Federico Zurita: “Un cuento es un mapa”

Fotografía: Gabriela Lobos

El 2012 Federico Zurita publicó El asalto al universo, un ambicioso volumen de cuentos, o más bien una cruza entre novela y cuento, con historias interconectadas e independientes a la vez. Este año redobla la apuesta con Lo insondable, también un volumen de cuentos en esa línea, próximo a aparecer por la editorial La Pollera. Y va bien encaminado, al menos eso podemos decir tras el adelanto de “Todos los pasos”, el relato con el que ganó el concurso de la revista Paula. Además de cuentista, es dramaturgo, autor de las obras teatrales Se preguntan por la muerte de Clitemnestra y Mil y una formas de pago (esta escrita junto a Gabriela Lobos G.) ambas estrenadas por Compañía La Porcina. En julio de 2015 se estrenó su obra Apocalipsis a la hora de comer.

Por Nicolás Campos
@NicolasCamposF

1. Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

La película El nadador (1968). Sé que hago trampa porque está basada en un cuento de Jonh Cheever, pero vi primero la película. Yo tenía ocho años (ya era una película vieja en ese momento) y me impresionó que no se explicara la extraña conducta del protagonista, que consistía en cruzar el condado a nado por las piscinas de las casas de sus amigos, y que cuando llegara a su casa esta estuviera vacía. Varios años después comencé a escribir y la lógica del “decir sin decir” que vi en esa película se constituyó en un objetivo de mi escritura. Seguramente al principio lo hacía pésimo. No sé si ahora lo haga mejor, pero sigue siendo un objetivo. Las olimpiadas de la risa (1978) también la vi en la infancia, años antes de empezar a escribir. Me impactaba que aparecieran personajes de otras series animadas. No me di cuenta cuando en mis cuentos los personajes comenzaron a repetirse. Luego leí a Rodrigo Fresán e insistí en el uso de la herramienta. Unos documentales sobre Emil Zátopek y Nadia Comăneci que vi a los diez años. Desde entonces mi curiosidad, no solo por Checoslovaquia y Rumania, sino por toda Europa Oriental fue creciendo hasta que se concretó en su articulación como escenario de las acciones de muchos de mis cuentos recientes. La imagen de ese costado de Europa que apenas contemplé en mi infancia como telón de fondo de la vida de Zátopek es una parte importante de las pugnas de poder de la historia del siglo XX, y en el Chile de la década del 80 esa parte del mapa permanecía a oscuras. Yo, sin saber por qué, sentía cariño por ciudades como Praga, Bucarest, Budapest y Moscú.

2. Cuéntanos de algunos lineamientos de tu, permítenos llamarla así, poética. ¿Qué preguntas o imágenes o temas se reiteran en tus libros?

Es difícil hablar de esto con apenas un libro publicado y otro por salir. Pero el impacto de El nadador, de Las olimpiadas de la risa y del documental sobre Emil Zátopek puede dar luz de cuáles son los elementos que de momento se repiten en los cuentos que escribí. Simón Ergas, editor de La Pollera, editorial con quien sacaré mi segundo libro, titulado Lo insondable, describió el funcionamiento de este libro y del anterior de forma muy clara. Dijo que construyo un hecho de ficción y luego comienzo a ficcionalizar alrededor de este.

3. Una breve descripción de tus jornadas de escritura y lectura.

En realidad no tengo una jornada de escritura fija y bien delimitada. Por suerte mi trabajo está ligado a la lectura y a otras escrituras: la crítica teatral y, por ahora, la elaboración de mi tesis doctoral que también es sobre teatro. Pero la escritura creativa se lleva a cabo entre medio, lo que a ratos me parece lamentable porque hay muchas ideas que deben esperar. Ese lamento, sin embargo, propicia que en realidad esté escribiendo siempre, que permanentemente esté buscando generar esos “entre medio”, aunque sea un rato pequeño para tomar apuntes o hacer mapas indescifrables para otros, llenos de flechas que a veces unen indicaciones de tiempos o espacios o lo que sea que corresponda, y así no seguir acumulando historias que, hacinadas en la conciencia, tienen la manía de atormentarlo a uno. Lo digo exagerando. Nada en la escritura se parece al tormento, si así fuera no escribiría. Pero sí me da miedo que alguna historia se vaya a perder en el olvido. Esa es una pulsión humana, creo, y no es extraño que se reproduzca en la pequeña historia de mi relación con la escritura.

