José María Memet: “La gente no necesita dinero, necesita que le reconozcan su dignidad humana”

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Por José Tomás Labarthe

Fotografías de Francisco Flores

José María Memet (1957), el autor de La casa de ficción (1988) y Amanecer sin dioses (1999) reaparece luego de varios años publicando Melivilu, un poemario en formato periódico, a lo De Rokha, con sus poemas políticos. En esta ocasión nos habla, por medio de sus palabras y sus poemas políticos, del curso esperanzador que lleva el despertar de las masas frente al abuso constante de “los menos”, “los giles que aburren mentalmente y frustran espiritualmente”, entre varios otros temas convertidos en poesía y relacionados con la historia cruenta de Chile y sus habitantes.

 

“LA MISIÓN DE UN HOMBRE”

Un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira.
 
No importa que le hayan
quitado las piernas
para que no camine.
 
No importa que le hayan
quitado los brazos
para que no trabaje.
 
No importa que le hayan
quitado el corazón
para que no cante.
 
Nada de eso importa,
por cuanto,
 
un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira
 
y si todavía respira
debe inventar unas piernas,
unos brazos, un corazón
para luchar por el mundo.

 

Comencemos comentando tu poema “La Misión de un Hombre”, un texto universal acerca de la condición humana…

Es un poema temprano que escribí el año 74. Yo tuve una vida azarosa, una vida muy feliz hasta el 11 de septiembre de 1973. Ese día me tomaron detenido pues una vieja nos denunció junto con un grupo de amigos porque éramos rockeros y tocábamos música y entonces nos fueron a buscar los militares y nos tuvieron tres días en el regimiento Tucapel. En realidad no estábamos metidos en ninguna situación política —mejor hubiéramos estado metidos, pero no estábamos—. Toda esta situación me pareció en ese entonces y aún hoy me parece de una arbitrariedad sin límite, pero que se corresponde plenamente con lo que es la historia de nuestro país, una historia de masacre, de violencia ejercida de unos pocos sobre muchos.

¿Cómo lidiar con la injusticia? El poema plantea que, si a pesar de todo uno respira, debe inventar.

Yo tuve la suerte de vivir con mucha naturaleza alrededor y la naturaleza sana cualquier cosa. Los cerros, las nubes, las aguas me salvaron. Los ríos, los volcanes, los árboles te permiten darte cuenta que uno es parte de todo eso y no de la barbarie. Este poema tiene que ver en el fondo con una declaración de principios: un joven poeta que se propone a sí mismo entender la vida y entender su propia situación.

¿De eso trata tu búsqueda en la poesía? ¿Entender y entendernos?

A mí me interesa hacer ese tipo de poesía, pero me he encontrado haciendo poesía política toda mi vida. A la fuerza de las circunstancias. Este poema es un leitmotiv, es algo que me llama siempre a reconstruir y que llama a los demás también a hacerlo, a resarcirse de todas las penas y desgracias que podamos vivir.

Tu nombre civil es Pedro Ortiz. ¿Por qué el seudónimo José María Memet?

José es por mi padre, María por mi madre y Memet tiene una historia bien importante. Yo estaba preso en el regimiento Tucapel, me habían golpeado bastante y la segunda noche entró un oficial con un sándwich y me dijo: “Cabro, pucha, no somos todos iguales”, y me dejó el sándwich envuelto en un pedazo de papel con cinco versos de Nazim Hikmet. A mí me impactó mucho eso. Después busqué ese poema que se llama “Tal vez mi última carta a Memet”.

No viniste a vender sino a regalar Melivilu, esta suerte de separata con tus poemas políticos. ¿Por qué ese gesto?

Me interesa subvertir, esta es otra más de mis subversiones. Me importaba también que no existiera un nexo comercial entre el periódico y el lector. Me gusta el formato separata, en letras rokheanas, enormes, que se pueda ver y leer en los kioscos. No puedo entender tampoco la tozudez del Estado de no quitarle el IVA al libro. Me parece insano. Salvo que sea una determinación absolutamente enferma políticamente de mantener a la gente aislada del conocimiento. Así de concreto.

 

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¿Cómo ves el estado de las cosas en Chile en relación a lo cultural?

Yo siempre he sido un convencido que las cosas se empiezan de a uno o de a dos. Se demoran, pero el hecho que se exprese una realidad, el hecho que se conozca una realidad, implica hacer un trabajo. Un trabajo que no va hacer el Estado, que no va a hacer el Ministerio de Cultura, porque ambos no tienen proyecto cultural. Su proyecto es la ausencia de proyecto. Son los gestores culturales, los mismos poetas, escritores, narradores, los que tienen que gerenciar, en el buen sentido de la expresión, las posibilidades.

¿Y en lo social, en lo político?

Una de las cosas que más me impresiona de este país es cómo hemos ido involucionando, regresando a estadios primarios. Discusiones a nivel presidencial, parlamentario, que me parecen estúpidas. Temas de hace cuarenta, cincuenta años atrás. Nos tienen inmersos en una política que no existe. Esto no existe en América Latina. Este país no es libre, no vive en democracia. Estas discusiones no se dan dentro de la mayor parte de los países latinoamericanos, ya están zanjadas.

