Texto de presentación de Séptima región, novela de Nicolás Poblete
escrito por el equipo del programa Frecuencia Literaria de radio Usach
Eneas habla: “Son siete los metales de la alquimia: oro, plata, cobre, hierro, estaño, mercurio y plomo. Y en el judaísmo, a Dios le tomó seis días hacer el mundo, el séptimo descansó. Los antiguos veían siete planetas en el cielo: el Sol, la Luna, Venus, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno. Y si te fijas en lo que notaron los egipcios miles de años atrás, la cabeza tiene siete orificios. Es la representación del número siete en la cabeza: oídos, ojos, nariz, boca. Ahora, gracias a la tecnología, a los escáneres, es posible analizar el cerebro y llegar hasta la séptima región, que es el córtex visual primario. Así es, hay siete regiones en el cerebro”.
Eneas es un terapeuta ocupacional que, luego de haber experimentado momentos complejos en su vida, reaparece viviendo en un lugar aislado de la región del Maule. En ese descampado actúa como un guía o maestro espiritual, con una cosmovisión que entremezcla el chamanismo con referencias mapuches, budistas y los avances de la neurociencia.
Todo acompañado de una suerte de animal tótem: una puma ciega que, según dice Eneas, es un ser superior: “Eneas ya está abrazando a la puma, acariciándole su hocico y murmurando sus rimas calmantes. Renato ve cómo el animal parpadea, como deshaciéndose de los últimos remanentes de sueño, y se pregunta por el sentido de parpadear en un ser ciego. Sin duda hay otra explicación. Eneas ha dicho que ella es, en realidad, ‘una encarnación elevada’”.
En ese espacio natural rodeado de palmeras, cerca de Talca, “Eneas 7” asume como misión sanar a Renato, otro terapeuta ocupacional, que está atormentado por la culpa tras la muerte de su esposa, Millaray. Proceso de sanación que, para Eneas, se logra a través de la destrucción de su ego, por medio de diferentes rituales de transformación física y mental, que alcanzan cuestionables niveles de abuso, más que de reconstrucción.
Renato y Eneas se encuentran en medio de un trance que disipa las fronteras del tiempo y el espacio: “Te vas a sanar, Renato. Todos nos hemos reunido aquí para asistir a tu transformación. No sientas miedo, Renato, esto es una iniciación, pero habrá etapas, una primera etapa en el proceso de cambio, metempsicosis. Vamos a quemar un poco la piel, solo la superficie, solo tus orejas, las manos no, las manos van a tener otro tratamiento, después. Quizá un poco en el cuello, eso es irrelevante. Lo trascendental será tu unión con la palmera y es por eso que necesito amarrarte al tronco, porque sé que habrá un reflejo y es posible, vale decir, es totalmente comprensible que intentes evadir el dolor, arrancarte, porque es una reacción instintiva y la debemos controlar, debemos precaver que eso ocurra y no ofendas a la palmera milenaria, que está aquí desde tiempos remotos y somos nosotros quienes debemos honrarla. La palmera ya ha sido escogida, pero eso es un decir, porque es ella la que se ha manifestado, con generosidad, con una sola señal, para indicar que sí, está dispuesta, está preparada para que tu cuerpo haga contacto con el de ella. Entonces, sé que lo entenderás, el beneficiado, el elegido, eres tú, Renato. El regalo es para ti”.
En la “Séptima región”, Nicolás Poblete nos hace cuestionarnos sobre la delgada línea que separa la sanación del delirio; cómo asumimos la realidad desde lo sensorial y evocativo. ¿Qué ocurre cuando los sentidos se vuelven un torbellino, entre impactos emocionales, penas y el efecto de los sedantes? Y ¿qué pasa cuando la memoria se codifica a través de la culpa?

