Texto de presentación de “María y el fuego” de Carmen García, por Gustavo Barrera

 

CARMEN, MARÍA Y EL FUEGO

Texto de presentación de

Gustavo Barrera

 

Carmen,

 

Te escribo esta carta, iba a ser la presentación de un libro, de tu libro, pero se convirtió en una carta.

Pienso en ti y mis ojos se van, la mirada se relaja, cede en calma y se deja llevar lejos, muy lejos. Los ojos pierden la capacidad de enfocar y no es posible observar con nitidez ni detalles precisos lo que ocurre. Una realidad enigmática, difusa, inefable, que me resulta placentera, confortable. Hay siluetas, movimientos. Ese es mi lugar favorito, y sé que queda muy cerca del tuyo. En lo que vemos lejano y difuso hay indicios que podrían servir como pistas para completar la imagen, para encontrar sentido al cuadro, sin tener nunca una certeza de lo observado, de lo que ocurre o acaba de ocurrir allá tan lejos. Quedo con esa sensación tras la lectura de “María y el fuego”. Me reconozco como parte de ese misterio y puedo respirar en su tránsito desde y hacia lo desconocido. Amo las expresiones desprestigiadas o prohibidas como “lo desconocido”, un concepto tan impreciso, que evoca tantas cosas y que suena en extremo ingenuo cuando establece que existiría algo así como “lo conocido”. Me lleva de vuelta a una infancia junto a un televisor siempre encendido a la espera de “La dimensión desconocida” o “Aunque usted no lo crea”.

Tus palabras siempre me parecieron mágicas, siempre temía que ocultaran vaticinios o designios trágicos. La poesía, esas cosas que siempre estuvieron, esa conexión que siempre está. Había algo que hacía dudar del libre albedrío, algo preescrito o prepicado que nos unió, algo de eso nos vimos el uno en el otro, la una en la otra, esa rareza deslumbrante.

Te digo esto porque algunas de tus protagonistas son acusadas de raras. Antes creía que debía ocultar mi rareza, mi ignorancia, mi torpeza, pero ahora tras años de tortura psicológica autoinfligida, descubrí que siempre es mejor quedar de tonto o de loco que obligarse, falsificarse y usar máscara.

“Rara, rara, siempre fuiste rara como un bicho, bicho raro, Escarabajo.” Se asoma Gregorio Samsa en una de las páginas y recuerdo un poema que leíste cuando nos conocimos, “El llanto sometido de los espejos”

“mi madre amanecía cubierta de bichos/ tenía espuma en la boca/ y hablaba el lenguaje de los ciegos”.

Vuelvo a Gregorio Samsa. Todas las protagonistas sufren gregoriosamsismos y despiertan o aparecen en realidades anómalas. Comparto ese dejo de placer al crear personajes para someterlos a los mayores horrores e incertidumbres pero en este caso no hay sadismo. Hay violencia, incertidumbre y horrores, pero entregas a las mujeres de tus páginas, la posibilidad de tomar conciencia, entender y reaccionar.

Disculpa, Carmen, la dispersión. Pero tienes mucha razón cuando dices que en poesía, novela o cuentos, has estado escribiendo el mismo libro. Nunca escribiría una crítica o un paper, no sabría cómo hacerlo. Prefiero especular, la especulación se me da mejor, la especulación y los espejos.

Leo comentarios y elucubraciones acerca de María y el Fuego, ahora por fin entraré en materia. En los comentarios que menciono se habla de surrealismo, de horror gótico o neogótico, de literatura fantástica, se destaca la furia y desobediencia de las mujeres protagonistas. Concuerdo con todas esas apreciaciones y a la vez discrepo con algunas.

No se me hace como surrealismo, pero esa clasificación resulta aceptable pues acoge y da espacio a todo eso que el imperio de la razón y las ciencias han dejado bajo la alfombra. Ahí está “lo desconocido”, lo inexplicable y un universo de asuntos que no calzan con los moldes. Las atmósferas me hacen evocar algunas películas de Buñuel.

No ocurren prodigios a los que reaccionar. Cuando comienzan las narraciones, los quiebres con la realidad que conocemos, ya ocurrieron antes y ya está instalada una nueva. Como en los sueños, una conciencia que observa, permite el traspaso de la ensoñación a lo cotidiano y viceversa. En los cuentos, lo cotidiano no es territorio seguro ni sabido, sino extraño y misterioso.

Tus cuentos son entidades psíquicas que susurran al oído del subconsciente. Instalan nuevas conexiones entre un signo y otro, ahí en lo más abstracto de las cabecitas de los lectores.

“Con el tiempo, vamos desarrollando nuestro propio lenguaje. Señas que se van instaurando de a poco. Símbolos que entendemos solo nosotros. Un idioma de las cuevas”.

En un flujo líquido despliegas ensoñaciones, eliges ángulos inesperados para entrar en las escenas, y en especial, me deslumbra cuando logras esa observación pura, penetrante, intensa y a la vez neutra, sin juicios o discursos. Con tus maneras de narrar, entras en la comprensión precisa de esa manera en que, según mis creencias, se desenvuelve la realidad en su naturaleza más íntima. Ocurren los hechos así de pronto, sin mayores introducciones y luego se desvanecen o arden por instantes como pequeños incendios.

