Los Busca-Vida (Rosario Orrego)

Los Busca-Vida (1862)

Rosario Orrego (1831-1879)

Ediciones UAH (2021)

ISBN: 978-956-357-287-2

152 páginas

 

Rosario Orrego es una escritora citada como “la primera novelista, periodista y académica de Chile” [1].  Su fecha de nacimiento, así como algunos antecedentes biográficos no resultan muy claros. Es oriunda de Copiapó pero no existe certeza de si nació en 1831 o 1834.  De lo que no cabe duda alguna es que se trató de una persona con una educación y culturas privilegiadas para su época y entorno. A los catorce años ya había sido casada con un industrial y a los veintidós años era una mujer viuda y con cinco hijos.

Desde aquel momento y luego de su traslado a Valparaíso comenzó una activa vida literaria, primeramente bajo el seudónimo de “una madre”.

Los Busca-Vida —que acaba de reeditar Ediciones UAH bajo su colección Bibliteca recuperada— se trata de una novela publicada originalmente como folletín, por entregas, en la Revista de Sud-América entre septiembre de 1862 y enero de 1863 pero que por algún motivo la autora dejó inconclusa. Más tarde, en el año 1873 recomenzaría la publicación de esta novela en la Revista de Valparaíso, revista que fundó la misma Rosario Orrego, pero también ahí la dejó sin terminar. Es esa misma versión, inacabada, la que llega a nuestros días ahora en formato libro.

Los Busca-Vida transcurre en Copiapó, en plena fiebre argentífera muy relacionada a los descubrimientos de plata de Chañarcillo y del mineral Tres Puntas. En este relato conviven, en una visión que ahora resulta documental de la época, los diferentes “estamentos” sociales: los “indios” como la misma autora los llama, los hombres que corren tras el descubrimiento de nuevos yacimientos de plata, las mujeres, en sus casas, como objeto de deseo y realización.

“—¡Cumplida! Una romántica ávida de hacer efecto, una niña que exigiría de su marido más cachemiras y aderezos que ternura, ¡una mujer que ocupa su tiempo en leer novelas y contemplarse al espejo!” (página 143)

La novela, entonces, despliega esta serie de personajes disímiles que, tal como su título adelanta, buscan de una manera u otra hacer su vida. Las mujeres, en general, a través de la consecución de un ideal romántico, y los hombres por medio de algo que los haga alcanzar una posición social relevante, ya sea gracias a un golpe de la fortuna o por contraer matrimonio con una mujer acaudalada, sin importar si hay o no afecto.

No es difícil adivinar el carácter de esta novela, considerando la época de su publicación: hay algo de afrancesamiento en esta novela, una cierta idea romantizada de la figura de la mujer en sus casas como objeto inalcanzable, solo capaz de un amor ideal. La autora no pareciera pretender, al menos hasta el punto en que deja la novela, desmontar esa lógica épocal.

Sin embargo, sí hay un segmento social que escapa en buena parte de esa estructura, y lo hace gracias a su carácter de marginado de la vida de los salones copiapinos, del empuje y ambición de desarrollo industrial, y se trata de “los indios”, compuesto principalmente por los personajes de Godileo y su hijo Silo. Godileo es un hombre que no solo conoce el lugar de un yacimiento sino que además lo esconde y resguarda para que no sea explotado por los chilenos o españoles, con los que el destino los obliga a interactuar. Todo su gesto es una contraposición a la explotación industrial, como vía de resguardar una forma de vida que ha sido trastocada por “el hombre desarrollado”. Exhibe, además, un cierto orgullo de ser quién es, de su acervo cultural, de su alcurnia “de indio”.

“(…) Te horrorizas de confesar que has ennegrecido tu alma, que te has arrastrado por el fango, como un reptil, por vestir como los españoles, por tener oro que arrojas en las chinganas de La Placilla. Que los blancos se roben unos a otros, está bien; pero que un indio, y un indio que lleva a (sic) sus venas sangre real, espíe la ausencia del sol para robar el oro…” (página 82)

La historia de Godileo, si bien abre la narración y consume varios capítulos, no llega a desarrollarse cabalmente en Los Busca-vida, por no estar terminada. Pero no es obstáculo para verificar el estatus y carácter que la autora Rosario Orrego le ha dado a estos personajes, que no es posible incorporar y uniformar con el resto de la sociedad copiapina  y sus salones.

Si bien es cierto que Los Busca-vida ha envejecido mejor como documento que como novela, especialmente considerando su carácter inconcluso, hay algo realmente valioso en este relato de época, que nos muestra cómo funcionaba Chile en sus ciudades que se estaban industrializando de golpe, gracias al descubrimiento de yacimientos minerales. La posición de nuestros pueblos originarios en este contexto, el ideal romantizado de la mujer, el empuje industrioso y también romantizado de los varones, todo en ella sirve para retratar un cierto momento de Chile como país, de maneras de ver el mundo que se instalaron en momentos como este hasta por fin hacerse hegemónicos.

 

[1] http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3698.html

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