Cartas (Lev Tolstói)

Cartas
Lev Tolstói (1828–1910)
Edicomunicación S.A.
ISBN: 8476729960
279 páginas
Precio Referencial .Cl $5.000
 
¿Quién era Tolstói, aquel gigante de la literatura, el escritor de algunas de las más inmensas obras que jamás se hayan escrito? Dificilísima pregunta. Sí sabemos que era una persona sumamente especial. 
Quién era Tolstói. Imposible responder en una frase. Pero quizás la mejor forma de acercarse a él, a su manera de pensar, a su vida doméstica, sea abordando sus abundantes cartas. Hoy por hoy es simple hacerse de gran parte de la obra epistolar del autor, eso es lo que contiene el libro que ahora reseño. En él hay, cronológicamente insertos, un gran volumen de sus cartas, dirigidas no sólo a sus amigos, familia, esposa, también están contenidos sus comentarios y críticas a otros autores (Nietzsche, Bernard Shaw, Leonidas Andreiev, por citar algunos).
Quién era Tolstói. Vamos otra vez a responder lo imposible: era un pacifista, una especie de anarquista, promotor de la lucha sin violencia, un hombre que desde la literatura cambió el mundo. Tolstói mantuvo correspondencia con Mahatma Gandhi, exponiéndole largamente su postura sobre la no-violencia, sobre el amor, sobre la vida espiritual. Todo ello influyó en Ghandi. Y hasta el día de hoy hablamos de cómo se libertaron naciones enteras sin que muriera una sola persona. Tolstói acuñó la frase “Todos quieren cambiar al mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”. Y siguiendo el sentido más interno de esta él se cambió a sí mismo. No sólo abandonó la literatura dedicándose completamente a la vida espiritual, sino que además renunció públicamente a los derechos de autor, para que así cualquiera pudiera publicar sus obras y aprovechar de ellas, renunció a sus bienes, a absolutamente todos, y los dejó a sus herederos tal como si él hubiese muerto, para que ni siquiera hubiera rencillas entre ellos, se dedicó a la enseñanza del campesinado ruso, se fue a vivir al campo. Lo abandonó todo. Más aun: dejó a su mujer, a la misma que siempre había amado y seguía amando, no porque la quisiese menos, sino porque sabía que ella no compartía el camino espiritual que él había escogido para sí. No se lo reprochaba, sabía bien que aquel camino era propio y que a nadie podía imponérselo. La dejó para liberarla de sí mismo, y para poder seguir adelante. No podía vivir rodeado del lujo que vivía, del éxito, pensando como pensaba, creyendo en lo que creía, todo eso era incompatible.
 

 

Todo lo dejó atrás, pero jamás se marginó del mundo. Siguió interesado y participando en todos los aspectos de la vida que le parecían relevantes, pero desde ese punto de partida cien por ciento honesto con sus propias creencias. Tolstói se cambió a sí mismo, y desde ese punto cambió el mundo. 
Vestigio tangible de ello son estas cartas.
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