En busca del tiempo perdido (Marcel Proust)


En busca del tiempo perdido (Marcel Proust)
1.- Por el camino de Swann
Edición Alianza Editorial, Biblioteca Proust
Autor: Marcel Proust (10/07/1871-18/11/1922)
516 Páginas
Primera edición:”Por el camino de Swann” editado por la editorial Grasset en 1913, a cuenta del propio autor, y luego en una versión modificada en la editorial Gallimard en 1919.
Precio referencial: $18.630Leí este libro por un deber moral conmigo mismo. Ya había escuchado mucho, quizás demasiado sobre él. También había leído citas de él en otras tantas novelas. Mucho se comenta acerca de la importancia en la literatura que ha tenido esta novela, de su influencia inmensa, y ahora último, ya que se ha entregado el Novel de Literatura a una desconocida, se comenta sobre lo injusta que fue la academia con Proust y se menciona, por supuesto, como ejemplo máxime a “En busca del tiempo perdido”. Las expectativas, se imaginarán, eran proporcionales a la cantidad de veces que había escuchado nombrarlo. Tengo que aclarar antes que todo: soy lector compulsivo, excesivo, y de juicios arbitrarios. Mi primera impresión fue tan desfavorable como es posible. Las descripciones minuciosas hasta el cansancio, que se prolongan por páginas y páginas sin hacer avanzar ni un ápice la narración simplemente me produjeron un tedio que casi superó mis ganas de seguir hasta el final. Pero no por lo anterior pude dejar de reconocer el trazo bien definido del autor, sútil, y sus frases bien armadas. De a poco fui adentrándome en esta historia sin historia, que más que narración de acontecimientos es la narración de una época. Leer “Por el camino de Swann” no es leer una sucesión de anécdotas, es leer un contexto, una relación detallada del fresco que constituye una época, de sus personas, sus relaciones, las figuras que conforman la ciudad, sus aromas, formas, amores, comportamientos. La primera parte de esta primera novela que compone la serie “En busca del tiempo perdido” usa como excusa de narración las dificultades de sueño de un niño, el protagonista, de cómo le duele el alma saber que se irá a acostar sin el abrazo y el beso de su madre, cómo se desarrollan las visitas en su hogar mientras para él el día acaba, la ansiedad, el dolor ante su habitación vacía al final del día. Nada del otro mundo, dirán. Pero necesito insistir: no es la anécdota lo que en el fondo se está contando, es el contexto, son las relaciones, la época, el escenario; ahí se encuentra la magia y el sentido.

La segunda parte, titulada “Un amor de Swann” cuenta los amores y desamores del Sr. Swann con Odette de Crécy, mujer de pasado y actualidad licenciosa, de la que se rumorea abundantemente a su paso. Swann es, por el contrario, un hombre de buena posición y relaciones. La historia enhebra el amor y el desamor desde la óptica de Swann –aunque sigue siendo el narrador el pequeño de la primera parte- hacia la muchacha sobre la que tanto se murmura. Nuevamente todo envuelto en el contexto de la época, a comienzos del siglo XX, de las damas de largos trajes, de las sombrillas y los paseos por los Campos Elíseos, los brillos artificiales, los arreglos florales en los vestidos de las damas en los paseos, donde la época es la protagonista. El volumen concluye junto con el final del amor enloquecido de Swann hacia su querida, cuando él descubre que finalmente ya puede vivir sin ella.

El tercer volumen, titulado “Nombre de Tierras: El nombre”, nos devuelve a nuestro narrador principal, en su primer amor infantil que endiosa, tal como antes lo hacía Swann, a su pequeña amada, entre juegos y esperas. La niña objeto de su devoción no es más que la hija de Swann. Su madre, contra todo pronostico, es Odette de Crécy. Al final de dicho volumen se encuentra el fragmento a mi parecer más notable de esta novela: toda la conclusión que hace el narrador sobre el cambio de los tiempos, desde el vestir de las mujeres que antaño le enamoraran (nos da la impresión de un narrador envejecido), hasta de las calles, los bosques, los paseos que ya no existen, los antiguos carros (victorias), el amoblado añoso, todo aquello que cuando pequeño le fue propio y tanto amó, todo aquello que ya no es sino recuerdo y que lo deja a él nada más que para vivir en el pasado, como si quisiera reencontrar el tiempo perdido en sus propios recuerdos.

Mi propia conclusión es sumamente extraña. Reconozco que no iré inmediatamente por la segunda parte de esta interminable novela, ni que tampoco buscaré otros textos de Proust en el tiempo más cercano. Pero hay que decirlo: algo hay de casi sublime en su prosa, algo de antiguo y bello, algo que ya es impropio a nuestra época, como si su misma forma extensa de construir las frases, situaciones, cuadros, fuese también de otro siglo, y estuviese ahí para confrontarnos cómo todo ha cambiado, en desmedro de toda la belleza formal que antes existiera. No lo sé muy bien. Acabo de terminar con esta novela, hoy en mi almuerzo, robándole horas a mi colación entre horas de trabajo y creo que necesitaré más tiempo para asentarla, como sea, pienso que la dificultad mayor de leer este libro sea justamente lo que ha pretendido apuntar el autor: media entre la novela y yo un tiempo perdido, episodios que desconozco y realidades que para mi son y serán siempre inexistentes. Sea hermoso quizás poder presenciarlo en aquellas hojas, desde el lenguaje hasta la historia, pero no deja de ser sumamente trabajoso, y en muchas ocasiones denso y pesado de llevar. Hay un pequeño milagro que hace reaparecer el tiempo perdido en estas hojas, pero quizás seamos todos mancos en esta época, haciéndonos imposible aprehender este obsequio valioso.

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4 Comments

  • lei un AMOR DE SWANN, por un encargo del colegio y aunque me encanta leer, confieso que me fue sumamente dificil la lectura de este libro, y no por lo rebuscado de las palabras, sino por la estructura, Proust empieza desde un punto muy pequeño, casi invisible y comienza a ramificarse para volver al mismo punto despues de haber jugado con el tiempo como ha querido, nunca me enfrente a un libro

  • Mallan, antes que todo, gracias por tu comentario. <br /><br />Leyendo comentarios y analisis que he encontrado sobre Proust y su obra también caí en el tema que tu sacas a relucir sobre la estructura de sus frases. Se ha dicho en ocasiones que él hablaba así, de esa manera extraña, construyendo frases interminables, para posteriormente deshechar dicha misma hipotesis ante la evidencia de que él

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