Una zona de oscuridad (V.S. Naipaul)

91PQYFnw9aL._SL1500_Una zona de oscuridad. El descubrimiento de la India (1964)

Penguim Random House: Debate (2015)

V.S. Naipaul (1932)

ISBN 978-84-9992-530-1

294 páginas

 

V.S. Naipaul, Premio Nobel de Literatura año 2001, es un escritor nacido en Trinidad, en pleno Caribe, mientras esta todavía era colonia inglesa. Como si fuera poco, su familia es de origen indio; fue su abuelo quien emigró desde la India provocando que Naipaul naciera como un extraño en su propio país de origen, bajo el dominio inglés. Para el abuelo cabría usar la palabra “acarreado”, ya que migró ante una insegura oferta de trabajo, con un mal sueldo, aunque en ese momento y para él y todo el pueblo de donde provenía se trató más bien de una hazaña, de un viaje de semanas en prosecución de la fortuna que la pobreza de la India le negaba a todos.

Una zona de oscuridad es una crónica publicada en 1964 y recién traducida al español, la que resulta harto oportuna de cara a la corriente que hoy se inclina a favor de los relatos de no ficción. Consiste en el viaje del autor a la India en el año 1962, en algo que no es propiamente una búsqueda de los antepasados, no una visión íntima ni familiar como podría esperarse, sino más bien de una profunda curiosidad social por todo aquello que define sus propias raíces de un modo mayor, más general, todo aquello que probablemente constituye la idiosincrasia.

La India es el país más pobre del mundo. Por tanto, ver su pobreza equivale a hacer una observación sin ningún valor; miles de recién llegados al país antes que tú ya la han visto y han dicho lo mismo que tú (…) No vayas a creerte que tu rabia y tu desprecio son signos de sensibilidad. Podrías haber visto más: la sonrisa de los niños que mendigan, ese grupo familiar entre quienes duermen en las aceras despertándose en la fresca mañana de Bombay, padre, madre y niño pequeño, una trinidad de amor tan autónoma que tiene una intimidad como si unos muros los separasen de ti; es tu mirada lo que los violenta, tu sentido de la afrenta lo que los afrenta (…) es tu sorpresa, tu rabia lo que les niega humanidad. Pero espera unos meses más. El invierno traerá nuevos viajeros. También hablarán de la pobreza, también mostrarán su furia, y tú coincidirás con ellos, pero en el fondo te molestará; también a ti te parecerá que solo ven lo evidente, y no te hará ninguna gracia descubrir tu sensibilidad tan fielmente parodiada. (págs. 52, 53)

Y como este no es propiamente una búsqueda, lo que el autor hace es instalarse en la India, se queda en un hotel y más bien se radica ahí. Con ese acto pareciera intentar repeler la condición de turista y asentarse; pero la India que descubre no resulta acogedora ni acepta muy bien a los foráneos. Desde ese lugar emprende un par de trayectos pero lo que mayormente encontramos son sus consideraciones sobre lo que ve, sobre la burocracia, la pobreza, las formas, comportamientos y mucho sobre el anquilosado sistemas de castas; al respecto el libro abre con una anécdota que le ocurre en una oficina administrativa. La mujer que lo acompañaba se desvanece, probablemente por el calor, sin que Naipaul consiga obtener la ayuda inmediata que pretende, más allá del mínimo gesto de humanidad que alguien esperaría:

—¿Dónde hay agua?

—Se oyeron risitas de unas administrativas, ocultas tras los papeles.

— ¡Agua! —le grité a un administrativo.

El hombre se levantó sin decir nada, se dirigió al otro extremo de la habitación y desapareció.

La señorita Desai acabó de escribir. Dirigiéndome una mirada como de terror, le llevó su cuaderno, alto e hinchado, al jefe de negociado.

—El permiso de transporte ya está listo —dijo el jefe

—En cuanto esté usted libre, puede firmar. — El administrativo volvió, sin agua, y se sentó a su mesa.

—¿Dónde hay agua?

Sus ojos reflejaron con desagrado mi irritación. Ni dijo nada ni hizo ningún gesto de indiferencia; continuó con sus papeles.

Era algo peor que irritación. Era mala educación e ingratitud. Porque inmediatamente apareció un   recadero, luciendo su uniforme como cualquier funcionario. Llevaba una bandeja, y en la bandeja había un vaso de agua. Yo tendría que haberlo comprendido. Una cosa era un administrativo y otra un recadero.

También se refiere en reiteradas ocasiones de Gandhi y su legado, fallido según el autor:

(Gandhi) no supo comunicar a la India su manera directa de mirar… Y el cuadro de la India que aparece en sus escritos y advertencias tras más de treinta años aún tiene validez; tal es la medida de su fracaso.

Es una crónica que redunda en la estupefacción de Naipaul ante lo que ve, frente los hombres que defecan en cualquier lugar, en plena calle, en los patios, las veredas públicas, mientras conversan unos juntos a otros con sus traseros al aire, y que se consideran el pueblo más limpio del mundo porque no se lavan las manos en el lugar donde escupen, en tanto dejan sus fecas para que un hombre de una casta menor pase más tarde recogiéndolas. El ya mencionado estupor, que se suma al desencanto, al desconcierto, a una falta casi absoluta de fe en ese pueblo del que él mismo proviene, pero al que mira con ojos de extranjero.

Es cierto, estamos lejos del año 1962 en el que Naipaul pasó en la India, pero la rudeza de este libro, lo enraizado de sus costumbres, nos hace pensar, por supuesto, qué tan lejos puede estar hoy esta India: los ingleses la convirtieron en su colonia y en lugar de producir una mezcolanza virtuosa se convirtieron en una casta aparte, y le introdujeron a la fuerza toda su burocracia, toda su sistematización y su supuesto orden reglamentario; todo lo que luego quedó en la India, ya pasado por el tamiz del temperamento nacional. A la burocracia se le sumó la casta y se convirtió en una forma de inmovilidad, de un trabajo absurdo, inabarcable, propio de oficinas kafkianas, donde un copista, la persona que apunta a mano el mensaje que le dicta su superior jerárquico, jamás lo pasará a máquina de escribir, puesto que ese es el trabajo del mecanógrafo… y ello sin importar la importancia o urgencia real que revista el asunto; sería degradante no ser quién eres, sino ser otro.

La virtud de Una zona de oscuridad es a la vez su defecto. No es en rigor el libro de viaje que uno esperaría: no hay una búsqueda. Es más, incluso el trayecto en dirección a la India, un viaje de días, semanas, quién sabe, se despacha apenas en un par de párrafos y el grueso del libro está situado en la inmovilidad del autor en el hotel que escogió como residencia para ese año. Y sin embargo, ese lugar estático funciona perfecto como atalaya para observar al país, y para desde ahí despachar la crudeza de sus juicios, para la violencia verbal que Naipaul utiliza contra su propio pueblo, por el desencanto, frustración y resentimiento que le produce la situación general.

No hay final feliz en esta crónica. Tampoco hay moralina. Sino la visión destemplada de un hombre que no puede evitar sentirse choqueado por todo aquello que sabe que, de cierta forma, también lo ha constituido a él y todo cuanto él es. Es un libro duro, espeso a ratos, que transmite la misma sensación opresiva que debió sentir Naipaul en ese país que le era a un tiempo propio y ajeno.

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