Gracias por volver al cuento. Creo en eso que dicen, que la forma, el medio, es el mensaje. Los cuentos son necesarios. El cuento entrañable de la infancia se niega a ser desterrado. El cuento de la infancia que encierra horrores atávicos, simbologías abyectas, que de seguro hoy estarían prohibidas, pero que son inseparables de maravillas deslumbrantes, implante de semillas que siguen creciendo en la imaginación y los sueños.

El tiempo del cuento es otro, es un instante que destella. El cuento equilibra distancia y cercanía con lo narrado, la ficción se entreteje además con la realidad del momento en que se lee un cuento, pasa a ser una experiencia propia del lector. Lo leído y lo vivido se vuelven una misma cosa.

Te agradezco por aceptar el relevo y seguir en esa carrera de postas que es la literatura. Llevas firme en tus manos eso que curiosamente, en jerga de carreras de posta, se llama testimonio o testigo. Das continuidad y nuevos giros a las fibras sensibles, o meridianos que recorren los cuentos de Kafka, Leonora Carrington, Felisberto Hernández, Borges, Cortázar.

En lugar de analizar, basado en teorías literarias, que por fortuna desconozco, o de recurrir a una suerte de disección lamentable de María, a una explicación del fuego o a descripciones del cuadro a cuadro de su historia para llegar a la absurda creencia o la convicción de conocer, a través del método, sus partes y su todo. En lugar de eso, Prefiero detenerme en algunos fragmentos.

Pero antes de eso, y disculpa otra vez, Carmen por el desorden. Nunca te había dicho nada sobre “Máquina para hablar con los muertos”. Es el mejor título de cualquier cosa. El título ya es una obra por sí solo, una grande. Es la síntesis perfecta de tiempos, espacios, lo conocido y lo desconocido. La sola lectura de ese título, como si fuera un conjuro, dispara la imaginación en todas las direcciones. Muchas gracias por eso.

“María y el fuego” tiene mucho de aquello. Explora otras posibilidades de esa máquina para hablar con los muertos.

A modo de canalizaciones leeré algunas notas, por temor a que parezcan anotaciones de un alguien que está loco no se las leería a nadie, lo hago ahora porque se trata de una carta y eres tú, Carmen, quien la recibirá:

 

Escribí:

  1. En los cuentos algo ha sido alterado, antes o durante, pequeñas alteraciones del orden, esquemas enrarecidos. Cambios casi imperceptibles en las reglas del juego. Primero las alteraciones llaman la atención, parecen ser el tema, luego se aceptan sin más cuestionamiento. Lo extraño pasa a ser lo normal, similar a las mascarillas y los toques de queda.

 

  1. Hay algo importante sobre la estructura de los recuerdos.

(Aullido)

“El recuerdo se vuelve borroso a veces, otras, aparecen imágenes como chispazos. Todo empezó a pasar, como ocurren las estaciones, como se suceden los días. Sin darnos cuenta. De pronto nos encontramos en medio del desastre y ya no había salida.”

 

“Había rabia. Nos estaban persiguiendo y todas teníamos rabia.”

 

“Esos segundos que suenan como una canción que se apaga”

 

  1. (Al ritmo de sus pulsaciones)

 

Me fascina la posibilidad de que la clienta que aparece en la farmacia a primera hora de un cuento sea la misma que lanza cuchillos en una danza de furia de otro cuento.

 

  1. (María y el fuego)

 

“Fuegos que empezaron a ocurrir de pronto. Comenzaban de la nada. En distintos lugares de mi casa, a diferentes horas. A veces se veía cómo se encendía una pequeña chispa, que luego se volvía fuego(…) siempre eran sutiles, como si solo fuesen pequeños llamados de atención.”

 

  1. Historias circulares como en “Continuidad de los parques”. Transcribo el inicio y final porque es el testimonio de la carrera de postas que mencioné por ahí.

 

“Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes (…) En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela”.

 

  1. El mar absorbe.

(Un paso más cerca del mar)

Entregada como sacrificio a la sacerdotisa, en un limbo de acantilados.

“Mostrarles lo macabro como un espejo terrible”

otra vez los espejos.

Absorber la conciencia y las emociones como el mar.

 

  1. Me gusta este libro como ese espejo donde cada uno se lee a sí mismo.

Unas imágenes traen otras amarradas por hilitos, y estos cuentos permiten eso, tomar esas imágenes que son piedras llenas de signos y tirar los hilos que las unen con otras imágenes, no con cualquiera, sino con esas que son precisas para que cada lector se encuentre con su propia historia.

 

  1. En estos cuentos mi cabeza de pájaro puede volar como pájaro, sin temor a las trampas que podrían dejarla atrapada en una jaula, en un discurso, en un tema o en una idea de algo.

 

 

 

Un abrazo Carmen, y muchas gracias por María y el Fuego

 

Gustavo Barrera Calderón

 

 

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