Poeta en prosa. Extractos de entrevistas a María Luisa Bombal (Natacha Oyarzún)

Poeta en prosa. Extractos de entrevistas a María Luisa Bombal (2020)

Natacha Oyarzún (selección, edición y montaje)

Alquimia ediciones.

64 páginas

 

Habría que preguntarse por qué las películas sobre escritores en Chile son tan malas. Biopics terribles que romantizan sus vidas o los transforman en personajes sobrenaturalmente ridículos, como si escribir fuese un pase VIP para ser un extravagante, un bicho raro, un outsider en el mejor de los casos.

El caso de la Bombal, la película de Marcelo Ferrari, es especialmente ilustrativa en este sentido: interpretada por Blanca Lewin, María Luisa Bombal se nos muestra como una mujer dramática, una femme fatale cuyo crimen pasional –para usar la jerga periodística—, su neurosis y su alcoholismo fuesen lo único relevante a contar en la vida de una escritora cuya obra fue elogiada por Borges y Rulfo. Ni más ni menos.

Poeta en prosa, publicado por Alquimia hace unas semanas, quiere rescatar algo de esa densidad –que no dignidad— que suele perderse con las caricaturas huecas y medio torpes que suelen circular sobre los escritores, aquí y en la quebrada del ají. Como ya lo han hecho con Jorge Teillier, Adolfo Couve o Pedro Lemebel, el libro toma un corpus de entrevistas, lo reorganiza temáticamente y nos entrega un relato en el que, si me permiten la imagen, nos sentamos a conversar con el fantasma del autor.

Bombal, que estudió literatura en La Sorbonne y creció en una familia de la élite viñamarina, aparece acá con sus preocupaciones literarias y estéticas, mostrándose quisquillosa en el trabajo de relojería de su escritura: “Para mí, lo más importante ha sido siempre el ritmo, porque aunque me guste una palabra y sea la palabra precisa, la rechazo si no entra en el ritmo. Por eso tacho mucho cuando escribo. Siempre busco un ritmo que se parezca a una marea. La oración es una ola que asciende y desciende y luego vuelve a subir”.

Es su necesidad de atender el lenguaje en sus máximas capacidades expresivas o de síntesis lo que la hace llamarse a sí misma poeta en prosa. Alone, que no escatimó en adjetivos al hablar de La amortajada, dijo que “no se ha escrito en Chile prosa semejante y, después de los poetas máximos, sólo buscando mucho en las letras universales podría encontrársele paralelo”.

Afírmate, Harold Bloom.

Bombal, por cierto, se muestra absolutamente consciente de sus recursos y del lugar que ocupó en las corrientes estéticas de la época en que publicó su obra: “Me atrevo a decir que no sólo rompí e incité a romper con la narrativa naturalista criollista en la literatura chilena, sino también con la narrativa de igual naturaleza en algunos otros de nuestros países latinoamericanos. Quiero decir, con esa literatura que es sólo ‘descripción’ de un existir, hechos y vicisitudes”.

A pesar de no recibir el Nacional de Literatura y acusar con frecuencia el golpe, suele jactarse de haber sido traducida al japonés, compartir con escrituras de la talla de Silvina Ocampo y haber publicado primero en Argentina que en Chile. “Conocí a Alfonsina Storni. La vi muerta, estaba muy bonita. Era muy afectuosa. Su vida fue triste y se suicidó. García Lorca era encantador, el hombre de más encanto y vitalidad que he conocido en la vida”, cuenta Bombal como quien habla del dueño del almacén o un compañero de trabajo.

Aparece –cómo no— la irrenunciable figura de Pablo Neruda, cuya amistad sirvió de acicate para sus trabajos, además de imantarla con la materia oscura de la que está hecha su Residencia en la tierra. “Una vez”, cuenta, “dije en la prensa de Buenos Aires que Chile nunca moriría, porque es país de poetas. A los pocos días de aparecer publicada en La Nación de Buenos Aires esa declaración, le dieron el Premio Nobel a Neruda. A veces soy profética”.

A pesar de que a ratos parece hablar con una esperable frivolidad de cualquier cosa (“Lo que más me gusta de la gente es que sea inteligente y que sea alegre”, leemos en una de las páginas del libro y pensamos que podría ser una buena frase para adornar la cuenta de Twitter de Pilar Sordo), suele volver una y otra vez a la muerte como su gran tema: “Todo cuanto sea misterio me atrae. Yo creo que el mundo olvida hasta qué punto vivimos apoyados en lo desconocido. Hemos organizado una existencia lógica sobre un pozo de misterios”, dice y pensamos inmediatamente en poetas como Ximena Rivera, que compartió preocupaciones similares, aunque no la misma recepción crítica.

Como sea, Poeta en prosa constituye un volumen que permite acercarse a María Luisa Bombal como ese “monstruo bueno, pero eternamente joven” que fue en la literatura chilena del siglo XX.

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