretende destruir el mundo. Gracias a su agudeza, Syme logra ser elegido para el Consejo de los Días, una especie de consejo rector de la colectividad anarquista, cuyos integrantes, en lugar de ser designado por sus nombres lo son adoptando el de un día de la semana. Syme es electo como Jueves. Y su objetivo es destruir el anarquismo que pone en riesgo el mundo, representado principalmente por quien encabeza y dirige el movimiento anarquista: el Domingo.

Pero si quiere usted saber lo que no me parece, voy a decírselo: no me parece posible lo que a usted le parece posible. Yo no puedo admitir, ni admitiré nunca, que la masa humana sea un conglomerado de abominables pensadores modernos. No, señor mío, yo soy demócrata; no puedo admitir que el Domingo sea capaz de convertir a sus doctrinas a un pobre peón o bracero. No: yo podré estar loco, pero la Humanidad no está loca. (pág. 169)

Syme, quien nos es presentado como un poeta que devino en detective, prontamente comienza a darse cuenta que el resto de los integrantes del Consejo de los Días también son policías encubiertos, tal como él, y que la finalidad de todos es destruir a Domingo, el paradigma del anarquismo, y que han estado unos junto al otro, compartiendo el mismo silencio temeroso de ser eventualmente descubiertos.

Sois incapaces de hacer nada. Sólo podéis destruir. Destruiréis a la Humanidad, destruiréis el mundo. Contentaos con eso. Pero esta antigua linterna cristiana no la destruiréis. Irá a dar a un sitio en que vuestro imperio de monos será incapaz de rescatarla. (pág. 176)

Decía que esta novela resulta una suerte de novela policial, pero prontamente toma un vuelo inesperado, despegándose de la realidad y sus consecuencias, transformándose en una alegoría. Ya en 1908, cuando se publicó esta novela, el autor fue capaz de ver la existencia de estos grupos anarquistas y cómo su pensamiento tendía a destruirlo todo; pero no se trata de una novela en contra del anarquismo, o ni siquiera sobre el anarquismo como ideología, es más bien una especie de juego literario entre dos posturas antagónicas que han coexistido en toda la historia de la humanidad: el bien y el mal (o más precisamente: el orden y el caos). Pero ninguno de ellos se encuentra en su estado puro (aquello redundaría en una obra simplísima), sino que se confunden y entremezclan en la historia, haciendo que los perseguidores se vuelvan los perseguidos o que, incluso, los perseguidores se persigan entre sí.

¿Quieren ustedes que les diga el secreto del mundo? Pues el secreto está en que sólo vemos las espaldas del mundo. Sólo lo vemos por detrás: por eso parece brutal. Eso no es un árbol, sino las espaldas de un árbol; aquello no es una nube, sino las espaldas de una nube. ¿No ven ustedes que todo está como volviéndose a otra parte y escondiendo la cara? ¡Si pudiéramos salirle al mundo por enfrente!… (pág. 200)

Fuera de lo anterior, el mismo Domingo —que resulta ser al tiempo orden y caos, creando el cuerpo de policías intelectuales, situándolos en su consejo y, por otro lado, encabezando el anarquismo—, es una alegoría de otra cosa. ¿Qué representa esta dualidad? Me inclino a pensar que descansa su figura en una imitación literaria del creador, una especie de dios malo, que juega con los muñecos que para él son los hombres. Sería, entonces, una alegoría de carácter religioso.

G.K. Chesterton
G.K. Chesterton

En suma, se trata de una novela ágil, con un humor irónico, que tiene una cierta estructura policial, la misma que destruye a través de la importancia que le da a la alegoría y que termina situándose como lo central, haciendo pasar a un plano muy secundario la anécdota de la persecución de Domingo. No tengo claro si esta novela resistirá cien años más, si llegará a resultar “canónica” (sea lo que sea que aquello signifique), pero sí al menos aún logra entretener al lector y transmitirle una sensación de inquietud acerca de las verdaderas intenciones del autor con las posibilidades de significación que posee esta.

 

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