Relatos I (John Cheever)

Relatos I
John Cheever (1921-1982)
Emecé
ISBN: 8496580067
520 Páginas
Precio referencial .Cl $19.000

Los estadounidenses parecieran tener una inclinación poco razonable en apodar de “Chejóv” (en alusión al gigante ruso del relato breve) a cada escritor de cuentos que tiende a descollar entre sus pares. Así también ha ocurrido con John Cheever, a quien con frecuencia se le da el mote del “Chejov de los barrios residenciales”. Mi primer pensamiento: dejen tranquilo a Chejóv. Haré lo propio, pasemos a Cheever.
 
Entre manos este ejemplar, primer tomo, de sus relatos el que en conjunto con el segundo tomo hacen casi su completa obra de cuentos. Casi -digo- porque según tengo entendido tampoco son todos sus relatos, pero bueno, otra decisión editorial para discutir. ¿Qué hay tras Cheever? Algo que es bastante común en la narrativa estadounidense y por lo que han ganado bastantes laureles: la narración sobre ellos mismos, sobre sus hombres y mujeres promedio, sobre la amplia clase media, sus infelicidades, sueños destruidos, especialmente sobre su día a día. Seamos justos, Cheever tiene la reputación que obtuvo de manera bastante justificada. Él logra retratar aquellos miedos, aquellas frustraciones, los silencios, los espacios, otra vez los miedos. Especialmente destacables en este primer tomo encontré la historia titulada “La radio monstruosa”, en la que nos cuenta como un matrimonio que ha adquirido una nueva radio oye a través de ella lo que sucede en las casas de sus vecinos. Se imaginarán el morbo que despierta, algo así como La ventana indiscreta de Hitchcock. En relatos como ese Cheever despierta el día a día de esta clase media que pretende ser mejor, que aspira a sobresalir, a ser mejor que el vecino o al menos a no ser como ellos. Distanciarse, sobresalir. se huele el fracaso del sueño americano por todas partes. Nacen los conflictos de la pareja. El final es breve, como un suspiro, no llega jamás la bofetada que uno se espera. Pero cuando siente ese suspiro ahí uno puede reconocer la belleza de la pluma de Cheever. Un aplauso cerrado para este cuento. Pero así mismo hay otros tantos, tantos que no recuerdo el nombre, que pasaron frente a mis ojos, sin pena ni gloria, no diría mediocres (el nivel medio de Cheever es bastante bueno) pero, sin embargo, comparándolos con lo que he leído hasta ahora de literatura norteamericana diría que no brillan de manera particular. Los vaivenes entre un relato y otro, la diferencia de calidad es lo que complica en una recopilación de esta extensión. Ciertamente un escritor no se mantendrá en su cúspide toda su vida, eso es algo que sólo podemos reservar a los más grandes, pero si tengo que decirlo: aconsejaré a los lectores principiantes de Cheever comenzar simplemente por alguno de sus libros de relatos y no lanzarse de buenas a primeras a los Relatos completos, porque el dispar nivel entre las narraciones puede desanimar a más de alguno.
 
Cheever es influencia directa a la narrativa moderna estadounidense. Carver, Ford, Wolff, todo el realismo sucio huele a Cheever. Huele profundamente a Cheever. Es el antecedente probablemente más directo. En él se descubre este camino yankee del escritor que para escribir mira a su entorno más próximo y escribe de aquellos que constituyen su mundo inmediato, esos hombre y mujeres como él, sus coterráneos. Ahí donde se hablaba del sueño americano una fauna de escritores  (alcoholicos obsecados un par de ellos, incluyendo a Cheever) se han encargado de destruirlo golpe a golpe, con nada más que palabras.
 
La suma final, luego de dar vuelta la última página, es bastante positiva. Eso que quede muy en claro. Tampoco deseo engañar dando una impresión que no fue la que yo mismo me formé, no diré, como he leído y escuchado por ahí, que todo Cheever es excepcional (más aún tomando en cuenta que él mismo reconoció que varios de sus relatos los escribió para el New Yorker sólo para poder pagar las cuentas). Hay un puñado de cuentos bastante brillantes, que me imagino por sí mismos serán capaces de sostener vigente el nombre de este hombre que murió el año 1982 y que al día de hoy todavía es bastante leído y recordado. Luego están los otros cuentos. Pero hay que ensuciarse las manos con carbón para encontrar dónde están los diamantes. Acá los hay, así que zambullirse será recompensado.
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2 Comments

  1. Recuerdo que hace un par de años atrás, pasó algo parecido con el súper ventas Dan Brown, en relación a Stieg Larsson. Nada más obvio que en la gran manzana sea Brown el que vaya por delante.<br />Lástima sea la muerte de Larsson.<br /><br />R.Y.

  2. says: Anonymous

    No saben leer a Cheever. No hay un puto frances que haya escrito una novela como Esto Parece el paraiso. Tiene solamente cien paginas. Pero es una novela gigante, impresionista profunda en forma y contenido. Cheever es un cuentista del carajo. El problema son los que no pueden leer mas que la superficie de su prosa. Los academicos no lo entienden porque esta preocupados en describir las

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