Los zapatos de gamuza. Crónica de la muerte de Luis González (Felipe González Alfonso)

Los zapatos de gamuzaLos zapatos de gamuza. Crónica de la muerte de Luis González (2014)

Felipe González Alfonso (1980)

Mar de Gente Editorial Cooperativa

ISBN: 978-956-9361-01-2

78 páginas

“Hacia el comienzo de su adolescencia —escribe González al principio del libro—, en 1993, el autor vio en la casa de su abuela los periódicos —El Clarín, Última hora, Revista Vea— en que Luis González figuraba muerto, asesinado. El olor a papel añejo y limpiamuebles de la casa en Estación Central le produjo un extraño vértigo. Quince años después, el autor regresó por el legajo de papel impreso, amarillento y quebradizo. Leyó y reconstruyó el relato de esa muerte para narrar en verso la prosa que el mundo había hecho con su abuelo. Así, quizás, podría transfigurar esas palabras comunes con la horma impensable de aquello que, a menudo, llamamos lo Real”. Transcribo el texto completo porque me parece crucial como entrada a un poemario que es, digámoslo así, una especie de indagación autobiográfica en clave noir: hay un cadáver, un asesino fugitivo, un enigma difícil de resolver, pero también está la memoria, las postales de una época que ahora nos parecen lugares lejanos. Si —siguiendo a Piglia— la literatura se construye a partir de las ruinas de la realidad, acá esa noción de escombro es fundamental y es, acaso, el centro gravitante desde el cual se narra la historia de Luis González y su extraño asesinato.

En este sentido, es inevitable no remitirse a la figura del escritor como un detective que comienza a trazar líneas sobre un plano vacío para entender un fenómeno que la prensa de la época documenta con una frialdad escabrosa. Frente a eso, González escribe: “Cuánto vale un hombre encaramado a su vacío/ sobre la nieve y el asfalto / con tres balazos en la nuca / —las manos destrozadas— / un lobo / sobre la nieve / cuánto vale / la traición / veintisiete años cuánto”. El poema, como el resto de los de la entrega, está acompañado de una fotografía de, en este caso, el cadáver del susodicho. El juego entre poesía y fotografía es uno de los aspectos más interesantes de Los zapatos de gamuza: poema e imagen fluyendo a través de las zonas intersticiales en donde lo Real aparece siempre inaprehensible. La preocupación, podríamos decir, tiene que ver con cuestiones conceptuales más que meramente inocentes: la fotografía como ilustración, por ejemplo. Y aquí vuelvo a la noción de ruina, de escombro: estos documentos, que el autor nos señala como un descubrimiento casi azaroso en un tiempo ya perdido, son esos fragmentos a través de los cuales el poema se escribe. El texto es, entonces, construido sobre otras ruinas, otros escombros: recortes de diarios, revistas, archivos personales.

“Qué tipo de adjetivos se deben usar / para hacer el poema de un muerto / sin afectaciones / fuera de la vanguardia / de los nuevos panfletos” se lee en “Política del crimen”. La pregunta, esa meta-reflexión por decirlo de algún modo, recorre todos los textos del libro. Cómo se narra, cómo se escribe una tragedia y desde dónde, con qué palabras, en qué idioma. De ahí que varios poemas recurran a la repetición como una forma de ir trizando una frontera que funciona en varios niveles: en el de la tragedia personal, en el del sentido de cualquier texto –escribir para qué–, en el sentido mismo del libro que González escribe: “Tanta desgracia / por qué tenía que tocarnos / a nosotros. / Nunca llegó después de las ocho / no tenía tiempo / nunca frecuentó / los tugurios de Bandera.” De ahí que la voz testimonial sea la elegida para la construcción del poema, hermanándolo con obras como Yakuza de Ide, Colonos de Sanhueza, Canciones gringas de Verdugo, entre otros. Un ejercicio, hay que decirlo, interesante y excéntrico en el país donde el patrimonio poético se funda sobre esas voces casi paternales, Yoes poéticos tremendistas y brutales que se lo tragan todo. Los zapatos de gamuza es un ejercicio intimista que, como sabemos, está salpicado irremediablemente por la Historia. Ahí está, sospecho, su política.

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