Crónicas marcianas (Ray Bradbury)

Crónicas marcianas (2020)

Ray Bradbury (1920-2012)

Minotauro

351 páginas

ISBN 978-950-547-209-3

 

En 2020 se cumplió el centenario del nacimiento de Ray Bradbury y varias editoriales lo celebraron reeditando sus obras, recordando su aporte a la literatura y resituándolo como un autor fundamental. La editorial Minotauro hizo lo suyo integrando casi todos sus libros en la colección «Esenciales Minotauro», donde publicó títulos que a esta altura son más que clásicos de la ciencia ficción: son clásicos a secas.

Publicado en 1950 y reeditado una infinidad de veces, la presente edición cuenta con un prólogo de Jorge Luis Borges, que rastrea los primeros indicios de la ciencia ficción en la literatura y un texto introductorio del mismo Bradbury explicando el origen del libro: textos que no tenían la intención de ser un conjunto, pero que terminan siendo más que eso: una serie de cuentos interplanetarios que estallan en una novela sobre la colonización de Marte. Las crónicas abarcan un periodo de alrededor de 27 años, la primera fechada en enero de 1999, donde la imagen de un cohete, que se volverá constante dentro del libro, inunda el cielo. Es el comienzo de un mundo nuevo, la posibilidad de conocer otro tipo de vida y expandir el horizonte de la humanidad. Pero, como si la historia fuera un continuo ir y venir, todo termina pésimo.

La segunda crónica de esta especie de novela-bitácora, es “Yllu”, uno de los pocos relatos que nos muestra un planeta Marte repleto de seres que se parecen demasiado a los humanos. Desinteresados por el otro, un poco extrañados ante la aparición de hombres que dicen venir de la “Tierra”, como si fuera imposible que alguien de tan lejos pudiera llegar hasta ahí. De la primera y la segunda expedición, que se describen en las primeras crónicas, no queda nada. Marte no parece un planeta exótico tanto por los seres que allí se encuentran, sino por la forma de recibir a los visitantes terrícolas, que va del absurdo a la brutalidad. Si hay un factor importante en la seguidilla de crónicas y situaciones que presenta Bradbury es lo impredecibles. Al ser un conjunto de historias que funcionan de forma autónoma, la riqueza de perspectivas que entrega el narrador es el punto más alto del libro.

Y en ese mismo punto habría que recalcar cómo el poblamiento de Marte coincide con un proceso de degradación de la Tierra, la llegada a un punto de no retorno y la porfía de los personajes por seguir un derrotero que los llevará a la autodestrucción. No son gratuitas, en ese sentido, los guiños y constantes alusiones al proceso de colonización de América, la colisión de dos mundos que trajo consigo mares de sangre. En las crónicas son los norteamericanos los que instalan el modo de vivir que, para bien o para mal, regirá en Marte. Así el libro se divorcia de lo que las otras culturas pudieran haberle entregado a la conformación de ese nuevo mundo, quedándose en la supremacía política, económica y cultural estadounidense.

Sin embargo, esto no afloja ni opaca en ningún caso lo que mejor sabe hacer Bradbury: contarnos historias a través de personajes tremendamente complejos en situaciones inquietantes y terroríficas: desde el sacerdote encargado de evangelizar a otras formas de vida, hasta el emprendedor que quiere hacer fortuna con un puesto de comida rápida en medio de la nada, el inventor que lo pierde todo y lo trae de nuevo a la vida, hasta el millonario que recrea las fantasías censuradas que la historia de la literatura occidental ha creado.

Las Crónicas marcianas de Bradbury, a pesar de los prejuicios que siguen existiendo en torno a la literatura de ciencia ficción, es un libro que no tiene caducidad, que se sigue renovando constantemente como el deseo del ser humano por explorar el universo, extender sus dominios al infinito, aunque eso implique repetir nuestras desgracias una y otra y otra vez.

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