Monstruos, Lucía y otros relatos (Nata Arroyo)

Nata Arroyo

Monstruos, Lucía y otros relatos (2020)

Bogavantes

62 páginas

ISBN 978-956-401-909-3

 

Si hay algo constante en la ópera prima de Nata Arroyo es la presencia de atmósferas lúgubres. Es el planteamiento del libro desde el título: Monstruos, Lucía y otros relatos, que enlaza diferentes personajes y situaciones dentro de un escenario y un mundo que parece ser el mismo: un teatro que en cada acto nos da muestras de lo siniestro.

Los personajes que pueblan estos relatos bien podrían ser catalogados como ánimas obsesionadas, que arrastran, persiguen y se compenetran con un deseo abyecto, un espacio fantasmagórico y alguna presencia. Desde “Lucía”, que reconstruye con detalles la vida de la personaje homónima a partir de una narración en segunda persona, que reconstruye con cautela y minucia a una mujer que es un objeto de desdén y un deseo extremo. Un relato añorante que nos habla de una relación entre mujeres que termina de forma bestial.

En Monstruos, Lucía y otros relatos están los personajes que parecen vivir en una dimensión distinta a la del resto, que conviven con seres que pueden ser producto de su imaginación alterada, una proyección de un trauma o una necesidad ferviente de contacto. En “Igual que las mariposas”, que debe ser el mejor ejemplo de esto y uno de los relatos más altos del libro, leemos: “Hay una Mano en el cajón de los calcetines. Se lo dije a mamá, pero ella no me creyó. Ahora, cuando escucho los rasguños en el cajón, no digo nada y me quedo mirando, por si aparece y logro atraparla. Cuando llega la noche pienso que estoy en peligro, igual que cuando me asomo a la ventana y siento que hay alguien detrás de mí” (pág. 11). Desde esa premisa es que la historia avanza arrinconando al niño a una situación tan desesperante e impotente.

En “Lumiscencia” lo que brilla, al igual que los textos anteriores, es la capacidad del relato de crear suspenso, algo que se acentúa en la construcción de la atmósfera que el libro va levantando como una coraza de la que cuesta salir. Algo malo va a pasar, se dice el lector/a, y esas expectativas no son defraudadas. “Lagarto” resalta por la confrontación desquiciada entre un sobrino y su abuelo, que avanza como una peste que comienza a invadir todo. “Dionisia”, por su parte, debe ser el relato más discreto en cuanto a atmósfera, pero que no desentona dentro de este mundo que sigue expandiéndose con “Fuga”, “La Voz”, “El Hijo” y “El elegido”. De estos últimos, “El Hijo” destaca por la imagen espeluznante que construye de la maternidad.

Nata Arroyo parte de situaciones comunes, personajes que representan vidas y voces a veces inocentes, que van retorciéndose producto de las circunstancias, de la violencia que brota como la maleza dentro de las fracturas que se producen en cada vida. Pero también lo siniestro viene de aquellos personajes que se construyen a partir del enigma o lo inexplicable e irrumpen y trastornan su entorno, contaminando y resquebrajando a quienes están cerca. No hay piedad para los protagonistas de este libro y eso es precisamente lo que vuelve interesante Monstruos, Lucía y otros relatos.

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