Regalar perlas a cerdos (o sobre “La elegancia del erizo” de Muriel Barbery)

Por: Gabriela Valdivieso 

L’Élégance du hérisson (2006)
Seix Barral
Muriel Barbery (1969-X)

368 páginas
Precio referencial: $11.900

Empezar por el principio y escribir con claridad sería jugarle una desgraciada traición a la esencia de La elegancia del erizo (ya reseñada en Lo que leímos) de Muriel Barbery. Leal, parto con este no tan corto paréntesis:
Ayer me regalé a mí misma una noche especial. Asistí a la reunión de un grupo de personas que se juntan una vez a la semana para dejar a Chile atrás y jugar por un par de horas a que es otro el idioma natural de su comunicación. Asistí pues a una reunión de gente que se cita para practicar el idioma inglés. Antes de cambiar el chip a la lengua no nativa, conversé con otros seres que llegaron puntuales como yo.
Uno de los presentes al ver el libro me preguntó qué estaba leyendo. No pude resistirme a mi comentario más grande: “¡Es un libro extrañísimo! Es una cosa bárbara cómo este objeto te obliga a leer 150 páginas sin regalarte acciones, sin proveerte como lector de giros de historias, de tensión por los destinos de los personajes.” Dije con algo de rabia que era un libro que no se molestaba en entretenerte. Que podía perfectamente vivir sin tu lectura, que te impone un ritmo extrañamente lento y que si aceptas bien y si no, también, ¡allá tú, sigue tu vida tal y como está!
 Uno de mis interlocutores, curiosamente el profesor de la sesión, dijo que mi comentario le recordó una frase que le leyó a un columnista: Un señor introduce sus columnas en el diario con dilataciones y divagaciones para alejar a los lectores que no le interesan. Hace “trampas de arena” para captar al público que quiere.
 

Pues heme aquí, haciendo mi trampa de arena ante tus ojos. Si he decidido contar esta anécdota es precisamente para emular el tono y ritmo de La elegancia del erizo y para captar el público que me interesa; el que podrá entenderme. Aclárese de una buena vez: El público de esta nota es (a) el lector que ha leído este libro intensamente y (b, ¡aún más perfecto!) el lector acaba de terminarlo.
Encuentre aquí explícitamente mi mensaje: Esta nota no resonará en tu interior si no acabas de leer el libro o si no recuerdas con emoción su historia y su tono.
Decidí partir con toda esta introducción de la clase de inglés, porque esto es exactamente lo que este libro hace con sus lectores. Nos obliga a autofiltrarnos, hay una selección natural donde sobrevive, no el más fuerte, sino el más reflexivo y el más paciente. Una persona apurada no encontrará en sus páginas más que cháchara, pretensión y aburrimiento. Y esta impresión es parcialmente cierta. Sin embargo, una persona estimulada y, afrontémoslo, que se obligue a seguir adelante logrará atravesar una a una sus páginas.
La primera mitad el libro no es más que una seguidilla de reflexiones filosóficas. Es un contrapunteo, un zigzageo entre las ideas de dos personajes principales. Este es el libro de los mundos interiores. Es el libro más honesto del mundo, es de lo más parecido a la vida misma que se puede encontrar. En  lugar de ofrecernos entretenimiento y ligereza, nos da lo mismo que vivimos cada día: situaciones cotidianas, ideas, intenciones, pensamientos, pequeñas acciones, transiciones lentas hacia sucesos.
Leemos 150 páginas de personajes que piensan y no actúan o cambian mayormente, que están decididas a seguir como están. Nuestra amiga portera, Reneé, está decidida a ocultar hasta el fin de sus días su naturaleza provista de inteligencia y críticas al mundo. Su alma gemela, la preadolescente Paloma, está drásticamente convencida de que no hay nada que la haga desistir de su resolución de quemar su casa y matarse de una buena vez.
Ellas se ven realmente, se conectan, 157 páginas exactamente después de la primera palabra, de la misma manera en que dos personas pueden no conocerse nunca o conocerse de casualidad y para siempre, incluso teniendo mil posibilidades de toparse.
Hay que esperar 157 páginas para que se cocine al fin eso que anhelamos y que nos anunció la contraportada; para que al fin la del piso 4 y la de la portería conecten y nos regalen la dicha de conocerse y encantarse de la otra. Y esta conexión, curiosamente, no es emocionante, sino natural, lenta y suave.

