Carne de perro (Germán Marín)

Germán Marín (1934-2019)

Carne de perro (2020)

Ediciones UDP

130 páginas

ISBN 978-956-314-465-9

 

Escrita en 1983 en el exilio y publicada en 1995, Carne de perro de Germán Marín es una novela sobre una época políticamente convulsa, donde los actores sociales disputaban un Proyecto de País (así, en mayúscula) con brío, ocupando con firmeza los lugares de organización formales e informales, donde la palabra Revolución (con cualquiera de sus apellidos) se tatuaba en los discursos y en el actuar de los sujetos, llevando la acción hacia límites radicales.

Carne de perro se sitúa en el periodo de la Unidad Popular, centrándose en la subjetividad revolucionaria de izquierda que asumió que la vía democrática al socialismo no era y nunca fue una opción posible. Narrada desde la perspectiva de Ronald Rivera Calderón, uno de los fundadores de la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), la historia sigue a este personaje desde el episodio del asesinato a Edmundo Pérez Zujovic, empresario demócrata cristiano y exministro del Interior de Frei Montalva, responsable de la Matanza de Pampa Irigoin. Episodio que la VOP denominó ajusticiamiento por parte del pueblo y que les traería consecuencias fatales.

Marín, sin embargo, se adentra en el episodio más allá del reportero de guerra: escarba los restos de una masacre, de una época y de un país que olvida demasiado rápido. Es en ese adentrarse que va más allá de las heridas que consigue introducirse a la conciencia de Ronald, donde sus dudas y su accionar permiten reconstruir la secuencia completa de su asesinato. Es la prosa de Marín la que nos lleva, más allá de la estructura de thriller, por la minada cabeza de este revolucionario, hacernos partícipes de la muerte de Zujovic, la persecución y el asedio a los miembros de la VOP en una casa en Conchalí por un ejército de agentes de seguridad y represión.

Es desde el techo de la vivienda de Conchalí donde el grupo prepara su defensa, mientras la noche avanza y la oscuridad va aclarando poco a poco las demás casas, el viento entre los árboles, las fachadas del barrio. Es en ese aislamiento que sucede lo mejor de la novela: la sensación de aislamiento y soledad de Ronald, el abandono brutal en que los tiene un país y el discurrir de una vida que se esfuma, que se sabe perdida y se deja ir. Esta levedad dota al relato de mucha agilidad y nos transporta del asfixiante techo a todas las circunstancias que llevaron al protagonista a esa situación:

“Ahora Ronald sólo era un perro sarnoso destinado al sacrificio en el Jardín Zoológico, un olvidado en el camino alguien que gasta ese momento, caídas también las ilusiones, trataba de remar contra la corriente mediante la escisión que encabezada en la VOP, es decir, en la Vanguardia Organizada del Pueblo, a fin de romper el equilibrio de la balanza trucada por el reformismo” (págs. 52-53).

De los ocho episodios de la novela, siete se centran en el acribillamiento y muerte de los hermanos Rivera Calderón en la vivienda de Conchalí. Por otro lado, el último capítulo lo protagoniza un miembro invisible de la VOP, el Viejo, partícipe del asesinato de Zujovic, pero que tiene una relación más vaporosa con el proyecto político de la organización. Personaje complejo, bebedor y discreto, anticipa la tragedia o es el último hálito de resistencia. Protagoniza una de las escenas más fuertes: se encamina a asaltar al estilo Rambo (con una metralleta por lado y envuelto en dinamita) la Dirección General de Investigación, responsable del asesinato de sus compañeros. Esta brutal inmolación es la que deja la última reflexión y pregunta de Marín de cara al cierre de la novela:

“La sangre, sin embargo, volvería a asomar más tarde bajo otros signos. Pero como se desprende de los anales de este movimiento, cuyos asombrados héroes podemos individualizar en los nihilistas de Dostoievski, en los vaticinadores de Arlt, en los terroristas de Conrad, constituye una causa perdida que aparece y desaparece en el tiempo sin continuidad lógica, errabunda como un iceberg, incapaz de medirse su irrupción a través de sismógrafos sociales, guiados vaya a saberse por qué leyes malditas de la Historia” (pág. 126).

Carne de perro o carne de cañón, Germán Marín en esta novela alza incómodas preguntas, reviviendo un episodio que nos conmina a discutir una y otra vez sobre la importancia de la memoria en un proyecto político, cualquiera que sea.

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