4.-  ¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

La envidia y el resentimiento cumplen el papel de movilizar la acción a través de la pugna entre los personajes. Pero imagino que la pregunta, más que hacer referencia a su uso como parte de los engranajes de los textos, apunta a cómo estos sentimientos participan como sustentos de los sentidos del texto. Creo que el resentimiento está estigmatizado. El malestar que lo constituye es básicamente el efecto frente a una acción violenta. La desigualdad social, el patriarcado, el colonialismo y la xenofobia son ejercicios de violencia. Si se manifiestan es preferible que haya resentimiento, sino nadie intentaría combatirlos. Si ese resentimiento, además, aparece en la literatura, puede ser muy productivo. Si yo mismo logro estar así de resentido y me alejo de las divagaciones metafísicas (especialmente porque no tengo las herramientas teóricas para desarrollarlas satisfactoriamente), puedo sentir que lo que hago también es productivo. En relación con la envidia, no sé qué papel juega en mis textos. A mí me dan envidia los astrónomos, los físicos, los filósofos y los matemáticos. Los corredores fondistas, como Emil Zátopek, también.

5. ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

Imagino que la pregunta alude al estado de la crítica en los medios de comunicación de masas y no a la crítica académica, así que hablaré de la primera. Reconozco que me interesa más la crítica teatral que la literaria. Identifico, además, la existencia de aportes al debate sobre el arte en ambas. Sin embargo, sus exponentes son heterogéneos. Hay críticos muy eficientes y otros muy haraganes. Me molesta la crítica sin base teórica que, por tanto, se vuelve antojadiza y muchas veces se queda apenas circundando al texto sin lograr entrar en este. Me molesta el crítico que se hace el rudo porque así (cree él) los lectores pensarán que es mejor crítico. Me molestan los meros resúmenes y las menciones de asuntos que nada tienen que ver con los significados del texto. Prefiero la exégesis y los juicios ideológicos a partir de las estrategias del texto (necesitamos críticos que sean capaces de identificar las estrategias). Prefiero la crítica que se hace cargo de continuar el debate iniciado por su objeto de análisis, que asume el vínculo entre lo estético y lo ético, y que se aleja de las divagaciones impresionistas. Mi favorito, por lejos, es el crítico teatral Sebastián Pérez.

6. A la hora de escribir, ¿has jugado con la idea de concretar un proyecto literario? ¿Cómo  te lo imaginas?

No pienso en un proyecto literario a largo plazo. Sí pienso en pequeños proyectos. Un libro de cuentos, al menos como yo los prefiero, ya es un proyecto. Los fragmentos que dejan ver una parte del mundo parecen el resultado de un azar, pero son el efecto de una estrategia. Así, la historia se completa sin explicitar lo dicho, pero sugiriéndolo a partir de repeticiones y vacíos subrayados. Esa lógica de mi primer libro se repite en el segundo, que está por salir, y así ambos, a su vez, están interrelacionados. Imagino, a mediano plazo, varios libros que se interrelacionen, pero eso no es un proyecto literario a largo plazo, pues también he formulado los primeros bosquejos de cómo funcionaría el cierre de ese proyecto que hasta ahora ya incluye dos libros. Además, insistiendo en la imposibilidad de pensar a largo plazo, he formulado los primeros mapas y resúmenes de lo que sería otro proyecto sin ningún vínculo, según me parece hasta ahora, con lo ya publicado y lo que estoy próximo a publicar. En este contexto en que escribo, entre que hago clases y voy al teatro, han surgido hartas ideas de momento archivadas.

7. ¿En qué clase de escritor rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura que veas en nuestro mundo literario que te provoque rechazo?

En uno que no se da cuenta del potencial simbólico de lo que escribe, que escribe para impresionar, que está preocupado de la imagen que de él se hacen los lectores por las conductas pop de sus personajes. En uno que escribe para romper el canon sin comprender que las transformaciones en la historia de la literatura responden a necesidades discursivas y no a la carrera por la medalla del más novedoso de la semana. No sé si existe al menos un escritor que escriba guiado por todo esto. Yo no querría escribir por esas razones.

8. La distribución de los libros ha cambiado: aumentó el influjo de las editoriales llamadas independientes. ¿Qué ves de bueno y malo en este escenario?

El hecho de que las novedades literarias ya no las publiquen las trasnacionales y que, en cambio, formen parte del catálogo de las independientes, propicia que existan más textos y que las formas y discursos sean más variados. Es mejor que existan cincuenta criterios de lo que se merece circular en lugar de cinco. La estructura de poder que determina lo que circula se democratiza. Lo malo, tal vez, se relaciona con la falta de fuerza para hacerse lo necesariamente visible. Pero, quizás sosteniéndome en mi ignorancia, pienso que eso puede deberse a que estamos frente a un fenómeno relativamente nuevo. Creo que lo malo puede ser, en pocos años más, menos malo.