Y todo esto a uno como lector le molesta, le llena de auténtica rabia. Qué onda: ¿Es que esta autora francesa, Barbery, no sabe que estamos en 2014? ¿No sabe que somos una sociedad sobre estimulada que apenas lee libros y a la que, en caso leer, deben engancharnos narraciones, acciones, dramas...? ¿No sabe que no estamos dispuestos a detenernos en la calle o alzar la vista del celular a menos que nos topemos con un zombi o un halcón fucsia?
No sé si la autora no sabe o si se hace la loca, pero en definitiva ella nos obliga a leerla a su manera. Nos dice testaruda: “¡O lees todas estas reflexiones o no te regalaré mi historia!”. Es la puesta en práctica del proverbio que dice: “No le des perlas a los cerdos”. Uno tendrá que luchar contra la somnolencia y la incomprensión de muchos capítulos para seguir leyendo, tendrá que obligarse a avanzar más y más para llegar al maravilloso banquete. Muchos quedaron en el camino, pero tú y yo hemos superado las barreras, hemos atravesado todas sus trampas de arena. Nos encontramos acá porque tú y yo superamos la trampa tramposa.
¡Y cuánto ha valido la pena seguir leyendo! ¡Qué dulce es de repente la espera! ¡Qué gusto haber llegado a la cima, aunque haya costado el ascenso! ¡¡Cuán generoso ha sido el premio!! La recompensa que nos hace la autora por avanzar es nítida y generosa. Estabas exasperado, un tanto aburrido, habías luchado contra tu instinto de desistir el libro, hasta que llega Kakuro Ozu al edificio. El libro se acelera de pronto, empiezan a pasarcosas cuando Kakuro pregunta a Paloma en el ascensor: “Me gustaría saber tu opinión.” Ya está, al fin están las cartas sobre la mesa.
¡Al fin! Por fin vemos que Renée es el elegante erizo, esa perla deslumbrante que solo conoces si eres afortunado y observador. El libro es igual que Renée, escondida detrás de todas esas páginas está el fantástico erizo que nos ha preparado la autora: el encuentro de dos almas gemelas.
Y aunque te encanta este erizo y ya no puedes parar de leer sigues un poco molesto por todas las pruebas que tuviste que superar. Odias y amas el libro a la vez. Odias toda la dilatación, no puedes entender por qué tuviste que esperar tanto, por qué algún editor no llevó este libro a la peluquería y le cortó 130 páginas. Pero igual sabes que amas el libro con todo tu corazón. Sabes que a pesar de tus quejas, este libro es uno en forma y fondo, en su mensaje como en su estilo. Este libro es encantador como nuestra señora Renée desde el primer, siempre lo ha sido, solo que se hace más excitante y enviciante cuanto más profundizas y te acercas.
En definitiva, de pronto amas el libro porque te ha obligado a reaccionar, a profundizar sobre las cosas del diario vivir.
Ya no puedes ver igual. Ahora te fijas en las pozas que deja la lluvia, en el sonido de un fósforo al apagarse contra el agua. Ya no puedes no mirar alrededor, ver a la gente y tener tú mismo tus propios “movimientos del mundo”: ¡¡No puedes dejar de pensar y captar el mundo en su maravilla!!
El libro es como la vida misma, un “nunca”. Una negación. Es una espera, una nada, donde no todo es maravilloso y sobre todo nada es inmediato, fácil u obvio. Pero entre esos “pasillos”, gota a gota se dosifican dichosísimas raciones del “siempre”, se saborean las “camelias” que gozan los ojos, los “tés de jazmín” que rozan tu paladar, se vive intensamente la emoción por encontrar una gran amiga o un gran amor.
 

Este libro es odiable y amable. Es lento como intenso. Pretensioso como auténticamente profundo. Es todo tan contradictorio: sigues criticando su lentitud, cuando igual sonríes dulcemente al recordar el libro cada vez que “acoges dentro de ti el movimiento” o tienes “una idea profunda”.
Cuando te preguntan si es bueno el libro, si lo recomiendas, te quedas helado. ¿Cómo no recomendar esta perla en bruto, esta delicia? Pero también piensas, ¿valdrá la pena, será mi interlocutor un “cerdo” o “alguien como yo”?
Te ves tentado a decir la verdad: “Es un libro maravilloso, pero te advierto que tendrás que esforzarte por leerlo porque es algo lento. Pero si lo haces te recompensará ampliamente con una historia preciosa”. Pero hay algo muy grande que te ha dejado la autora: ¡¡No puedes prejuiciar al otro y negarle sus oportunidades!! Si quien te pregunta es un “cerdo”, no está en ti esconder la perla, no deberías privarle de esta joya. Debes decir con la misma elegancia que tiene el erizo, que este es un libro entrañable y trascendente que te acompañará para siempre. Y será el intelecto y la pasión del interlocutor el que: (a) Te dirá que “qué bueno” y no hará nunca nada al respecto, o (b) Por alguna razón se cruzará por el libro y lo leerá y lo abandonará a medio camino por culpa del insecto de la superficialidad y por culpa de la lentitud de 150 páginas. (c) Comprará el libro, lo leerá y te odiará hasta que llegue a la página 157, donde al fin te agradecerá y compartirás con esta persona un vínculo especial y hermoso, semejante al de Renée y Paloma. Vivirás con ella momentos hermosos, mucho más grandes aún que los sentimientos que nos han conectado a ti y a mí durante esta nota.
Espero que esta trampa de arena no haya logrado alejarte y que hayas llegado hasta aquí. También anhelo que tú seas efectivamente el lector idóneo que esperaba. Me ilusiono conque es así y me emociono por sentir que tus ojos están leyéndome. Yo también te veo. Espero que nos encontremos, bien en tu planta o en la mía, por tu trabajo o por mi barrio, para que pensemos juntos en los erizos, en Constitución, en los psicólogos chantas, en la opulencia, en el drama de la pobreza y la mano de hierro del destino. Para que conversemos sobre nuestras tesis de grado tan ridículas como la de Colombe, la belleza inesperada, el vestido-regalo de la muerta, el odiable final del libro y tantas tantas más cosas. Son tantas las perlas sobre las cuales girar. Al final, “La elegancia del erizo” nos regala un museo exquisito lleno de ideas que no alcanzamos a saborear, pero que igual podemos disfrutar.
Nota: Si tuviste la suerte de disfrutar de las reflexiones filosóficas del libro desde la primera página sin impacientarte por saltar al encuentro de Paloma y Renée, me disculpo por generalizar y declaro que ¡te felicito y envidio profundamente! Si, del otro lado, has sentido que el libro no es más que una pérdida de tiempo, te digo esto: ¡¡te entiendo!!
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