La cantante calva (Eugène Ionesco)

Reseña remitida por: 

Jonnathan Opazo Hernández

La cantante calva  (1950)

Losada
Isbn: 9789500303337
Eugène Ionesco (1909 – 1994)
104 páginas
Precio referencial: $ 5.000
Él creyó ver un Elefante
Un Elefante que tocaba el pífano;
Fijándose mejor vio que era
Una carta de su mujer.
“De esta vida al fin se dijo
Voy a probar la amargura”
Lewis Carroll
El panorama cultural de la Europa de la posguerra es un crisol en donde se funden con mayor o menor éxito toda suerte de subversiones a los sistemas formales de pensamiento y la cultura del statu quo. Desde el existencialismo sartreano a la patafísica, se erigen verdaderas rebeliones que, ya sean poesía, cine o literatura, van proclamando la desacralización del arte y jugando con las formas. Es en este contexto donde nace el archiconocido y para algunas pensadores trasnochado concepto de posmodernidad, que supone un quiebre definitivo de la forma de entender el mundo y la realidad misma.
Es al alero de esta suerte de caos fundacional que nace una obra de teatro que se propone, en palabras de Jacques Lamarchand, romper de manera tajante con los moldes tradicionales en los que se sitúa una obra tradicional. Ruptura con la lógica tradicional y la causalidad, diálogos que no presentan, al menos de manera explícita, ningún hilo conductor del cual asirse para llegar a algún final previsible.
La cantante calva comienza con el señor y la señora Smith, estableciendo un diálogo de lo más cotidiano, mientras esperan al señor y la señora Martin, quienes debían llegar a cenar, pero al parecer se han retrasado más de la cuenta, por lo que estos buenos ingleses, como nos los caracteriza Ionesco, han decidido adelantárseles. Desde los primeras escenas comienzan a esbozarse aquellas sátiras tan características de toda la obra, que pueden arrancar más de una carcajada:
Sra.Smith – La pobre Bobby
Sr. Smith – Quieres decir “el” pobre Bobby.
Sra.Smith – No, me refiero a su mujer. Se llama Bobby como él, Bobby Watson. Como tenían el mismo nombre no se podía distinguirlos cuando se los veía juntos. Sólo después de la muerte de él se pudo saber con seguridad quién era el uno y quién la otra. Sin embargo, todavía al presente hay personas que la confunde con el muerto y le dan el pésame, ¿la conoces?
Y así, a través de todas las escenas. Un humor escatológico que tal vez nos permitiría entender mejor a nuestro anti-poeta Nicanor Parra, que erige todo su edificio en base a una ironía fundamental hacia la realidad. Una obra que en su estreno en mayo de 1950 dejó más perplejos que contentos. Probablemente lo que Ionesco quería era, como dice el bueno Bolaño, joder la paciencia.
En resumidas cuentas, una pieza fundamental de un rompecabezas que se arma a punta de balas y campos de concentración; una reacción jocosa ante un mundo que se caía a pedazos.
* Como bonus track, dejo una representación de la obra que encontré en la red:
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