¿En qué discusiones estás pensando?

En el proceso constituyente, en tener una Constitución como la gente. Las tres constituciones que hemos tenido, la del 33, la del 25 y la del 80, fueron hechas entre gallos y medianoche por cuatro giles. No ha habido nunca aquí una Asamblea Constituyente. Y, sin embargo, la misma Constitución del 80 dice que el único mandato que existe para ejercer ese poder constituyente es el pueblo. Es un chiste. Un pésimo chiste. Estoy aburrido de estos humoristas, son muy malos humoristas. El humor en Chile de lo único que se ríe es de los gordos, de los minusválidos, de los maricones. Yo creo que este país se merece algo más. Y la gente que trabaja, que vive y que piensa aquí es mucho más que estos giles, y hay que decirlo claramente porque aburren mentalmente, frustran espiritualmente, no nos dejan gozar la belleza, no nos dejan vivir en paz. Ese es el punto. Y la vida es recorta para estar preocupado de unos idiotas, en realidad. Hay que hacer la democracia luego y hacer la constituyente y sacar a todos estos incapaces. Eso es lo que hay que hacer.

Algo de eso hay en el poema tuyo “La gran marcha”. El sueño de que un grupo social, en este caso las prostitutas, se toman las calles y hacen la revolución, a pesar de la moral, la ética… y todo en ello es hermoso.

A estas alturas está claro que una prostituta es mucho más clara, menos frívola y tiene más profundidad que la Bachelet. Este pueblo ya está aburrido que le mientan. Se pensó que la Bachelet por último era una señora buena onda, con una bonita sonrisa, con una historia y que era decente, que había educado hijos decentes… pero resultó que todo era indecente. Este es un país de indecentes, en lo que se refiere al poder, en lo que se refiere a su Ejecutivo, a la empresa. Es un país de explotadores. Es muy violento constatar que no hay valores. Pero también es muy violento constatar que nunca los hubo. Esto no es hoy. Esto es la historia de Chile, completita.

Es una lectura que muchos compartimos, sin embargo sigue siendo lamentable constatarlo.

Pero tengo buenas noticias. Soy un convencido que se van gestando nuevos espacios de libertad. Así como se llegó después de 100 años a un Frente Popular, a un Salvador Allende, lo que se está hoy gestando lentamente y que seguramente lo veremos en 10, 15, 20 años más, es el desarrollo de un embrión popular, que va muy por fuera, muy lejano al lugar donde están los partidos. No responde a los movimientos de partidos. Los movimientos sociales algún día se tendrán que empoderar en una relación distinta con la sociedad, asumiendo que tienen que dirigirla, creando las instancias de participación que lo permitan. Yo no veo esto mal. Es que bueno, después del 73 al 89 ya no veo nada peor. Lo que ocurrió en ese período fue metafísico, no podemos bajar nunca más a ese nivel tan brutal de desidia, de muerte, en donde la vida no valía nada.

 

“LA GRAN MARCHA”
 
Anoche tuve un sueño, un gran sueño
Las putas de Santiago y de provincias
en una gran marcha
avanzaban por Vitacura
en dirección a La Moneda
 
Tacones, medias caladas, diminutos vestidos,
culos al aire, tetas enhiestas y caídas,
todas con rumbo hacia el palacio
 
Decenas y centenas y miles
salían de locales nocturnos, diurnos,
de cafés con piernas, prostíbulos,
night club’s, tiraderos, oficinas,
casas y mansiones
 
Otras columnas convergían a Mapocho
viniendo por San Pablo, avanzando en Recoleta
Por Vicuña o Gran avenida o Puente Alto
la consigna era la misma
 
Se iba vaciando el Minotauro, el Rugantino,
el Maeva’s, el Lucas Bar, el Passapoga, los saunas
ante esta ola incontenible
 
si todas somos putas y nos tratan como putas
entonces somos mayoría
gritaban por las calles
 
y ya frente al palacio
millones de chilenas coreaban
queremos ser gobierno, queremos el poder
 
y desperté sudando
-junto a mí dormía otra:
plácida, bella, eterna y joven-
pero era otro sueño, eran capas de sueños
que como olas llenaban mi cerebro
 
y allí en la plaza
frente al palacio donde cayó Allende
se abrazaron todas
lloraban, reían, corrían como locas,
se desnudaban por millones,
se arrojaban sobre el pasto y miraban las estrellas
 
Nunca se es más libre que en un sueño
Los sueños no tienen moral ni ética, son sueños,
y las estrellas son hermosas.

 

¿Cómo viviste la dictadura?

