Texto de presentación de “Dos corazones tengo” de Roxana Miranda Rupailaf por Francisca Palma Arriagada.

Dos corazones y más: el hermoso misterio de la prosa de Roxana Miranda Rupailaf

  por Francisca Palma Arriagada

Cuando te invitan a presentar un libro una siempre da las gracias. En este caso, a las gratitudes correspondientes, debo sumar una declaratoria, y esta es mi más completa admiración a una de mis maestras que es Roxana Miranda Rupailaf.

Me honra enormemente estar acá compartiendo esta instancia, este baby shower de libro, siendo este uno de carácter peculiar en la larga, sólida y poderosa –a pesar de la juventud– trayectoria de la autora.

 Motivada por lo mismo, como nunca, escribo esto anticipadamente.

No quise que el azar fuera mi carta.

Es que me lo tomé en serio.

Por eso mismo, tuve que volver a leer el libro, que me acompañó un mes antes en mis caminatas de mi casa al trabajo. Una grata compañía con lo primero que quiero destacar: el tamaño, corte y confección de Dos corazones tengo.

 

1- La forma

Quizás no sea de buen gusto hablar de la forma antes del fondo, pero cuando recibí el envío, gentilmente gestionado por la admirada Mariana Hales, sentí ternura.

Tan pequeñito, tan hermoso su color, sus puntas redondeadas. Un objeto del tamaño de una libreta pasaporte que son mi debilidad.

De entrada, me ganó el corazón y el tacto, porque, para mí, los libros también entran así.

Felicito por ello entonces a la editorial La Maña y a su diseñadora, Estela Morales (que se llama igual a una compañera de curso jiji).

Dos corazones tengo, un libro tan hermoso que hasta dudé rayar, pero lo hice. Para mi leer va de la mano de eso, de dejar mis huellas porque, siguiendo a la escritora argentina Bettina González, “leer es, en verdad, entregar el corazón”.

El corazón, dos corazones y más.

 

2- Los gestos

Acá se abre una sublista, pero voy a hacerla corta.

El libro está poblado de “cositas”, “caricias escriturales”, “cariños” o como creo que queda mejor planteado: “gestos”.

El libro, escribe Roxi, “nace del amor por mis muertos”.

Ese es el gesto primario del libro, el amor.

¿Qué otra cosa, centralmente, puede movilizarnos a hablar de otros y hacerles “inmortales” en lo que escribimos?

Bueno, el odio, pero en este caso estamos en la vereda del querer, de anhelar, de desear tener.

Otro gesto es la oralidad, plasmar lo oído. Escribir como testimonio de lo que nos enseñaron, de lo que heredamos. Dejarlo en un dispositivo libro no como prisión, sino como posteridad.

Esto tiene otro valor, otra capa gestual, cuando hablamos de nuestras familias, quizás todas, lejanas al mundo de los libros a pesar de ser portadores de las palabras. Quizás nos inundaron de otras poéticas que luego abordamos, elaboramos, computamos, transformamos y paf, escribimos ahora nosotras.

Otro gesto más es el duelo, la muerte y su presencia en la mayoría de los relatos.

Le pregunté en una entrevista a Roxi –pues ante y sobre todo soy periodista– si este es un libro de duelo. Ella respondió que sí, que Dos corazones tengo “es un libro de duelo, pero observado con distancia; un duelo que ya fue llorado y que cobra madurez en el relato”.

Sigue Roxi: “me gusta volver a la vitalidad de las personas que amé, imaginarlas vivas y recordar los detalles que me unían a ellas. Es importante mantener su alegría y su espíritu”.

Pero, aclara, “no es un libro triste: está lleno de anécdotas, risas y vitalidad”.

Un duelo festivo, un duelo cargado de amor.

 

Hay muchos más, pero sumo otro gesto: acudir al pasado y los momentos de la mano de la música.

Varias de las entradas de Dos corazones tengo llevan por título letras o nombres de canciones: La poderosa muerte, Una luz que borre todo mi pasado, Qué pena siente el alma, El extraño del pelo largo…

Y cito de nuevo a Roxi, que en esta tercera entrevista que hicimos se esforzó y me mandó respuestas más largas.

“La música es parte fundamental de mi proceso creativo; escribo escuchándola y creo que cada persona tiene su propia banda sonora. Me gusta asociar a la gente con sus canciones favoritas y con momentos de alegría”, escribió desde Osorno hace unas semanas; concluyendo con otra frase que me parece debe quedar en el bronce: “Me atrae la intensidad de las personas y de eso escribo”.

 

3- La visualidad

Este componente que se plantea desde el archivo y desde la colaboración del talentoso Aukán Martínez. Roxi niña, Roxi bebé, textos, fotos de bares, lugares, esquinas, gatos, ruinas…

Todo acto de escritura, el querer plasmar algo, atrapar sensaciones, sentires, momentos, fugacidades, está bajo el régimen de la nostalgia.

La foto como muestra que excede a la écfrasis. Las fotos como un diálogo amoroso y de complicidad entre dos rahuinos y poetas.

Saludos a Aukán.

 

4- Los antepasados

 Acá quisiera incluir no solo a las parentelas sanguíneas.

Hay una figura clave que es fundacional para Roxana y a quien quisiera que honremos hoy.

Se trata de Deysi, su amiga de infancia, a quien, si bien no está específicamente dedicado el libro, es matriz de él y de los otros, porque como escribe Roxi, “La Deysi me regaló la escritura”.

Gracias por esta escritura Roxi, por su entrega, corazón, corazones, que son múltiples.

Gracias a Deysi, motor de todo.

Y quiero cerrar con una cosa que puede ser una tontera porque responde a la forma pero que tiene que ver con los gestos, con este libro poblado de ellos.

El libro que espero todos puedan partir a comprar cuando terminemos acá, es celeste.

Un detalle. Una tontera, se podría pensar.

Pero no.

Roxi lo explica y cierro con su voz: “El celeste del libro es un guiño a la Virgen de Lourdes, patrona de la parroquia de Rahue donde me bautizaron y donde hice la primera comunión junto a Deysi, protagonista de uno de los relatos. Celeste era también el pantalón de combate de Martín Vargas, quien como buen rahuino se encomendaba a esa misma Virgen”.

Celeste, pequeño y poderoso.

Gracias Roxi por este convite.

Larga vida a tu escritura.

 

Gracias.

 

 

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