9. Algunas editoriales cuyos catálogos te llamen la atención.

No tengo el tiempo ni el dinero como para conocer satisfactoriamente suficientes catálogos. Me declaro incapaz de responder esto.

10. ¿Qué estás leyendo ahora?

Gottland de Mariusz Szczygiel. Lo compré luego de escuchar una descripción que hizo Óscar Contardo. Szczygiel es un periodista polaco que escribió este libro de crónicas sobre República Checa. Emil Zátopek aparece nombrado en una crónica sobre Tomás Bata. Al igual que como me ocurre con la escritura creativa, lo estoy leyendo entre medio de otras lecturas con motivaciones académicas (lo que incluye también relecturas): El acontecimiento de la literatura de Terry Eagleton, el drama El gesticulador de Rodolfo Usigli, Dramaturgia chilena, 1890-1990 de María de la Luz Hurtado y el drama Doña Ramona de Víctor Manuel Leytes. Estoy ansioso por hacerme el tiempo para leer Lacra de Marcelo Leonart y los dramas de Luis Barrales, que pronto van a ser publicados.

11. Parece haber cierto consenso en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

Muy probablemente es porque no veo con claridad el límite de lo que es considerado parte de “los clásicos de siempre” y no porque quiera hacer trampa que incluyo en esta lista a: Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que me permitió en la universidad comenzar a sentir empatía por las crónicas de indias; El Gesticulador de Rodolfo Usigli, La viuda de Apablaza de Germán Luco Cruchaga y El campo de Griselda Gambaron, que me empujaron a desear escribir textos de género dramático; y los cuentos de John Cheever, Casa de campo de José Donoso, Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino e Historia argentina de Rodrigo Fresán, por el vértigo ofrecido (mejor que Fantasilandia). Sigue pareciendo que hago trampa porque me paso de los cinco títulos y, más aun, porque me veo tentado a incluir a Cervantes, Homero y Borges.

12. Un autor o libro clásico que te ha parecido decepcionante.

Se me hizo tediosa la poesía de Rubén Darío (no así sus cuentos), pero entiendo que es coherente con necesidades estéticas y éticas que son históricas. En ese sentido, no puede ser decepcionante. Entiendo su valor, pero a mí me da tedio. El problema no es Rubén Darío, el problema soy yo.

13. Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no escribieras, ¿qué estarías haciendo hoy?

Yo ya trabajé de cartógrafo antes de estudiar Literatura. Trabajaba en una oficina frente a un computador participando, junto a un equipo, del proceso de confección de mapas digitales. Muy probablemente, si no escribiera, haría eso. Lo curioso es que tal vez nunca dejé de hacer eso. Un texto literario es también un mapa. Naturalmente estoy exagerando la semejanza de las actividades materiales de un cartógrafo y un escritor. En lo que no exagero es en el entendimiento que le doy al concepto “mapa”. Un cuento es un mapa y, por tanto, creo que nunca dejé de ser cartógrafo.

14. Para bien o para mal nos estamos quedando sin vates, sin figuras totémicas como lo fueron Lemebel, Bolaño, Millán, etc. ¿A quiénes te imaginas encumbrados en esa posición?

En el drama: Luis Barrales, Guillermo Calderón, Alexis Moreno, Gerardo Oettinger, Isidora Stevenson, Alejandro Moreno Jashés.

En la narrativa: Juan Pablo Roncone, Constanza Gutiérrez, Diego Álamos.

En la poesía: Felipe González, Gastón Carrasco.

Esta es, por supuesto, una lista bien emotiva.

15. ¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Gerardo Oettinger, Constanza Gutiérrez, Felipe González.

16. Un video de YouTube que hayas visto mucho últimamente.

No sé si Cristián Fiebre tendrá más discos. Yo conozco tres, editados en un período de veinte años. Pienso que cada canción de cada uno de sus discos es un tesoro, pero ha tenido muy poca difusión. Suelo preguntarme por qué no es el éxito más grande de la música chilena. Me gusta porque es desconcertante en muchos sentidos: sus letras y sus melodías, por ejemplo. Cuesta mucho que me aburra escucharlo porque me hace sentir desencajado. Me hace sentir como en una viñeta de comic donde los colores quedaron desplazados del borde. Es incómodo, pero también agradable, porque finalmente hay un orden, una coherencia en el desplazamiento, en el error.

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