A mí me tocó trabajar once años en la Vicaría de la Solidaridad. Puedo contar cosas imposibles de imaginar. Lo que se ha dado a conocer en programas como En la mira es nada. Para dar una idea global, hay aproximadamente 30 mil personas que denunciaron todas las situaciones que tuvieron que ver con detenciones, con torturas, con exilio, con relegaciones, etcétera. Pero la realidad es otra. Son cinco, seis veces más. Y la gente, al saber que no va a haber justicia, ni reparación, no va a pasar por el escarnio de ser preguntada nuevamente, cuando ya todos esos antecedentes están. No hay por qué hacer sufrir nuevamente a la gente si esos antecedentes fueron puestos en Vicaría y en el comité Pro Paz. Esa pega ya se hizo. Entonces no hay voluntad del Estado, ni de estos gobiernos entreguistas, para llegar a la justicia, a la reparación.

¿Qué importancia cobra el testimonio en tu poema “Septiembre 1973”?

Yo ficciono. Obvio que hay un testimonio de vida pues me tocó vivir esta experiencia y verla a través de miles de personas que acudieron a la Vicaría a pedir ayuda en los momentos más duros. Hay historias muy indignas de este país, historias animales. Por ejemplo, nadie sabe realmente cómo mataron a los tres degollados. Se sabe que los degollaron pero hay otra historia que está negada. Cuando Ricardo Lagos oculta mediante un decreto ley, por 50 años, tener acceso a toda esta documentación, lo que hizo fue perpetuar el genocidio. Fue inconstitucional y cobarde. El pueblo debe ser resarcido en su humanidad. La gente no necesita dinero, necesita que le reconozcan su dignidad humana.

Comentas que ficcionabas, sin embargo delatas claramente en este poema quién fue uno de tus torturadores…

Sí, él fue uno de mis torturadores y está vivo. Él está involucrado en varios asesinatos, desapariciones y torturas. Pero si el cuerpo no aparece, la ley no contempla eso como asesinato, solo como desaparición forzada. En ese caso las penas son menores. Hay todo una situación legal brutal. Y al tipo, siendo un ángel del infierno, lo condenaron a cuatro años, que para lo que hizo es nada. Él está involucrado en la desaparición del ex intendente de Cautín, Gastón Lobos. Yo lo conocí de la peor manera que lo podía conocer. Son sujetos que además son muy cobardes porque tú los encuentras después en la vida y sollozan como ratas y no son capaces de enfrentar la realidad. Cambian el switch. Tienen un sistema de piloto automático para irse con el cerebro para la casa. Todos se vuelven locos, nadie recuerda nada, este es el país de los amnésicos.

 

“SEPTIEMBRE 1973”

Cinco metros más abajo
de la ciudad
y su vida cotidiana
y en un día despejado
descendimos esa escala
vendados y esposados
 
En esa mazmorra
de la 2ª Comisaría de Carabineros
ubicada en calle Claro Solar
fui torturado en 1973
 
Me sacaron de una sala
del Liceo Pablo Neruda
en la ciudad de Temuco
y me llevaron allí
 
Yo tenía 16 años
y amaba las nubes
los ríos y los árboles
eso me salvó
 
Recuerda sargento
Juan de Dios Fritz Vega
Tú me torturaste
y torturaste a mis amigos
a mi hermano
 
Nos pusiste corriente
nos golpeaste
querías que colaboráramos
y no lo hicimos
 
Nosotros somos
la generación del 73
la que luchará contra ustedes
para siempre
aunque la muerte
exista
 
Nosotros no tuvimos miedo
y luchamos sin quejarnos
17 años
 
Aún, maldito simio,
amamos las nubes
los ríos y los bosques
 y todo fluye

 

¿Cómo incidió en tu poesía la experiencia del exilio?

Yo tuve la suerte que Francia quisiera sacarme de Chile en un momento muy difícil de mi vida. Y fue duro pues yo no me quería ir tampoco. Pero la Vicaría tomó la decisión de sacarme del país porque estaba en riesgo de muerte. Y llegué a Francia, donde la poesía era importante. Llegué prácticamente directo a una comida con Louis Aragón, amigo de Neruda. Pasé de la ignorancia absoluta al Parnaso de un paraguazo. Francia fue una tierra de libertad que me preparó para las situaciones posteriores. Yo volví el 85 de vuelta, pues soy como los monos porfiados, duro de matar. Y a la vuelta me recibieron con la muerte de mi jefe, José Manuel Parada, una vuelta durísima. Pero ese exilio me permitió viajar, hablar idiomas, tener nexos que al día de hoy mantengo y que fueron maestros y maestras que me enseñaron humanidad, cultura, poesía. Soy un poeta más completo después de esos cuatro años de exilio. Aunque eso me haya producido dolor, porque el exilio no es gratuito. El exilio era la principal pena en Grecia, no era la muerte. Sacarte de tu nexo, de tu respiración, de tu lenguaje, de tu habla cotidiana, de tus afectos es muy duro. Hay costos de vida, historias de vida tremendas. Lo que pasó aquí es un dolor infinito. Con la diferencia que yo no me quedo en el dolor. Yo soy un optimista. Soy casi indestructible. Si lo único malo es que tengo hígado.

 

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